La ejecutiva repasa su trayectoria profesional y aborda las fortalezas y retos principales de la industria española, entre otras cuestiones. “Nos falta un poco de orden y de creérnoslo más”, apunta en esta conversación para la sección ‘Off the record’
* Este artículo está incluido en el número de noviembre de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.
Marian Martín recibe a TM BROADCAST en las instalaciones de XPost Studios, la división de postproducción del Grupo Secuoya, ubicadas en el complejo audiovisual Madrid Content City. Nombrada recientemente directora general del área de Servicios de Secuoya -que aglutina firmas como la propia XPost, Drago o BGL-, la pasión de Martín por el audiovisual le viene de familia y lleva acompañándola desde la cuna… literalmente. “Creo que pisé mi primer control de realización y mi primer plató con unos tres meses”, ilustra.
Martín es la invitada de este mes a la sección Off the record, donde exploramos una visión más personal de los profesionales más influyentes del sector. Entre los principales hitos de su carrera destaca su etapa al frente de la dirección técnica de TRECE o sus seis años en la dirección de Secuoya en Chile, donde tuvo que afrontar el reto mayúsculo de adaptar un modelo de trabajo español a un país latinoamericano en el que nunca se había externalizado un canal de televisión. Más allá de lo estrictamente tecnológico, es preciso apuntar el reto personal de abrirse paso como mujer directiva durante esa etapa, en la que contrató a la primera operadora de cámara de televisión, tal y como mencionó de forma ilustrativa en la conversación posterior a la entrevista.
La ejecutiva pone en valor el buen estado de salud de la industria audiovisual española y considera que todavía tiene un amplio margen de internacionalización. “Nos falta un poco de orden y de creérnoslo más”, afirma. A continuación, la entrevista completa:
En primer lugar, ¿cuál ha sido tu trayectoria profesional hasta el puesto que ocupas actualmente?
Mis primeros pasos vienen por un tema familiar. Toda mi familia trabajaba en Televisión Española, así que creo que pisé mi primer control de realización y mi primer plató con unos tres meses… Esto me viene, literalmente, de cuna. Seguí un poco los pasos de mi familia, especialmente de mi padre, que tenía un perfil más técnico —aunque también hay perfiles de gestión en casa— y, a medida que la siguiente generación íbamos creciendo, todos seguimos ese rumbo audiovisual.
El primer paso fue ese. Y luego yo empecé desde abajo: empecé tirando cables en la primera serie para internet que se hizo en el 98; estuve de becaria en todos los sitios donde pude; en Telecinco haciendo programación… Empecé como ayudante de realización y, a raíz de mis experiencias como responsable de realización en empresas un poco más pequeñas, como VEO7, empecé a ver los vínculos entre las áreas de realización y las áreas técnicas. Ahí comprendí cómo la técnica tenía que ayudar al resto de las áreas a ser útil. Poco a poco fui orientándome hacia áreas de explotación e ingeniería, sin tener una formación muy técnica.
Luego pasaste a TRECE [antes 13TV], ¿correcto? Cuéntame un poco esa etapa.
En TRECE entré después de haber estado en VEO7, El Mundo, UNEDISA… y me llamaron para hacerme responsable del área de continuidad. En menos de seis meses, además de continuidad, pasé a llevar otras cuatro áreas más, y ahí me hice cargo de toda la explotación del canal: ingeniería, IT, documentación, grafismo, continuidad… Abrimos nuevos procesos de digitalización de películas y trabajamos en un proyecto muy chulo de empezar a integrar inteligencia artificial en el subtitulado.
“Yo siempre he vivido las áreas en las que he trabajado, aunque fueran dentro de un canal de televisión, como un servicio al resto de las áreas”

¿De qué año hablamos?
De principios de los 2000. Después de esos seis años en TRECE llegó el reto de cambiar de empresa, incorporarme a Secuoya y hacerlo directamente en Chile. Tras Chile tuve una pequeña transición en España con otra empresa y regresé a Secuoya en abril.
¿Qué diferencias más notables identificas entre tus etapas en 13TV y Secuoya desde tu experiencia personal?
Yo siempre he vivido las áreas en las que he trabajado, aunque fueran dentro de un canal de televisión, como un servicio al resto de las áreas. Toda un área técnica o de explotación tiene que estar al servicio de lo que se necesite crear. Y hoy en día, con las empresas que gestiono desde Secuoya, sucede lo mismo: la tecnología tiene que ir de la mano del proceso y acompañar a la parte creativa y al resto de áreas.
Entonces, es lo mismo, con tecnologías diferentes, pero con la misma filosofía: dar servicio y lograr que el cliente consiga su objetivo, tanto tecnológicamente como desde la gestión. Sí, hay diferencias entre un canal de televisión y lo que hacemos nosotros, que es fundamentalmente para plataformas, ficción, etc. Evidentemente la tecnología cambia, el estándar cambia, pero el cariz de servicio siempre tiene que estar: tienes que estar muy encima del cliente, sea tu propio canal o una productora externa o una plataforma.
Sobre tu etapa en Chile: ¿cómo fue y qué aprendizajes te llevas de esos años?
Fueron seis años muy apasionantes, con muchísimo aprendizaje personal y profesional. Yo veo mi trayectoria como un camino escalonado: sin el paso anterior, nunca hubiera llegado al siguiente. Y Chile me reafirmó en una idea que siempre he tenido: no te acostumbres a nada; tienes que adaptarte a todo.
En Chile había que adaptar un modelo de trabajo español a un país latinoamericano donde nunca se había externalizado un canal de televisión. Era la primera vez. En España llevábamos 20 años con externalizaciones. Entonces, claro: chocas con la cultura y con la forma de hacer, pero no tiene que ser un choque confrontacional. Tienes que hablar con el cliente y con la gente, ir adaptando todo eso sin generar traumas; y, por supuesto, sin romper su pantalla: que en la antena no se note nada.
Para mí supuso el reto de querer transformar la industria de un país. Montamos en Santiago el primer hub de producción donde, en las instalaciones de un canal de tv estábamos produciendo el programa del prime time de la competencia, como si el principal programa de Telecinco se hiciera en los platós de Antena 3. Todo el servicio de Chile tecnológicamente fue un reto, porque actualizamos prácticamente toda la tecnología; culturalmente también, y adecuar a los profesionales a esos cambios fue otro reto.
Todo esto en un país que no tenía cultura de trabajar con una empresa de servicios. Esto fue del 18 al 23.
¿Y crees que la situación ha cambiado desde entonces en ese país? ¿Sigue habiendo la brecha que mencionas con el mercado español?
Todavía la hay. Allí se dieron cuenta de que se podía producir de otra manera y de que la industria audiovisual debía transformarse. Les coincidió, como a nosotros, con una crisis del modelo de inversión publicitaria y con una crisis muy grande del canal público, que prácticamente está muriendo. Ellos están viviendo lo que vivimos aquí hace unos años, pero de forma mucho más acelerada. Lo bueno es que ya tenían dónde mirar: podían ver qué hicieron bien otros y qué hicieron mal.
Creo que están haciendo esa transición, que en España fue más lenta, de una forma bastante más acelerada. Y entre toda la industria fuimos poniendo ese germen del que ahora están evolucionando.
Sobre Chile: “Creo que están haciendo esa transición, que en España fue más lenta, de una forma bastante más acelerada. Y entre toda la industria fuimos poniendo ese germen del que ahora están evolucionando”

¿Recuerdas algún momento especialmente crítico en tu carrera profesional? Suelo mencionar un “fundido a negro” o algo similar…
En un área técnica tienes incidencias todos los días; y a veces medimos la criticidad por el nivel del chillido de la persona que te llame. Pero, por ejemplo, en Chile, uno de los momentos más críticos fueron las dos primeras semanas de prestación del servicio. El gran reto era trasladar un modelo en papel a la realidad de un canal de televisión. Había conversaciones entre nosotros, Secuoya, y el cliente que sobre el papel funcionaban, pero luego, en la realidad, no se podían llevar a la operación por múltiples razones.
Las dos primeras semanas de operación no se redujo la programación y por temas legales no se podía contar con trabajadores que hubieran ocupado estos puestos internamente y el 100% de la operación se hacía con personal nuevo que no solo se encontraron como reto de hacer los programas, sino también con boicots y formateos en los equipos. Los primeros pilotos y ensayos que nos debían haber llevado horas, tardamos dos días en sacarlos porque hubo que reconfigurar la mayor parte de los equipos. En Chile, los asuntos sindicales y laborales tienen matices propios que pueden resultar un poco más complejos que en España.
Ahora que se habla tanto de ciberseguridad, ¿crees que aquello se podría haber evitado?
No, en este caso no es tanto un reto de ciberseguridad, porque siempre habrá alguien con acceso. Pero sí es cierto que, a partir de ahí, no te vuelves desconfiado, pero sí insistes muchísimo en los procesos de seguridad. Desde entonces aprendí que las copias de las programaciones de todos los equipos técnicos, que antes se hacían cada seis meses si el técnico se acordaba, tenían que tener un plan y un calendario serio de segurización. Aquello fue muy sonado.
A nivel más genérico, ¿crees que la transformación tecnológica ha ido acompasada con los avances necesarios en ciberseguridad, o ha abierto nuevas brechas de riesgo?
Vamos en paralelo. La gente que genera los ataques aprende al mismo ritmo que nosotros y ve los huecos. Llevamos una evolución tecnológica muy acelerada desde que se digitalizó el vídeo, el audio y los datos. Somos una industria acostumbrada a correr —todo es para ayer—, así que siempre quedan brechas. Y siempre hay alguien muy inteligente que las detecta.
Vamos a ir tapándolas, pero surgirán otras nuevas. El ritmo de transformación de los últimos 20 años es enorme, y lo que viene por delante también lo será.
“Cuando hice mi tesis doctoral sobre la TDT, pasé tres años yendo a congresos donde se hablaba muchísimo de HbbTV. Y, para mí, se ha quedado en nada”
Hilando ya con el siguiente bloque de la entrevista, dedicado a tendencias, ¿cuál dirías que ha sido la innovación tecnológica que más impacto ha tenido en tu trabajo?
No sé si en los últimos años, pero la digitalización del vídeo, el audio y la data ha sido clave. Nos ha permitido transformar la tecnología: ahora hay equipos más pequeños, cambia la forma de trabajar, los flujos de trabajo, los roles… Todo se transforma. Gracias a aquella digitalización hoy podemos meter inteligencia artificial.
Cambiar de editar en cinta a editar en AVID, o trabajar con sistemas de audio avanzados como Dolby, sigue transformándolo todo. Para mí es crítico: cambia la tecnología, cambia la forma de trabajar y cambian los elementos físicos.
¿Y te viene a la cabeza, por el contrario, algún avance que prometiera mucho y luego no tuviera tanto impacto?
Cuando hice mi tesis doctoral sobre la TDT, pasé tres años yendo a congresos donde se hablaba muchísimo de HbbTV: una evolución del teletexto, la promesa de que íbamos a ver internet en el televisor… Y, para mí, se ha quedado en nada. Dio pie a las OTT, pero no veo a las nuevas generaciones usando internet desde el televisor. Siempre me dio la sensación de que, año tras año en los congresos, se repetía exactamente el mismo discurso.
¿Cuál dirías que ha sido la noticia tecnológica o industrial del año?
Tecnológica quizá no, pero industrial sí: que Netflix anunciara en junio que iba a invertir 1.000 millones de euros en la industria audiovisual española. Me parece absolutamente determinante para nuestro futuro como sector.
“Que Netflix anunciara en junio que iba a invertir 1.000 millones de euros en la industria audiovisual española me parece absolutamente determinante para nuestro futuro como sector”

En línea con esta referencia al futuro, ¿cuáles crees que son los principales retos de la industria española en los próximos años?
Además de esta transformación continua en la tecnología y en los flujos de trabajo, creo que a todas las empresas nos pesa ser eficientes y rentables. Yo recuerdo los presupuestos de las grandes cadenas hace años y no tienen nada que ver con los de ahora. Ese equilibrio entre dar calidad, dar un buen servicio y hacerlo al precio que el cliente pide es uno de los grandes retos.
A nivel de fortalezas y debilidades de la industria española: ¿cuáles destacarías?
Creo que tenemos muy buen talento. La gente de este sector está muy acostumbrada a darlo todo: te llega un proyecto y nos dejamos la vida. Técnicamente somos muy buenos, y además tenemos muchas ganas.
Creo que a veces nos cuesta creérnoslo. Y, para exportar talento e industria, es fundamental creérnoslo y hacerlo de manera organizada. Ahí tenemos que aprender de otras industrias europeas: generar una marca de lo bien que trabajamos. Nos falta un poco de orden y de creérnoslo más.
A este respecto, ¿crees que está lo suficientemente internacionalizada la industria o queda camino?
Queda mucho recorrido. Uno de los grandes objetivos que tenemos en Secuoya es esa internacionalización de todos nuestros servicios. Y no solo hablar de nosotros, sino de toda la industria española. Tenemos todavía mucha potencia para internacionalizarnos: traer proyectos extranjeros y exportar talento. Y si se materializan inversiones como la de Netflix, será aún más importante. Tenemos esa capacidad.
Dado que vienes de una familia audiovisual, ¿qué consejo le darías a alguien que empieza?
Que siga adelante si tiene ganas. Este es un sector que te tiene que gustar mucho, porque si no, no lo aguantas. Hay que poner ganas y adaptarse a cualquier circunstancia. Aquí la zona de confort no existe.
La pregunta del entrevistado
Chema Casados, director técnico de Telemadrid, dejó una pregunta para el siguiente invitado a la sección, que eres tú: si tuvieras que elegir equipo, ¿preferirías gente que sabe o gente que todavía no sabe pero quiere aprender?
Me encanta que venga de Chema, porque le admiro mucho y ha aportado muchísimo a la transformación tecnológica del país. Yo diría que, sobre todo, tengan ganas y capacidad de aprender. Su pregunta es un poco trampa, porque alguien puede saber, pero no sabes si tiene ganas. Las ganas son lo fundamental: adaptarse, incorporarse, seguir aprendiendo. Siempre le digo a los equipos que puedes tener al mejor jugador de fútbol, pero si no hace equipo y no tiene ganas, no sirve de nada.
Por último, ¿qué pregunta te gustaría dejar al siguiente entrevistado?
A lo mejor está muy manida, pero como me la hacen mucho, me gustaría ver otras respuestas: en este proceso de transformación digital, la inteligencia artificial es un paso más. Me gustaría saber en qué la está utilizando hoy el próximo entrevistado y en qué cree que será más útil en el futuro dentro de nuestro sector.
“Ese equilibrio entre dar calidad, dar un buen servicio y hacerlo al precio que el cliente pide es uno de los grandes retos de la industria española”











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