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Conceptos de edición I

edición

En este artículo vamos a comentar conceptos de edición, si bien aludiré a lo conocido por todos, evitaré caer en tópicos y obviedades con el objetivo de aportar una visión útil. Editar en esencia no es otra cosa que ordenar una serie de planos con el objetivo de darle una coherencia o sentido a la sucesión de los mismos. En cuanto a cómo ordenarlos, no hay reglas, lo que hay es una idea más o menos aproximada de la respuesta del espectador tipo en función de lo que hagamos. Lo que ocurre en un cerebro cuando se ve el primer plano de algo es interpretar lo que allí se ve. Hará lo mismo con el segundo, y con el siguiente…. Tratará de encontrar un sentido a la sucesión de hechos que se le muestran, como haría en su vida real cuando presencia algo. La cantidad de información que demos y el orden en el que la mostremos sin duda determinará lo que se entienda. Es sabido por todos que el orden de unos planos que individualmente no tienen carácter conclusivo provoca interpretaciones diferentes.
Antes de entrar en materia una aclaración. Como decíamos, editar es poner en un orden que responda a una lógica, una sucesión de planos, pero para hacerlo, hay que tenerlos. Por obvio que resulte, cuando el editor o montador (sin duda habrá quien quiera cuestionar una denominación u otra) no sea quien ha grabado el material, deberá ver todo lo grabado antes de decidir si la idea que tenía en la cabeza es o no posible con los planos de que dispone. De la misma manera, si somos nosotros mismos quienes montamos el material que hemos grabado, deberemos ser realistas y ver si el montaje y ritmo previsto es realmente posible. Por ello, decimos frecuentemente que a grabar se aprende también editando, comprendiendo que la ausencia de algunos planos impiden una narración coherente. He editado mucho material grabado por otras personas, eventos de motor, eventos sociales, documental, etc. y es muy frustrante no disponer de un plano general que contextualice, de un detalle de algo relevante, o la imagen de una persona que era relevante en la historia que queremos contar.
Hemos oído muchas veces que es en la edición cuando la película o pieza audiovisual toma forma. Incluso que una película es buena o mala según sea el montaje. En cierto modo así es, pero creo que es una afirmación que debe ser matizada. Cuando se trata de comunicar algo con imágenes, el espectador puede o no estar informado a priori de lo que verá, o tener una idea preconcebida de cómo debe ser algo contado. Digo esto porque depende de qué contemos, el montaje tendrá más o menos margen de actuación. Si por ejemplo, montamos el video de una boda (que me cuente alguien por qué es un producto tan denostado, como si hubiese trabajos de más o menos dignidad) los clientes esperan ver algo que tenga una coherencia basada en el tiempo transcurrido. En el video de un evento, ocurrirá lo mismo, tuvo un inicio, un desarrollo y un final, y las imágenes que montemos tratarán de mostrar qué ocurrió. Es cierto, que incluso en estos productos, existe la posibilidad de modificar el orden de las cosas, desde empezar por el final y caminar hacia el principio, como intercalar planos de distintos momentos, llevar distintas historias o hechos en paralelo descubriendo secuencialmente la información o cualquier otra opción, pero en cierto modo, como transcurren los hechos debe condicionar lo que mostramos. Imaginemos un video que muestra como se construyo un edificio, de principio a fin, y nosotros en un arrebato de creatividad y obligada transgresión de las normas, decidimos cambiar el orden de las cosas. La mayoría se sentirán perdidos. No se trata de lo que a cada uno le parece bien, si no de lo que al espectador al que va dirigido el video le parece lógico. En otros productos, o quizás más acertado, en otro tipo de historias, el orden será algo que afectará a la narración y ulterior interpretación, y en la edición podremos condicionar la respuesta del espectador, especialmente cuando éste no tiene una idea previa de lo que verá. Por ello, antes de editar un material grabado, nos preguntaremos si estamos más cerca de algo que tiene un orden implícito o no, y como tal, en el montaje tendremos un camino u otro.
El siguiente concepto que quiero abordar es el de ritmo. No es fácil definir cuando un audiovisual tiene ritmo. Muchos piensan que tiene ritmo cuando hay muchos planos en poco espacio de tiempo, otros que tiene ritmo cuando casa con la música, en especial cuando cada nuevo plano secunda uno de los pulsos de un compás musical, por ejemplo en una música que se divide en compases (fragmentos) de 4 pulsos, y cada plano entra a contratiempo en el pulso 2. Otros dirán que una sucesión de planos acelerados con otros ralentizados tendrá ritmo, otros que cambiando de plano cuando aún la acción que se ve en el plano anterior no ha acabado… Realmente es difícil definirlo. Quizás lo que podamos hacer es preguntarnos cuál es el ritmo natural de lo que estamos contando, si es que lo tiene. Preguntárselo en un video clip no nos lleva a ningún sitio. Cuando vemos un videoclip, gusta, no gusta, o nos deja indiferentes. Así de simple. En música dance, pop latino, cutre pop, por citar algunos, ya es norma grabar un bailecito con muchas cámaras y cambiar de plano cada 15 fotogramas, así por espacio de tres minutos. O te encanta o dices, esto no va conmigo. Pero si es el video clip de una balada pastelosa de un cantante que imita al imitador del que un día fue un ídolo de masas, y además la canción es una canción de desamor edulcorado, la formula de cambiar de plano cada 15 fotogramas tal vez no funcione. ¿Por qué? Quizás porque lo que queremos contar requiera un tiempo más pausado. No es una cuestión de ser más o menos joven como me indican algunos. Los muy jóvenes se han criado con una cultura audiovisual en la que hay más planos por unidad de tiempo, pero aún así, en general todos afirmamos que cada historia lleva un ritmo implícito. Lo que en un video puede quedar bien, citaba antes planos acelerados y otros ralentizados, un video de la preparación de un piloto de coches antes de una carrera por ejemplo, resultaría ridículo en la parte de la iglesia de un video de boda. Mirar que se hace en  productos similares a los que queremos montar es un buen comienzo, y poco a poco encontraremos paralelismos. Evidentemente todo evoluciona, y estaremos atentos a como se están haciendo las cosas en cada momento. El consejo es ver aquello que tiene algún tipo de solidez y no caer en la tentación de pasar tardes viendo videos que gustan en Vimeo o Youtube sin saber contextualizarlos. Que algo me guste no significa que funcione en el vídeo que ahora esté montando. Esto es extensivo a cuestiones como el retoque de color o la elección de músicas, que comentaremos posteriormente.
Otro tema que normalmente se cuestiona es cuánto debe durar un plano, y como tal, está conectado con el concepto del ritmo. En cada nuevo plano, el cerebro trata de identificar lo relevante. Si tiene más tiempo se fija en los detalles. Pasado más tiempo, si no encuentra elementos nuevos o hechos que interpretar, considerará que ese plano ya ha tenido el tiempo suficiente. Que tenga menos tiempo del necesario para interpretar toda la información o más, será una elección de quien edite y deberá saber cómo afecta a la percepción de quien lo ve. En algunas películas los planos en los que aparentemente no pasa nada se alargan incluso hasta el punto de desesperar al espectador, o no. Preguntando al director, nos explica que de la misma forma que en la vida a veces estamos ante una imagen que apenas cambia (o que los cambios no convocan la atención) y esa situación provoca una conducta, él decide hacer lo mismo en su película. Pretende transportar al espectador a un estado, que puede ser la citada desesperación o un estado similar a estar sentado en un banco de la calle sin una expectativa concreta y ver pasar gente. Que sea acertado o no, dependerá del ritmo global de la película y la expectativa del espectador  respecto a esa pieza audiovisual.
A continuación hablaremos sobre la representatividad de cada tipo de plano. Con el objetivo de referirnos a qué muestra cada plano, normalmente empleamos términos como “plano general” o “plano detalle”. Veamos que podemos aprender de ello. En función de qué cantidad de espacio encuadramos en el plano lo denominamos de una manera. Deberemos utilizar un referente, que bien podría ser lo que una persona pudiera ver en función de la distancia a la que se encontrase, y de lo que puede o pretende ver. Hago esta última matización porque la sucesión de planos con distintos encuadres dará una idea de en qué medida es verosímil para el espectador la historia que se le cuenta. Más allá de un puro sentido estético en la sucesión de planos. Es muy frecuente en el video clip por ejemplo, o para hacer autocrítica, en lo que montamos cuando por ejemplo probamos una nueva cámara y queremos mostrar sus imágenes. Nos limitamos a una sucesión de encuadres más o menos acertados y por descontado a la elección de una música que sí tiene valor y adecenta la percepción global. Este es un ejemplo de cómo el montaje solo puede alcanzar (de hacerlo) un sentido estético pero no verdaderamente narrativo. Si lo que pretendemos es que sea creíble, (normalmente en este sentido empleamos verosímil) lo que encuadra la sucesión de planos será acorde al punto de vista que hayamos elegido. En el caso de una carrera ciclista, el espectador sabe y probablemente desea, que se le ofrecerán todo tipo de planos desde todas las posiciones posibles siendo la narración la situación de la carrera. Y dará igual que pasemos de un primer plano de ciclista que lidera la etapa en pleno esfuerzo a otro desde un helicóptero en el que no se le distingue pero si no muestra la distancia que saca al segundo. Una posible lectura para el espectador es el enorme esfuerzo realizado para lograr ese distanciamiento. Pero si previamente otro plano aéreo mostraba más distancia entre los ciclistas, la sucesión del plano de mayor distancia, a continuación su primer plano de gran desgaste físico y finalmente el plano aéreo en el que se ve menor distancia, nos invitará a pensar que va a ser alcanzado a pesar del sufrimiento. Como vemos, un plano más, el tercero, cambia la percepción. El esfuerzo que da frutos, frente a un esfuerzo que no los da. En este caso, la historia se cuenta por la lógica de la sucesión de planos.
Otra cosa sería si una persona se acerca desde un bosque a una casa, y el narrador quiere que haya una percepción similar a la del sujeto que se acerca. Un plano general, con la casa contextualizada en el bosque es lo que ve el personaje, a medida que él se acerca el plano acotará más su punto de vista. Podemos, si lo queremos, llevar una información paralela, la que queramos que el espectador sepa. Si tenemos un plano en el que se ve y se escucha lo que ocurre dentro del salón de la casa, por ejemplo, que cuando llegue el personaje será informado de la muerte de su esposa, nosotros como espectadores anticipamos el sentimiento del personaje, pero si el personaje ve y oye eso mismo, desde una distancia que no lo permitiría, ese planteamiento rompe la idea de verosimilitud. Como cuando en una película de acción explota una bomba, el protagonista vuela por los aires y se levanta con un rasguño en el codo. Dejamos de creer lo que vemos. No niego que eso pueda gustar, pero si es verosímil, gustará más. En definitiva, si estamos conduciendo la narración de una forma concreta, el montaje se ajustará a esa lógica.
Los planos, como hemos comentado, se distinguen por la cantidad de información que aportan sobre un referente. Será plano general cuando podamos ver la totalidad de lo que es el espacio en el que se desarrolla la escena. Si es un reportaje de un evento, podrá ser un plano general el que muestre la totalidad de fachada del edificio en el que se celebra. Será la iglesia en su totalidad si es una boda, o será el patio de un colegio si allí se produce la acción. Se repite la palabra totalidad, mostramos todo aquello que permite ver el marco de acción, pero con un límite, que se puedan distinguir sus elementos. Si por ejemplo, en una película bélica, pretendemos mostrar un plano general de un campamento pero la cámara está a tal distancia que es imposible distinguir que vemos, el plano cubrirá una gran extensión pero no aportará una información útil. Cuando hablamos de planos, lo importante es determinar qué información queremos que tenga el espectador para controlar la narración. No hay ninguna obligación para incluir este tipo de planos informativos, pero no emplearlos supondrá que el espectador tendrá que reconstruirlo mentalmente. Eso se emplea constantemente en el cine, tanto privar al espectador de planos que le ubiquen como solo dar ese tipo de planos y privarles del detalle, por ejemplo de planos cortos de los rostros que permiten interiorizar las emociones de los protagonistas. Por ello, qué tipo de planos utilizamos condiciona como el espectador interpreta la escena.
Es frecuente escuchar el término gran plano general. En este caso incluiremos más parte de la escena, normalmente acompaña a otro menos extenso, y de forma secuencial vamos acercando la acción. Uno de sus usos habituales, en la escena bélica comentada, será enseñar el movimiento de tropas y comprender que estrategia lleva ese conjunto de personas, o cómo se disgrega. Lo relevante es saber si para la narración decidida es necesario. De serlo, normalmente nos encontramos con más problemas que en planos más cortos, es el caso de la imposibilidad de iluminar, (de ser necesario), y la de omitir elementos del paisaje. El plano general ajustado, es otro término que normalmente empleamos. Nos referimos a que queremos encuadrar el entorno principal de la escena, puede ser una persona de pies a cabeza sin apenas mayor espacio o una casa lo más ajustada posible al espacio que permite el plano. Ya no es habitual grabar en formato de proporciones 4 a 3, pero sí 16 a 9 o proporciones más apaisadas, como 2 a 1 o 2,35 a 1, por lo que hacer planos generales ajustados se verá determinado por la proporción elegida. Debemos tener precaución cuando se graba en 16 a 9 y se pretenda editar en 2 a 1 por ejemplo. Finalmente, respecto a estos planos generales, hay que tener en cuenta que lo que encuadra el plano ofrece una información que posteriormente será interpretada en función de una lógica ya implantada en nuestra forma de observar. Es frecuente poner este ejemplo. Si en un terreno hay cinco árboles muy próximos el uno del otro, y en el plano general aparecen los cinco y nada indica que haya más árboles cerca, lo que leeremos es “cinco árboles”. Si al encuadrar, cerramos el plano antes de ver el final de los árboles de los extremos, el espectador podrá interpretar “árboles” sin poder concretar que son cinco. Esto se emplea frecuentemente cuando queremos que con pocas personas la lectura sea, “muchas personas”. Muy utilizado en platos de televisión o eventos en los que asistiendo pocas personas se trata de que parezca que acudieron más. Como editores, decidiremos cuándo emplear ese tipo de planos. Básicamente podemos ir de lo general a lo concreto o al contrario. Como veis, dado que el fin último es hacer una pieza audiovisual que primero se graba y después se monta, es imposible encontrar límites entre ambas acciones, lo cual no obsta para hacer un análisis específico de cada parte, por ejemplo si un plano en travelling tiene trepidaciones que no eran deseadas o si en edición un plano no ofrece el tiempo suficiente para ser “leído” por un espectador tipo.
A medida que nos acercamos a la acción o al punto de información que queremos resaltar, hablamos de planos tres cuartos, medios, cortos o muy cortos. Diremos plano detalle cuando queremos ver algo muy próximo pero que se pueda entender. En general hablaremos de plano medio y primer plano cuando nos referimos a personas. A medida que cerramos el plano, en el caso de personas, identificamos mejor los elementos de comunicación no verbal, como son las expresiones de la cara, ojos y boca principalmente, la postura o movimientos de brazos y manos. Todo ello permite una lectura instantánea que permite detectar la coherencia entre lo dicho y lo mostrado con los gestos. Tanto es así, que en muchos videos se prescinde del audio real, y se modifica la percepción con lo que da de sí la comunicación no verbal, que visiblemente, es mucho. Lo que como editores tendremos en cuenta es que dosificando qué tipos de planos, crearemos uno u otro efecto. Si por ejemplo solo vemos primeros planos de personas, y en especial con fondos que no puedan percibirse, y estos planos se suceden sin dar espacio a planos más abiertos, trataremos de crear una composición mental basada en lo que nos muestran esos rostros. Supongamos que todos los rostros que vemos son de personas de distintas edades, y todos muestran o una velada tristeza o una sutil indiferencia, y no tenemos un audio que nos ayude a interpretar, y por el contrario escuchamos un tiempo lento de un cuarteto de cuerda barroco, esa sucesión de planos será muy probablemente interpretada de una forma distinta por cada espectador. A continuación, podremos ver un plano general de un estadio de fútbol, y sería la creatividad de un previo de fútbol acompañado de una frase publicitaria. Pero si el plano general que vemos a continuación es el del funeral de un dictador, la lectura, obviamente será muy distinta. Esa es la magia de la edición a la que algunos se refieren.

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