Incluso en un ámbito tan innovador y siempre a la última como la tecnología informática, en la que los ciclos de vida son cada vez más cortos, algo tan crítico como el almacenamiento seguro de datos reinventa dispositivos que parecían marginales para proporcionar soluciones a los nuevos desafíos de seguridad
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* Este artículo está incluido en el número de septiembre de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.
La mayoría de las tecnologías tienen ciclos de vida tradicionales: nacen, se desarrollan, y acaban desapareciendo, o acaban quedando relegadas a usos muy específicos o marginales. Normalmente estos son procesos irreversibles. Pero ocasionalmente sucede “algo” que propicia su resurgimiento. Y así, a menudo es el mismo entorno que propició su desaparición el que llega a propiciar su reaparición.
Parece que esto es lo que está sucediendo en nuestros días con la tecnología de almacenamiento de datos en cinta. Seguramente no será debido a una única causa, sino a un conjunto de ellas, lo que está haciendo que esta tecnología esté recuperando un lugar entre nosotros.
Guardando los cartuchos en un lugar razonablemente seguro y protegido, tendremos garantizada su permanencia durante un período del orden de 30 años
Entre ese conjunto de causas se nos ocurre destacar algunas de tipo general: la primera sería la garantía de almacenamiento seguro a largo plazo, entendiendo largo plazo como varias decenas de años. La segunda sería la facilidad para mantener los datos totalmente desvinculados de todo tipo de acceso, creando una importante barrera frente a la mayoría de las amenazas de la red. Y la tercera, hacerlo con un coste prácticamente nulo para mantener esta información recuperable cuando la necesitemos.
Y dos más, particulares en el caso de la unidad analizada y no menos importante que las anteriores: por un lado, el interfaz USB3.0 que permite usarlo como si fuese una simple unidad externa más; y por otro la posibilidad de usarlo como hacemos con cualquier otro soporte, arrastrando directorios o ficheros, e incluso editando éstos últimos a nivel individual sobre la propia cinta.
Como todo en esta vida, estas ventajas tienen algunos inconvenientes que también debemos considerar: acceder a la información puede requerir intervención manual para cargar el cartucho en el lector en determinados casos, y con tiempos de acceso que no tienen nada que ver con aquellos a los que estamos acostumbrados desde hace años en discos duros o dispositivos de estado sólido en interfaz USB3.0. Con una importante observación: los tiempos de acceso sí son significativamente mayores, pero no lo es la tasa de transferencia.
Dejemos claro que este tipo de solución no pretende revertir los usos de los dispositivos actualmente mayoritarios, sino que viene a cubrir ciertas necesidades con una competitividad que, a día de hoy, nos parece inigualable. Ofreciendo, además, una fiabilidad más que probada, y unos costes muy contenidos.

Enseguida profundizaremos en las dos características particulares de esta unidad, ya que en el momento de redactar este laboratorio es la única unidad de cartuchos del mercado que ofrece interfaz USB3.0, y además ofrece un sistema de archivado que la hace mucho más amigable al permitir incluso la edición de ficheros a nivel individual.
Entrando ya en el equipo de nuestro análisis, se trata de una combinación de hardware y software del fabricante UNITEX que resulta bastante portable. Con unas dimensiones un poco mayores que un paquete de 500 hojas A4 (21,3 cm de ancho x 37,0 de fondo y 5,8 de alto) y un poco más pesada (4,5 Kg), incorpora una unidad de cinta compatible con cartuchos LTO-8 y LTO-9.
Recordemos que un cartucho LTO-9 nos ofrece una capacidad de 18 Tb nativos, que pueden incrementarse hasta 45 Tb utilizando compresión. Su velocidad de lectura de hasta 400 Mb/s se mueve con sobrada comodidad a través del interfaz USB3.0 sin que esto suponga ningún cuello de botella. También existen otras versiones: una segunda que sólo dispone de interfaz SAS sin USB3.0, e incluso una tercera con ambos interfaces, tanto USB3.0 como SAS. Estas tres versiones están disponibles como modelos diferentes, aunque parece que no en todos los mercados.
Para terminar de ubicar el producto, recordemos que una cinta LTO-9 de 18/45 Tb tiene un precio al público alrededor e incluso inferior a los 100€, y que una vez grabada ofrece una garantía de hasta 30 años en la conservación de la información sin necesidad de ningún tipo de consumo de energía. Esta es su principal diferencia respecto a los discos duros.
Hace muy pocos números que publicamos un laboratorio de un equipo de archivado en cartucho de otro conocido fabricante, pero a diferencia de aquel caso, en el que contábamos con una librería integrada y automatizada de cartuchos, este equipo maneja un único cartucho que deberemos intercambiar manualmente si nuestros datos están en uno diferente al cargado en ese momento.
La conexión es muy sencilla: alimentación y puerto USB3.0 están en la parte trasera, y en el frente encontramos el botón de encendido, la entrada para el cartucho con su botón de expulsión y un sencillo display de un único dígito que informa del estado en cada momento. Curiosamente, la misma configuración decimal clásica de 7 segmentos, además de los numerales decimales también presenta algunos símbolos básicos para mostrar distintos estados.
Este tipo de solución no pretende revertir los usos de los dispositivos actualmente mayoritarios, sino que viene a cubrir ciertas necesidades con una competitividad que, a día de hoy, nos parece inigualable

Una vez encendido y conectado, los sistemas operativos Mac y Linux la reconocerán como una unidad más directamente accesible, como sucede con un disco externo o un pendrive. En el caso de Windows se requiere la instalación de un driver y la asignación de una letra de unidad, un proceso sencillo y bien explicado en la documentación que se entrega con el equipo, aunque reconocemos que ese sabor clásico nos ha remontado a nuestra juventud… momentos que una buena parte de nuestros lectores, estamos seguros, también tendrán en el recuerdo.
En nuestro caso particular parecía haber alguna dificultad con el software que venía con el equipo. Tratándose probablemente de una versión no actualizada, inmediatamente nos facilitaron una nueva con la que ya no se produjo ninguna incidencia. Asumimos el fallo como propio por no haberlo verificado antes.
El tiempo de encendido desde que conectamos alimentación, el sistema ha arrancado, cargamos el cartucho, y este está listo para utilizarse es de prácticamente un minuto. Cierto que parece largo para los tiempos actuales en relación a un disco o un pen-drive por ejemplo, pero pensemos que la finalidad de este dispositivo no es la de reemplazarlos, sino la de gestionar con facilidad el archivado, y recuperación de contenidos de gran tamaño a largo plazo. No se trata, por tanto, de un dispositivo de “quita y pon”.
Lógicamente, y al igual que se debe hacer con la mayoría de los discos duros, el cartucho debe ser formateado antes de ser utilizado.
A partir de aquí nuestra vida será más cómoda utilizando algún software específico. Si bien las aplicaciones de cinta tradicionalmente han buscado una gestión automatizada de copias de seguridad, como hace ArchiveLT de Unitex y otras de terceros desarrolladores también compatibles con esta unidad.
Una característica frecuente en muchas de estas aplicaciones es la de ser poco transparente para el usuario, limitándose a archivar o recuperar datos en base a directorios completos. Esto provoca que la recuperación de un fichero individual sea, en ocasiones, más lenta y laboriosa de lo deseado, y siendo una tarea habitualmente asignada a los equipos de IT en las grandes organizaciones.
La innovación interesante en la gestión de datos es el software LTFS3000, también propio de Unitex que se nos entrega con el equipo y nos facilita la gestión de la cinta como si se tratase de un disco duro convencional: con sus directorios y ficheros visibles, accesibles y editables incluso a nivel de fichero individual. Para ello, utiliza el sistema de formateado propio LTFS – Linear Tape File System.
De esta manera, además de las funcionalidades clásicas de gestión automatizada de copias de seguridad, gracias a este software también contamos con la posibilidad de utilizar nuestra unidad de cartuchos exactamente de la misma forma que utilizaríamos un disco duro externo o un pen drive.
Esto supone un gran avance respecto a otras aplicaciones, haciendo que cualquier usuario pueda utilizar el dispositivo arrastrando directorios o ficheros de la misma forma que se hace con otras unidades externas, tanto para el almacenamiento como para la recuperación de datos de una forma extremadamente sencilla, y homóloga a como trata sus datos actualmente.

¿Para qué tipo de clientes puede ser este equipo una buena solución? La primera opción que nos viene a la cabeza son la mayor parte de productoras de pequeño y mediano tamaño
Eso sí, con la única diferencia significativa de los tiempos de acceso. Incluso en este caso los resultan razonables si recordamos que estamos tratando con un dispositivo lineal, es decir, que los datos están escritos en una cinta que hay que avanzar/rebobinar para localizar el conjunto de datos que necesitamos. Lógicamente, todo este proceso es transparente para el usuario que simplemente necesita seleccionar el fichero o directorio, al igual que se hace con todos los demás soportes de datos, ya que se ven como una unidad más en el explorador de archivos.
Con el fin de compartir la información más significativa y precisa posible, hemos realizado las siguientes pruebas: comenzamos midiendo tiempos en la copia de pocos ficheros de gran volumen, situación muy habitual en el entorno audiovisual, y cuyo resultado nos ha parecido más que razonable: solamente hemos precisado 35 segundos para transferir 3 ficheros que sumaban 6,57 Gb, con una tasa de transferencia bastante estable entre los 240 y los 250 Mb/s, como puede verse en la captura de pantalla.

A continuación, hemos copiado 3 directorios conteniendo múltiples ficheros de pequeño tamaño, obteniendo una tasa de transferencia muy similar.
Y finalmente hemos editado un fichero de texto plano de tamaño ínfimo, leyéndolo y guardándolo en la misma cinta, obteniendo en este caso resultados variados que merece la pena comentar: editando el fichero después de haber hecho copias de gran tamaño, el tiempo de guardado es significativamente lento, de varios segundos. Lógico, puesto que tiene que “ir a buscarlo”.
Pero si lo editamos, lo guardamos, y a continuación continuamos editando y volvemos a guardarlo, este guardado es significativamente más rápido. Lo cual continua siendo lógico, puesto que la cinta ya está posicionada sobre él. Sin olvidar que, en cualquiera de los casos, estamos hablando de tiempos en el orden de unos pocos segundos.
El resultado de ésta última prueba es el esperado y no debe generar reticencias por la aparente lentitud. Lo realmente significativo es que exista la posibilidad de hacerlo sin tener que editar el fichero en su ubicación original y después reemplazarlo en la cinta.
Insistimos en que el propósito del dispositivo no es tener un soporte de uso “en caliente”, sino todo lo contrario. De hecho, uno de sus puntos fuertes es precisamente ese, el archivado “en frío” y la facilidad para desvincular los contenidos almacenados de todo dispositivo y acceso. Siendo, además, extremadamente simple y sencillo para todo tipo de usuarios capaces de manejar un explorador de archivos.
Aunque se cuenta con un botón de expulsión en el frente de la unidad, se recomienda hacer la expulsión desde el software del equipo. Aunque no sería imprescindible puesto que el sistema cierra sus procesos antes de permitir la expulsión, es un extra de seguridad en el correcto almacenamiento y etiquetado. Al igual que antes de apagarlo físicamente, también se recomienda que se realice la desconexión lógica del dispositivo USB, como hacemos con los discos externos y los pen-drives.
Guardando los cartuchos en un lugar razonablemente seguro y protegido, tendremos garantizada su permanencia durante un período del orden de 30 años, variable en función de las características del cartucho que hayamos adquirido. Contando con condiciones de funcionamiento suficientemente amplias como para poder hacer uso de la unidad en prácticamente cualquier lugar donde haya personas trabajando.
Al mismo tiempo, las condiciones de mantenimiento a largo plazo tienen un impacto mínimo en la huella de carbono, ya que se consiguen con un coste nulo en energía de alimentación y prácticamente nulo en costes de climatización. Para el almacenamiento a largo plazo se recomiendan temperaturas en el margen de 15º a 25ºC con humedad relativa en el margen de 20 a 50%, valores muy fáciles de mantener en la mayoría de los entornos de oficinas, y mucho más amplios que las estrictas condiciones requeridas para salas de ordenadores y sistemas NAS de alto rendimiento.
Ampliando su versatilidad de uso, esta unidad también permite conectarse a un NAS, y mediante el uso de software de copia de seguridad automático, se puedan configurar las rutinas necesarias para la creación y mantenimiento de un archivo seguro. Aunque si nuestro objetivo principal es éste, seguramente la opción idónea será alguna de las versiones con interface SAS. Sin haberla probado en nuestro laboratorio, es de esperar que ofrezcan resultados similares o incluso ligeramente mejores en tasas de transferencia.
Con todas estas ideas claras ¿para qué tipo de clientes puede ser este equipo una buena solución? La primera opción que nos viene a la cabeza dentro de nuestro sector son la mayor parte de productoras audiovisuales de pequeño y mediano tamaño.
Entendemos que el uso principal, donde obtendríamos el mejor rendimiento y la máxima rentabilidad estaría orientado a la conservación a largo plazo de todos esos planos rodados, recursos y todo tipo de contenidos que, una vez terminada una producción no hacen más que ocupar espacio en nuestro sistema de archivo en caliente, pero de los que no quisiéramos prescindir pensando un posible uso en el futuro para esa misma, u otras producciones. Y que ahora, en muchos casos nos vemos abocados a desechar y perder por el coste de almacenamiento.
Por un lado, la portabilidad de la unidad facilita que un único dispositivo pueda utilizarse conectado a distintos ordenadores en distintos momentos. Tengamos en cuenta que, por su finalidad, éste no sería un dispositivo para utilizar continuamente. Para eso ya tenemos nuestro sistema de ficheros centralizado con los contenidos del día a día.
Y por otro, posibilita que distintos departamentos puedan tener su colección de cartuchos independientes, facilitando la gestión, independencia y seguridad adicional de los contenidos, con muy bajo impacto en costes.
Además, su portabilidad hace que resulte muy sencillo asignarle un uso compartido entre diferentes áreas de trabajo dentro de organizaciones de mayor tamaño, rentabilizando aún más la inversión inicial.
De esta forma también conseguiríamos un gran ahorro en todos los sistemas de almacenamiento en caliente. Así, podrán serán candidatos a convertirse en usuarios todos aquellos escenarios y situaciones dónde sea conveniente el archivado en frío y a largo plazo de grandes volúmenes de información, con un coste ínfimo y una elevada seguridad.
En resumen, se trata de un equipo que, si bien parte de una aplicación concreta, el avance que suponen tanto el interfaz USB como su sistema de gestión de archivos, resultará idóneo en todos aquellos entornos que, sin necesidad de una elevada inversión en equipos de almacenamiento, puedan permitirse el salto a conservar grandes volúmenes de información a largo plazo, de una forma sencilla, independiente y muy segura.
Finalmente, queremos agradecer a Mhermida informática la cesión del equipo para su prueba, y a su equipo técnico todo el soporte y la ayuda proporcionada para facilitar la realización de este laboratorio.

La innovación interesante en la gestión de datos es el software LTFS3000, también propio de Unitex que se nos entrega con el equipo y nos facilita la gestión de la cinta como si se tratase de un disco duro convencional






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