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CRÓNICA | IBC 2026: conectar, simplificar y unificar

Cada uno recorre la feria desde una perspectiva diferente y, probablemente, se marcha de ella con conclusiones también distintas. La nuestra, con la vocación de ofrecer una mirada transversal al conjunto de la industria, es que buena parte de las tendencias que marcaron IBC 2026 apuntan en una misma dirección: conectar, simplificar y unificar


No hay un solo IBC, sino muchos. Cada septiembre, el RAI de Ámsterdam se convierte en un gran punto de encuentro en el que confluyen fabricantes, broadcasters, productoras, plataformas, integradores, proveedores tecnológicos y profesionales procedentes de prácticamente todos los eslabones de la cadena audiovisual. Cada uno recorre la feria desde una perspectiva diferente y, probablemente, se marcha de ella con conclusiones también distintas.

La nuestra, después de recorrer sus pabellones y conversar con diferentes actores de la industria, es que buena parte de las tendencias que marcaron IBC 2026 apuntan en una misma dirección: conectar, simplificar y unificar.

Los grandes vectores tecnológicos de los últimos años siguen ahí. La transición hacia el software continúa acelerándose, mientras que en torno al IP parece existir ya un amplio consenso en la industria: la cuestión no es tanto si avanzar hacia este modelo, sino cuándo y cómo hacerlo, en función de condicionantes que muchas veces trascienden lo puramente tecnológico. Software y cloud, por su parte, siguen impulsando modelos de producción más flexibles y distribuidos, con una creciente capacidad para operar recursos de forma remota. Y la inteligencia artificial, por supuesto, vuelve a aparecer de manera transversal en multitud de propuestas, pero cada vez menos como un añadido independiente y más integrada en los propios flujos de trabajo de producción.

Sin embargo, quizá lo más interesante de esta edición haya sido comprobar qué sucede a medida que todas estas transformaciones maduran y, sobre todo, convergen. Software, IP, cloud o inteligencia artificial no pueden entenderse como evoluciones independientes. Después de años de fragmentación de audiencias, plataformas, formatos y workflows, la industria parece buscar ahora mecanismos para volver a conectar todas esas piezas.

 

Menos visitantes, ¿otra feria?

En el apartado de asistencia, que suele generar cierto debate durante la feria y en los días posteriores, hubo una percepción repetida en nuestras conversaciones en Ámsterdam: había menos gente. Y, en este caso, las cifras avalan esta impresión. IBC 2026 cerró con 41.225 asistentes, un 6% menos que los 43.858 registrados en 2025. Se trata de un descenso más bien ligero, aunque supone el segundo año consecutivo a la baja y sitúa la asistencia un 8,6% por debajo de 2024. Si ampliamos la perspectiva, la distancia respecto a las cifras anteriores a la pandemia sí resulta más significativa: casi un 27% por debajo de 2019 y alrededor de un 28,5% por debajo del máximo alcanzado en 2017.

Interpretar ese dato exige, sin embargo, cierta cautela. Es posible que algunas compañías hayan reducido el número de profesionales desplazados, que los presupuestos destinados a viajes y eventos estén sometidos a un mayor escrutinio o que la propia transformación que atraviesa el mercado esté afectando también a sus grandes puntos de encuentro. Probablemente no exista una única causa.

Hay, además, otra consideración que conviene no perder de vista. En una feria estrictamente profesional, la cifra total de visitantes no es necesariamente tan relevante como el perfil y la capacidad de decisión de quienes acuden. Una reducción de asistentes no implica, por sí sola, una pérdida equivalente de relevancia comercial o tecnológica. Quizá la pregunta interesante no sea únicamente cuánta gente acude a IBC, sino quién sigue considerando imprescindible estar allí y para qué.

 

Quizá la pregunta interesante no sea únicamente cuánta gente acude a IBC, sino quién sigue considerando imprescindible estar allí y para qué

 

Interoperabilidad: de promesa a necesidad

Si hubiera que escoger uno de los conceptos más repetidos en IBC 2026, la interoperabilidad ocuparía seguramente una posición destacada. La evolución hacia infraestructuras definidas por software está obligando a reconsiderar la manera en que se relacionan tecnologías que tradicionalmente podían funcionar como sistemas mucho más delimitados. Ya no basta con que cada solución cumpla correctamente su función de manera aislada; debe poder integrarse en arquitecturas donde conviven herramientas de diferentes fabricantes.

En este contexto cobra especial importancia Dynamic Media Facility (DMF), una iniciativa impulsada por la EBU que propone una arquitectura de referencia para avanzar desde infraestructuras basadas en hardware hacia entornos de producción definidos por software, flexibles e interoperables. Más allá de las implementaciones concretas, el mensaje que subyace es claro: la transición hacia el software exige avanzar hacia entornos multivendor, en los que soluciones de distintos fabricantes puedan trabajar de forma conjunta.

Y esa búsqueda de interoperabilidad no se limita a DMF. Durante los días previos y durante la propia feria se sucedieron integraciones entre tecnologías de distintos fabricantes, diferentes ejemplos de una misma dinámica.

La industria audiovisual amplía sus fronteras

Las alianzas también permiten observar otro movimiento: las fronteras tradicionales del broadcast son cada vez menos nítidas. Compañías audiovisuales colaboran con grandes actores tecnológicos para incorporar infraestructura cloud, procesamiento mediante GPU, inteligencia artificial o nuevas capacidades de gestión y distribución.

La convergencia entre broadcast e IT lleva años formando parte de la conversación del sector, pero su madurez plantea un desafío adicional que hemos abordado en numerosas ocasiones en estas páginas: cómo articular la relación entre profesionales, fabricantes y proveedores que proceden de culturas tecnológicas diferentes.

 

Hacer sencilla una tecnología cada vez más compleja

Esta cuestión enlaza con otra constante que encontramos al recorrer los pabellones: la facilidad de uso. Resultaba llamativo comprobar cuántas novedades presentadas en IBC incorporaban entre sus principales argumentos interfaces más intuitivas, automatización de tareas o una reducción de la complejidad operativa.

Las infraestructuras audiovisuales son cada vez más sofisticadas, pero quienes interactúan con ellas ya no responden necesariamente al perfil tradicional de un ingeniero especializado en broadcast. Esto plantea un nuevo desafío para los fabricantes: hacer más sencilla la utilización de sistemas que, por debajo de su interfaz, son cada vez más complejos. La facilidad de uso puede convertirse, así, en un factor cada vez más relevante para la adopción de nuevas tecnologías por parte de organizaciones y profesionales.

 

Después de años de fragmentación de audiencias, plataformas, formatos y workflows, la industria parece buscar ahora mecanismos para volver a conectar todas esas piezas

 

El deporte como laboratorio

Si hubo un ámbito especialmente visible durante IBC 2026 fue la producción deportiva. La presencia en el programa de organizaciones como OBS, FIFA, UEFA o LaLiga reflejó una vez más el peso que tiene el deporte como campo de pruebas para muchas de las transformaciones que posteriormente se trasladan a otros ámbitos de la industria.

Al mismo tiempo, los grandes eventos deportivos ilustran otra de las tendencias que encontramos en Ámsterdam: el avance hacia arquitecturas cada vez más distribuidas. Recursos situados en la sede del evento, centros de producción remotos, infraestructura cloud y equipos repartidos geográficamente pueden formar parte de un mismo flujo de trabajo. El caso de Olympic Broadcasting Services, que hemos abordado en detalle en las páginas de esta revista, resulta especialmente ilustrativo.

 

Distribuir sin perder el control

Y, cuanto más distribuidas se vuelven las arquitecturas, mayor importancia adquiere otra palabra que apareció de distintas formas durante IBC: soberanía del contenido. La adopción de cloud y software proporciona flexibilidad y escalabilidad, pero introduce al mismo tiempo preguntas sobre dependencia tecnológica, localización de los activos, costes, seguridad y capacidad de una organización para mantener el control sobre sus propios contenidos y workflows.

La industria audiovisual ha pasado buena parte de los últimos años multiplicando posibilidades: más plataformas, más formatos, más destinos, más herramientas, más formas de producir y distribuir. IBC 2026 deja la impresión de que comienza ahora una fase distinta, en la que el desafío pasa por conseguir que todas esas posibilidades puedan integrarse y funcionar como un conjunto.

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