Ante la avalancha de contenidos AV creados con IA, y no siempre con buenas intenciones ¿existe alguna fórmula para distinguir lo auténtico de aquello que no lo es?
* Este artículo está incluido en el número de enero de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.
En la misma medida que se ha producido el despliegue masivo de las herramientas de inteligencia artificial, y su vertiginosa mejora en la calidad de sus resultados en el ámbito audiovisual, también se ha desbocado la creación de noticias falsas o “fake news” creadas con todo tipo de propósitos e intenciones.
Este mismo concepto, que nunca ha sido un problema en el cine porque siempre supimos que nuestro superhéroe de la capa azul no volaba de verdad (siento desvelar el secreto si alguien aún no lo sabía…), ahora supone todo un desafío tremendamente complicado en el mundo del periodismo y las noticias.
Aunque el ojo entrenado todavía es capaz de distinguir a primera vista entre contenidos reales y contenidos “creados artificialmente”, una parte significativa de la audiencia ya no sabe distinguirlo. Y al ritmo que avanza, vaticinamos que en un plazo muy corto, unos poquitos años en el mejor de los casos, será prácticamente imposible de distinguir incluso para los ojos más experimentados.
El próximo gran reto ya no radica en la mera evolución tecnológica, sino en conseguir que la información que hacemos llegar a nuestro público sea suficientemente confiable
La primero que afrontamos, siendo rigurosos y como meros espectadores, es el paradigma que supone el cambio de escenario. Venimos de un mundo en el que una imagen era un documento en sí mismo y valía más que mil palabras, para sumergirnos abruptamente en el desconcierto de no poder confiar a priori en ninguno de los contenidos que tenemos ante nuestros ojos.
Y esto aflora el que nos parece el siguiente gran desafío para todos los teledifusores: ¿cómo mantener el prestigio editorial y conservar la confianza de sus espectadores? No perdamos de vista que una sola mentira puede poner en tela de juicio la credibilidad ganada durante muchos años de trabajo serio y comprometido.
Por este motivo, creemos que el próximo gran reto ya no radica en la mera evolución tecnológica. Ya no se trata de HD, UHD, HFR, BT2020, IP… sino conseguir que la información que hacemos llegar a nuestro público sea suficientemente confiable como para mantener nuestra posición como informadores creíbles. Este reto no es nada fácil, ni es algo que se pueda desarrollar como una iniciativa individual. Afortunadamente, y con esta finalidad se ha creado el consorcio C2PA.
El acrónimo viene de Coalition for Content Provenance and Authenticity (Coalición para la Procedencia y Autenticidad del Contenido). Su propósito es desarrollar un estándar técnico abierto que posibilite crear y gestionar credenciales de contenido que permitan identificar el origen y rastrear todas las modificaciones que haya sufrido el contenido audiovisual digital.
La sobreimpresión que probablemente comencemos a ver dentro de poco, y cada vez con más frecuencia en los contenidos validados será la de “content credentials” ó “cr” en su versión abreviada.
Nos encontramos ya en una fase suficientemente avanzada de desarrollo y demostración como para tenerlo accesible y valorar el cambio que puede suponer
Se trata de una tecnología muy similar a la que ya tenemos disponible en el entorno de foto-fija desde hace algún tiempo, pero en esta ocasión aplicado al ámbito de contenidos de mucha mayor extensión y complejidad, como el vídeo y el audio. Y el hecho de hacerlo abierto facilita la participación del mayor número posible de actores implicados, de todos los ámbitos de comunicación y difusión, aunque también hace que ciertos desarrollos e implementaciones requieran más tiempo de acuerdos y consensos.
Aunque aún no está plenamente desarrollado y cerrado, sí nos encontramos ya en una fase suficientemente avanzada de desarrollo y demostración como para tenerlo accesible y valorar el cambio que puede suponer, tanto en los procesos creativos como muy especialmente en los relacionados con los informativos. El camino está trazado.
Conceptualmente parece sencillo: se trata de acreditar el origen estampando una firma o certificado digital en los metadatos no editables del contenido durante su creación, e ir añadiendo firmas o certificados que identifiquen qué cambios se han producido en dichos contenidos hasta llegar a nosotros.
Y esto, que dicho de esta manera suena muy simple, resulta muy complejo de llevar a la práctica. Pensemos que debe abarcar todo el proceso creativo: desde la captación del contenido hasta el visionado por parte del espectador final. Recorriendo por el camino todos los procesos de edición que haya sufrido en las fases intermedias. Y estableciendo el tipo y la cantidad de información a incluir.
El propósito del consorcio C2PA es desarrollar un estándar técnico abierto que posibilite crear y gestionar credenciales de contenido que permitan identificar el origen y rastrear todas las modificaciones que haya sufrido el contenido audiovisual digital

En esta parte vemos una dificultad específica muy concreta, más allá del mero rodaje, como la legitimidad de aquellos contenidos creados por ordenador insertados en nuestro programa, como ilustraciones o gráficos, por ejemplo. Es decir, debemos ser capaces de identificar y mostrar al espectador la procedencia y manipulaciones prácticamente a nivel de frame.
Y todo ello, además, pretende hacerse alcanzable con el consenso de todos los implicados, que cuentan con sus propias gamas de productos, servicios, objetivos comerciales y proyectos de desarrollo técnico y comercial. En este sentido, es de mencionar y agradecer que prácticamente todos los actores principales ya están involucrados en esta iniciativa.
En ese sentido, os invitamos a fijaros con detalle en la página web del consorcio (enlaces al final) qué tipo de empresas son las 11 destacadas como miembros conductores, participando con mayor involucración, y de alguna forma liderando a las más de 500 ya adscritas a la iniciativa en el momento de cerrar estas líneas. Sólo adelantamos una pista interesante y llamativa: hay más empresas de servicios que empresas de productos.
Indudablemente, el proyecto es mucho más ambicioso y complejo de lo que parece a primera vista. Así que vayamos entrando en materia viendo los logros alcanzados, el punto de situación y el futuro previsible.
Para simplificar la explicación vamos a recurrir a algo a lo que ya todos estamos muy acostumbrados: nuestros certificados personales en nuestros navegadores de Internet. Estos son certificados expedidos por una Entidad Certificadora que garantiza su origen y seguridad y que actualmente utilizamos, por ejemplo, para identificarnos ante organismos oficiales o firmar nuestros documentos.
Lo importante es que estos certificados no se envían cuando firmamos con ellos un documento, sino que simplemente queda constancia de la legitimidad de esa firma, que posteriormente se puede comprobar mediante distintos medios, como las plataformas de certificación y comprobación de firma. Haciendo de ello un procedimiento cómodo y seguro.
Pues algo parecido a esto es lo que pretende alcanzar la coalición C2PA: que puedan existir todo tipo de dispositivos, como cámaras, editores, canales de difusión, reproductores, etc., capaces de soportar y progresar estos certificados de procedencia y tratamiento de contenidos, manteniendo esa información incrustada e inamovible en nuestros ficheros audiovisuales. El propósito final es que dicha información pueda ser comprobada más adelante en cualquier estado de la cadena de producción e incluso en la visualización final.
De la misma forma que estos certificados son seguros en nuestros navegadores, deberán ser igualmente seguros en nuestros equipos, debiendo ser expedidos por alguna entidad Certificadora que los haga fiables y operativos en todos los dispositivos compatibles, de acuerdo a un estándar que ya está definido y cuya funcionalidad está comprobada.
Pero esto no es todo: además de estar emitidos por entidades acreditadas para ello, deberán quedar reflejados en cada contenido y cada fichero que grabemos con esa cámara, y editemos con ese editor. A este punto volveremos un poco más adelante cuando hablemos de la cámara y el “mundo real”.
A pesar de la grandísima cantidad de aportaciones positivas que tiene la inteligencia artificial, lo realmente resulta inquietante hoy en día es su impacto en la credibilidad de los contenidos

Volviendo a nuestros procesos de producción, veamos que sucede una vez que el fichero sale de la cámara con el certificado discretamente estampado como colección de metadatos que deben convivir con nuestros contenidos y permanecer inalterables en los procesos siguientes. Por ejemplo, una vez que esos materiales entren en un proceso de edición nuestro certificado debe mantenerse, y el software de edición reconocerlo y progresarlo, añadiendo la información de las modificaciones que ha sufrido ese contenido con su certificado de editor correspondiente.
Y esto mismo debe producirse en todos y cada uno de los pasos en los que el material sea modificado de cualquier manera, hasta que llegue al espectador final. Es decir, que el difusor como responsable final del contenido podrá, o deberá, añadir su propia certificación.
Claro, ahora todos estamos pensando qué clase de imagen voy a ver si lo que voy a tener delante es esta ingente cantidad de información superpuesta. Estemos tranquilos, puesto que inicialmente nosotros no veremos prácticamente nada. La idea es que dicha información pueda ser mostrada o no a voluntad del espectador. Es decir, la imagen estará limpia y sólo mostrará un pequeño logo “cr” cuando existan metadatos de validación, momento en el que podremos elegir si queremos ver el detalle de estas certificaciones o no.
Insistimos en que todo esto tiene un alcance mucho mayor de lo que parece a primera vista, puesto que sería muy sencillo para cualquier editor o difusor crear una sobreimpresión, imitando esta certificación. Por eso es importante que los contenidos sólo indiquen si cuentan con esta información, y que sea el espectador quien pueda activarla o desactivarla a voluntad para garantizar la credibilidad del procedimiento. Y que todos los medios implicados, como las aplicaciones de reproducción, lo gestionen correctamente.
Aunque técnicamente las soluciones son relativamente complejas, y con el añadido de conseguir que todas las empresas de todos los ámbitos se pongan de acuerdo por encima de sus programas comerciales, el objetivo final es que para el usuario sea algo tan sencillo como hoy es activar o desactivar los subtítulos en cualquier reproductor. Ya sea un reproductor on-line, local, OTT, etc.
Y esto requiere de múltiples participaciones a todos los niveles. Pero no es una utopía. De hecho, en el pasado IBC (Amsterdam, Septiembre 2025) ya se podía ver en acción en distintos stands. Cierto que actualmente existen muy pocos recursos capaces de soportar este protocolo y estas licencias, pero lo que nos parece realmente importante y significativo es que los primeros ya existen y no se trata de prototipos, sino de equipos y aplicaciones ya disponibles comercialmente.
En cuanto a cámaras, parece que por ahora (dato contrastado en septiembre de 2025) sólo existe una: la nueva Sony PXW-Z300, que ya los soporta y es la que se ha utilizado en todas las demostraciones, dentro y fuera de la feria IBC. Y en cuanto a software, la última versión de Adobe Premiere Pro también. Ambos estaban en demostración e impulsados por las primeras pruebas que ha hecho la televisión británica BBC.
Es público que existen multitud de empresas que están haciendo lo necesario para que sus productos y soluciones también participen de esta iniciativa. De hecho, muchas ya forman parte del consorcio, encontrándose en distintos grados de avance. Nosotros ya nos atrevemos a vaticinar que será cuestión de tiempo que todos, al menos todos aquellos involucrados en la producción de noticias, cuenten con productos, servicios y soluciones compatibles con este estándar.


Aunque también hay que destacar que todavía nos encontramos en un punto bastante inicial. Por ejemplo, en este momento este certificado sólo se incrusta y gestiona en los ficheros proxy, pero aún no en los mxf de máxima calidad. Y la razón parece estar relacionada con que se requieren acuerdos más elaborados por parte de más participantes para mantener todas las compatibilidades que actualmente tienen los distintos formatos.
Profundizando aún más en los detalles, y siguiendo la secuencia de una producción, veamos qué hace la cámara. En primer lugar, debemos instalar un certificado que estará vinculado al autor o propietario. Porque sólo en relación con ella ya aparecen distintos posibles actores: una cámara tanto puede contener el certificado de su propietario si es un freelancer, como contener el de una productora si es un equipo que manejan varios operadores.
Entonces, dicho certificado ¿se estampa en todos los contenidos? Tajantemente no. Y no se trata de una simple activación o desactivación. La cámara debe utilizar sus funciones de procesamiento e IA para reconocer escenas “artificialmente planas” como sería la de rodar desde una pantalla, para impedir un estampado incorrecto y contribuyendo así a evitar las confusiones entre “la verdad del mundo real” y “los mundos artificiales”. Aunque no contamos con todos los detalles técnicos de cuál sería el punto de discriminación, parece ser que en estos casos el certificado no se estampará, o lo haría con indicaciones relacionadas con esta particularidad.
Para el paso siguiente precisaremos un sistema de edición que cuente con su propio certificado. Al igual que con la cámara, en septiembre sólo se contaba con un software: Premiere Pro en este caso. ¿Cuál será su papel? Presumiblemente, mantener la validación en aquellos planos que proceda mantenerla, como por ejemplo el recorte de un plano más largo, añadiendo su propia certificación al registrar la acción llevada a cabo. Si en este punto nos paramos a contabilizar la cantidad de cosas que se pueden hacer en edición, no acabaríamos nunca de buscar ejemplos de acciones “validables” y “no validables”.
Como muestra, dejamos sólo una pregunta para animar el debate: ¿una corrección de color es una alteración de la realidad?
El caso es que después del proceso de edición tendremos un nuevo contenido que albergará, al menos, la certificación del “propietario” de la cámara y las de los distintos posibles “responsables” de las ediciones, y que serán distintas para cada fragmento (incluso a nivel de frame) del contenido acabado. Puesto que dicho contenido será una recopilación de imágenes de múltiples procedencias, y no todas tienen por qué provenir de una cámara, ni tratarse necesariamente de “falsificaciones” cuando no provienen de una cámara.
Y aquí es donde entra en juego el teledifusor, que como está previsto, también podrá contar con su propio certificado para estampar, añadido a todos los anteriores, con el que muestre y registre sus acciones, ya que en función del tipo de contenido habrá hecho sus propias elaboraciones. Sin perder de vista que a lo largo de todo el proceso no estamos hablando sólo de imágenes, sino de todos los audios asociados a ellas.
Terminando de completar el escenario, el teledifusor podría mostrar las partes claves de la información de veracidad o imagen recreada en sobreimpresión en la emisión. En el apartado de investigación y desarrollo de la web de la BBC existe un interesante reportaje que contiene un par de videos de muestra. Os recomendamos encarecidamente ver el primero de ellos, de apenas 3 minutos, con especial atención a partir del minuto 1:40. También encontraréis el enlace al final.
Con todo lo visto hasta ahora, que apenas representa un pequeño esbozo de lo que hay detrás de estas siglas “C2PA” y “cr”, ya es posible hacerse una la idea de la magnitud de la iniciativa que representan, el enorme calado que este proyecto alberga, y el impacto que va a tener a corto plazo en la forma de captar y divulgar contenidos creíbles.
Porque a pesar de la grandísima cantidad de aportaciones positivas que tiene la inteligencia artificial, lo realmente resulta inquietante hoy en día es su impacto en la credibilidad de los contenidos. Porque una herramienta muy potente se puede utilizar con múltiples finalidades. Y no poder distinguir en qué lado estamos de la delicada línea que separa la información de la desinformación, y consecuentemente de la manipulación, nos dejaría en una preocupante situación de vulnerabilidad si no contamos con iniciativas como ésta.
En fin, que para no terminar de modo trágico os dejamos con una nueva pregunta: ¿Será C2PA antecesor de algún “androide de protocolo” destinado a interactuar con los humanos?
Tras esta pequeña broma, aquí dejamos los enlaces comentados que os permitirán profundizar de primera mano en esta iniciativa:
- Consorcio C2PA: https://c2pa.org
- Marca de agua “content credentials”, o “cr”: https://contentcredentials.org
- Reportaje mencionado de la BBC: https://www.bbc.com/rd/articles/2025-09-news-content-verification-credentials-trust
Nos atrevemos a vaticinar que será cuestión de tiempo que todos, al menos todos aquellos involucrados en la producción de noticias, cuenten con productos, servicios y soluciones compatibles con este estándar












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