HomeDivulgaciónConceptos de edición II. Retoque de color.

Conceptos de edición II. Retoque de color.

Continuamos con dos aspectos habituales en la edición de video, el retoque de color y la elección musical.  Comenzamos con el primer aspecto, retoque de color, etalonaje, colorear, etc. Distintas formas de referirnos al proceso de modificar la imagen grabada con el software de edición. Para algunos, la palabra empleada será relevante, y para otros lo será el resultado final. Al igual que grabar o editar, este proceso requiere de ciertos conocimientos y buen gusto. Desde hace algún tiempo nuestra profesión se está transformando, como todas, perdiendo los límites de qué funciones y qué responsabilidades tiene cada persona en el proyecto audiovisual. Para quien realiza todas las funciones, un autónomo (menos “glamouroso” que “freelance”) lo normal es hacerlo todo como mejor sepa, pero para quienes vengan de una inercia en la que cada persona tenía funciones muy concretas, había presupuesto, y las cosas llevaban su tiempo, de repente ser editor y colorista creará falta de seguridad a quien no lo hacía y frustración a los que ven que lo que era un ámbito propio y especializado, ahora es de todos. Lo cierto es que la mayor parte de cortometrajistas jóvenes, editan y etalonan sus trabajos. Para los más conectados con la tecnología, (nativos digitales), que alguien tenga que editar su material es frustrante. Prefieren ser ellos los que ordenan y dan duración a los planos, e igualmente los que aportan o no, una atmósfera con su corrección de color. Sencillamente lo tienen en la cabeza. Es indudable que quien posee una formación sólida y ha coloreado decenas de películas tendrá mucho y bueno que aportar, pero quedará allí donde haya suficiente presupuesto. La cuestión es que etalonar es algo más que aplicar unos filtros que incorpora nuestro programa de edición, aunque a muchos, esto simplemente les parezca suficiente. Vivimos una época en nuestra profesión en la que casi todo es suficiente. Es suficiente para emisión la calidad de un video grabado con un teléfono móvil, (muchos lo hacen en HD), es suficiente una entrevista de radio grabada en directo desde un iphone que sube en tiempo real la conversación a un servidor, o es suficiente la música creada con un programa de samples para una promo de un canal. Lo que ocurre es que ahora prácticamente solo hay sitio para el producto final y no para el proceso. Quien abarate y simplifique el proceso con una calidad final suficiente para el que paga, quedará dentro y el resto fuera. Retomando el tema, una observación, una cosa es que alguien con ingenio y buen gusto logre que un material grabado en concreto mejore visiblemente con la aplicación de unos filtros, (imaginemos, incremento extremo del contraste, virado a un color y desenfoque de bordes), y otra cosa es que sepa entender y realizar globalmente un proceso de etalonaje.
Entrando en materia, vamos a comentar algunos aspectos que deberían estar presentes  en cuestiones de etalonaje, (y por extensión en otras áreas de la realización audiovisual):

¿Hay una atmósfera de color pensada antes de iniciar la grabación?

Muchas personas en la edición perciben que las imágenes, la sucesión de ellas, no alcanzan lo que inicialmente se pretendía. Modificar el contraste, el tono, la saturación, los niveles, o todo ello mediante filtros, es muy frecuente. Como decíamos antes, sin duda que se puede mejorar la presencia del conjunto. La cuestión es si es necesario esperar a que ya esté grabado el material o si podemos definir antes cómo imaginamos el video acabado. En cierto modo siempre aconsejamos que grabemos el material lo más neutro posible, intentando conservar el rango dinámico que nuestro sensor y procesado electrónico pueda darnos. Y sí, es así casi siempre, pero desde que es habitual aplicar paquetes de filtros que incluyen muchas modificaciones, las que acabamos de mencionar por citar algunas, nos podemos encontrar que ese filtro nos agrada pero que la zona de luces está especialmente quemada por ejemplo. Sencillamente el filtro ha aumentado el contraste considerablemente, y no ofrece un buen resultado en las zonas que estaban por ejemplo al 80% en la señal de video original. Por esto, si sabemos de antemano qué filtros aplicaremos, no sería mala idea grabar con una exposición que funcionase con ese filtro. Esto se traduce en que desde hace algún tiempo, cuando hago la fotografía de algún trabajo, tengo que hacer unos planos, pasarlos al ordenador para aplicar el filtro previsto e ir ajustando la exposición en cámara en función de lo que nos muestra el software de edición. Quizás me gustaría que fuese de otra manera, pero cuando no hay presupuesto las cosas están así. Hace tiempo que comento que sería de ayuda que  las cámaras con pretensiones incorporarán esos pluggins o paquetes de correcciones  de forma que podamos elegirlos en un menú, aplicarlos de forma no destructiva a modo de capa sobre la imagen real y poder ver el efecto. La imagen grabada será un archivo sin esa corrección, algo similar a aplicar una curva que permite ver una señal que no asuste al cliente y que diga “esa imagen se ve pobre, como con poco contraste”. Mientras se generaliza la captación real de imágenes de alto rango dinámico, sería una solución aceptable.
Es cierto que muchos productos no se deben grabar bajo esta premisa, noticias, corporativos, presentaciones, etc. pero hay otros, video clip, ficción, social, etc. que sí se pueden beneficiar de definir de antemano el acabado final y actuar en consecuencia en función del rendimiento de nuestra cámara.

¿Están los planos de cada escena ajustados en exposición y balance de blancos?

En general lo normal es que todos los planos que integran una escena se perciban con la misma exposición y balance de blancos. Matizo que se perciban porque aunque la cantidad y tipo de luz que pueda presentar el plano general de una escena sea el referente para los planos más cortos, éstos pueden requerir algún tipo de corrección en cámara. Un caso extremo, un plano general de un escenario de música requiere un diafragma de F 5,6. Es un promedio válido para lo que vemos. Algunas zonas puntualmente quedarán subexpuestas y otras sobreexpuestas, pero el conjunto se percibe correctamente. Si cortamos a un plano de un músico que recibe un foco directo de forma  constante, es lógico cerrar diafragma, o abrirlo para el que queda en una zona menos iluminada que la media.  Por ello, antes de definir la atmosfera de color de la pieza deberemos ajustar los planos de la escena para que se perciban como un todo. En general actuaremos sobre niveles o curvas, intentando que los pequeños errores de grabación queden disimulados. Respecto al balance de blancos la cuestión es más delicada. Si has pasado de un interior con  ajuste 3.200 a un exterior y has olvidado cambiar la temperatura de color, aunque lo corrijas en edición se notará, no quedará real. Pequeñas variaciones, tomas hechas por la mañana y por la tarde en exteriores se podrán mitigar si partíamos de una misma temperatura.  En los productos “rápidos” como social, noticias, etc. cada es más frecuente grabar con balance de blancos automático. Una nueva pedrada para los nostálgicos del folio blanco delante de la cámara en cada plano realizado en el exterior.

¿Conocemos los límites de nuestra cámara respecto a la corrección posterior de la señal?

Una vez que hemos editado nuestro material y hemos ajustado todos los planos como hemos comentado anteriormente, tendremos que entender y aceptar el grado máximo de corrección que permite nuestro material grabado. Lo que sea capaz de captar nuestro sensor y el método de archivado condicionarán este aspecto. Es frustrante ver en video grabado con cámaras de nivel de entrada cómo cuando subimos las sombras aparece un ruido en la imagen, en ocasiones una trama, quedando desteñido y falto de definición. O al actuar sobre las luces, tratando de simular una corrección de exposición a la baja, las zonas quemadas simplemente se tornan en un gris claro, de aspecto electrónico, como cuando aplicamos un filtro de “solarizar” o cuando actuamos sobre los tonos medios, aparece un ruido muy molesto. Una vez más, medios limitados, opciones limitadas. Por ello no resulta convincente la idea de grabar pensando en que posteriormente se solucionarán defectos de rodaje en postproducción. El sensor de tu cámara es el que es, pero desde hace algún tiempo, gracias a las salidas HDSDI o HDMI, podemos sacar nuestra señal con mayor calidad y grabarla en dispositivos externos, en la actualidad lo habitual son sistemas sobre discos de memoria sólida, sin mecanismos internos, más seguros y con menor consumo energético. Depende tu cámara sacarás una señal 4:2:2 a 8 ó 10 bits. Serán formatos Apple ProRess, AVI, XDCAM, MPG2, etc. Pero casi cualquier software de edición de video se entenderá con ellos. Mi última prueba fue con un grabador externo Atomos  Ninja, con un precio muy contenido. Edite el material en Vegas Video 11 en un portátil moderno y trabajé a 25 fotogramas sin retardo. Ese extra de calidad te permitirá algo más de margen en la corrección de color, pero sigo pensando que es el sensor el que más peso tiene en este sentido. Sin duda, si tu cámara graba de forma nativa en codecs de menor compresión, mejor, pero al precio que están estos grabadores externos, ya por debajo de 1.000 euros, mi recomendación es que gastes tu dinero en la cámara que te ofrezca el mejor sensor que puedas pagar y en tus cálculos incluyas el disco externo.
Lo sensato es que grabes distintos planos y evalúes tu cámara en este sentido. Hago dos pruebas cada vez que pruebo una cámara nueva. Grabo con luz día y mucho contraste. Un plano desde el interior de mi salón hacia la ventana. La imagen recoge tanto la estancia únicamente iluminada por la luz que entra de la calle como la propia calle. En el momento en el que escribo estas líneas tomo con el fotómetro en su posición de luz incidente cuatro puntos en el salón, las cuatro esquinas. La media de las lecturas es 235 Lux. Dirigiendo el fotómetro a la calle las lecturas son, directamente al sol 70.000, con el sol de contra 24.000, una zona en sombra 4.000. Solo comparando la zona más iluminada del interior que fue de 400 con la menor luz, en el exterior ya tenemos 10 veces de diferencia. Es obvio que las zonas más iluminadas del exterior quedarán sobre expuestas. Grabo ese plano cambiando la exposición y tomo nota de ello para poder evaluar posteriormente en edición. Aplico el mismo conjunto de filtros a cada plano y compruebo que exposición es la “menos mala” Me enfado y digo  que necesito una Sony F65 o bien grabar en primavera de 8 a 9 de la tarde.  El segundo plano que hago es una escena con poca luz y poco contraste. Supongo que habréis visto videos en Vimeo grabados durante el día en la calle con ISO o ganancias altas. Lo cierto es que no se ven mal, es lo primero que se nos viene a la cabeza. Bien, cuando en la escena hay mucho contraste tenemos la sensación de que hay menos ruido en la imagen. El cerebro hace un trabajo extra en las escenas de alto contraste. Evalúa las zonas altas y bajas y en cada momento dirige la atención a donde interesa. Algo parecido a una doble exposición que en tiempo real adecua a su conveniencia. Esto es lo que deseamos que ocurra en video, pero lo cierto es que incluso viendo grabadas esas imágenes de alto contraste, la sensación de mayor definición que de ello se deriva disminuyen la percepción de otros defectos. Por eso grabo en mi mismo salón cuando al final del atardecer apenas entra luz y la diferencia de luz que recibe las zonas próximas a la ventana y las más alejadas es baja. Entonces es cuando veo ruido incluso con valores de ISO o ganancia baja. Como apenas tengo margen para variar la exposición, voy incrementado la sensibilidad electrónica, tomo nota, y en la edición compruebo el efecto de  incrementar la iluminación general con la parte media de las curvas, recuperar algo en las sombras o tratar de reducir algún punto de luz que pudiera estar quemado. En conclusión, para cada cámara quiero saber que margen tiene de recuperación en distintas situaciones de luz. Esto es fundamental cuando etalonamos porque muchos filtros actúan sobre los niveles y de ello depende que el resultado sea válido o no. Dedicar tiempo a entender tu cámara y a entender la luz te hace más competente y capaz, adelantándote a posibles errores que desmerezcan tu trabajo. Una nota más, si no dispones de fotómetro de luz incidente, (lo que tienen una media esfera que recogen la luz que les llega), una alternativa “suficiente” puede ser que con el medidor de tu cámara anotes los números “F” que te propone cuando la medición está situada en automático. Añadir que el resto de controles, velocidad de obturación y ganancia o ISO deben estar en manual, salvo excepciones, a cero dBs y velocidad 50. De lo que se trata es de que solo varíe el diafragma y puedas hacer tus valoraciones.

Lo que representan los colores. Prejuicios y falsas asociaciones

El color es una parte de la información que nos llega en el contenido audiovisual. Algunos autores clásicos dijeron que el color simplemente restaba atención a la esencia del documento visual. Eran tiempos de transición entre el blanco y negro y el color, pero solo como experiencia merece la pena ver algo que estés editando en blanco y negro. Aplica el filtro oportuno y observa lo que te sugiere la imagen entonces. Lo cierto es que los colores evolutivamente han sido pistas para el ser humano pero no en circunstancias absolutas sino contextualizadas. El rojo de la sangre manda una señal distinta que el rojo de una flor en primavera. El tono amarillento del trigo no es el mismo que el de un desierto estéril. En el primer caso el amarillo del trigo te informara de que está listo para ser recogido y en el segundo, el amarillo del desierto te informa que estarás deshidratado en poco tiempo. Por ello, no busques asociaciones directas a ciertos colores y los efectos que pueden producir. Investiga sobre la simbología del color de forma genérica y haz tus propias asociaciones a cada trabajo en concreto. Como imaginas es imposible hacer un listado de lo que pueden representar los colores en función del contexto, sería una combinatoria infinita, pero sí podemos hablar de qué cosas funcionan y cuáles no. Lo primero que debemos tener claro es que algo que funciona en un video no tiene que funcionar en otro. Siendo crítico, veo muchos trabajos que copian la atmosfera fotográfica de una película y la pegan en un “paquete de guión e interpretación” de bajo interés. El resultado puede anestesiarte durante unos instantes, más aún si la música es brillante. Pero nadie quiere que algo genere expectativas y luego cause desinterés. Creo que después de cuatro años de cámaras DSLR que graban video, ya hemos pasado la fase anal de permanente fondo roto, acabado Super-8 y música acné pop con cantante de voz angelical y que su letra dice, “hoy quiero besar a una nube”. Comprendo y acepto que el “ñoñismo” pueda atraparnos a todos en algún momento, pero lo que te debe atrapar es la verosimilitud de la historia que estás montando. Así pues, si te alcanzó de lleno la fotografía de “In the mood for love”, antes de clonarla en el video corporativo de tu ayuntamiento piénsatelo dos veces, y piensa cual es la fotografía que refuerza lo que te han dicho que se tiene que quedar en la cabeza de quien verá el video.
Le he encontrado un sentido a probar en un plano que estoy montando, todos los “looks” que tengo en mi editor de video. Puedo comprobar que algo que atrae de forma individual, no funciona en ese plano. Se trata de ser autocrítico, por supuesto. Pero como puedo ver de qué está compuesto ese filtro, cómo actúa sobre el contraste, saturación, exposición, canales de color, etc. y  además puedo ver las modificaciones por separado, puedo entender el tratamiento de la imagen globalmente, y por qué no, seleccionar aquello que funcione bien con mi imagen. Es importante entender cómo afecta cada cambio, no solo en la percepción estética sino también en la degradación de la imagen. Todo ello nos debería llevar a la idea inicial, tener el etalonaje en la cabeza antes de grabar, y actuar en consecuencia. Tenemos muchas asociaciones en el uso del color. El blanco y negro para evocar tiempo pasado, bajar la saturación del color para lo mismo en cierto modo, o matizar el estado de ánimo, saturar para incrementarlo. Lo mismo para colores cálidos o fríos. Evita a toda costa engañar al espectador con un tono cálido a algo grabado en enero en Madrid al atardecer, y lo mismo, no pretendas enfriar la imagen grabada en la playa de Cádiz en agosto después de comer. En ambos casos quedará artificial. Lo que vemos en una playa del norte en noviembre es distinto a lo que vemos en esa playa del sur en agosto. Lo que ocurre es que el cerebro maneja otros datos además de la dominante de color. Esa tonalidad natural se distribuye  de forma lógica en el resto de tonos y en especial se alía con la forma e intensidad de las sombras, dándonos una idea aproximada de la latitud, época del año, e incluso franja horaria. Qué le vamos a hacer, la cabeza trabaja así. Pero insisto una vez más, me es imposible asirla el tratamiento  del color en la imagen y no verlo como una parte que actúa en sinergia de un todo. Todo lo dicho debe entenderse en un contexto en el que se busca la máxima verosimilitud con pocos medios. Otro escenario es aquel en el que las herramientas de etalonaje valen más que la mitad de tu  casa, y además el material se ha grabado con un equipo que vale la otra mitad.

Cultura audiovisual y entrenamiento de  la creatividad

Constantemente me preguntan cuánto tiene que ver la cultura y el conocimiento en la receta de que algo con pretensión artística cumpla su función, llegar, dialogar, y no dejar  indiferente al espectador. Bien, pues no lo sé. Solo sé que cuando alguien con inquietud creativa, come arte, no ve empeorada su capacidad para crear arte. En mi opinión, el conocimiento en el peor de los casos solo te hará consciente de lo que ya haces, y en el mejor, será un revulsivo. Inequívocamente te hará más crítico, y lo más deseable, más autocrítico, y no por ello deberá bloquearte. Creo que en nuestra profesión se nos supone cierta cultura, pero no solo audiovisual. Sin duda, deberás estar al día en lo concerniente al cine, pero desde hace tiempo, el cine, es solo una gota de agua en el ecosistema audiovisual. Lo más probable es que tengas cierta habilidad a la hora de entender los códigos del cine y la televisión. Ahora es el momento de ir a otras disciplinas. Yo trabajaría en dos grandes bloques, uno, disciplinas digitales con un fuerte carácter audiovisual, (la lista sería interminable, la web, desde páginas y blogs con diseños brillantes, hasta vallas publicitarias digitales), y dos disciplinas “pre-digitales”, literatura, pintura, música… Sin duda no hay un punto y final para cada grupo, sino todo lo contrario, pero de alguna forma hay que clasificar. Lo que debe preocuparte es, cómo tendencias en un ámbito se llevan a otro, cómo nuevas formas de comunicarse tienen su traslación en el diseño, grafismo, montaje, forma de grabar, forma de exhibir. El reto es vivir tu profesión de forma que te impregnes de todo aquello que te pueda hacer mejorar. Respecto a nuestro campo concreto, indaga sobre la fotografía de los trabajos que te gustan, no solo en la cuestión técnica sino en cómo participan en la generación de la percepción global. Pregúntate por ejemplo, dónde nos lleva el uso del color en Traficc, o en Celda 211.
Respecto a la creatividad, es frecuente meter en el mismo saco conceptos como talento, espontaneidad, facilidad para aprender, o incluso, superdotación. Por cada artista “validado socialmente” debe haber “n” aún no validados, y si juntamos a todos ellos, encontraremos muy pocos que te puedan decir que apenas se hayan esforzado para llegar a ser artistas. Sin duda el siglo 21 pone muy difícil las cosas a la hora de determinar cuando alguien es un artista ya que bajo el mismo nombre podemos encontrar a una persona que lleva estudiando piano 20 años y ha compuesto tres sinfonías, como a otra que ha cocinado pato a la naranja, lo  ha fotografiado, y posteriormente lo ha expuesto del revés en el bar de un amigo a tamaño 2 x 2 metros bajo el título “la inconsistencia del estado del bienestar”. Lo cierto es que la creatividad que se traduce en aparente facilidad y frecuente acierto en las decisiones artísticas, (entalonar es parte de ello, por qué no), en mi opinión se basa en cuatro conceptos:
1. Conocimiento sólido de lo que hacemos. Cuanto más sabes de un tema más herramientas tienen para crear. Si por ejemplo no sabes que ahora disponemos de pequeñas cámaras HD que puedes colocar en el cristal de un coche, por ejemplo, no se te ocurrirá un plano desde ese punto de vista. Esto puede resultar muy obvio, pero cada vez que exploro sobre novedades de nuestra profesión se me ocurren nuevas formas de trabajar. Si hablamos de conocimientos en sí, igualmente son una herramienta. Después de leer sobre simbología del color como comentábamos, entiendo el porque de algunos etalonajes de películas que me han llamado la atención y me atrevo a hacerlo yo entendiendo lo que hago y no solo llevado por sensaciones. Saber de algo lleva tiempo. NO EXISTEN técnicas para aprender rápido en nada que merezca ser estudiado. No hay métodos para aprender inglés en un mes y tampoco se puede dominar la técnica fotográfica en ese tiempo. Aprender, y el proceso posterior y deseado, interiorizar, (que las cosas se hagan sin un diálogo con el consciente, surgen de forma aparentemente espontánea), lleva mucho tiempo. Ni siquiera las experiencias formativas de inmersión tienen un rendimiento inmediato. Cada nuevo concepto debe ser integrado en un todo que va desde la aplicación directa en nuestro trabajo hasta el sentido final de ese trabajo. Así pues, si has aprendido que bajando la saturación de unas imágenes y dando una suave virado al verde, puedes evocar cierto desánimo y lentitud en un video en concreto, pasará tiempo hasta que comprendas si es así o no. El mismo video grabado y editado por ti debería tener lecturas matizadas con el paso del tiempo.
2. Resistencia a la frustración. Aprender y practicar lleva mucho tiempo. Todos tenemos jornadas largas y nunca hay tiempo, pero algo es seguro, si repites el mismo tipo grabación y edición durante mucho tiempo, serás experto en solo eso. Las cosas no paran de cambiar y sé que es frustrante comenzar con un software nuevo, más si está en un idioma que no conocemos, o tipos de cámaras con las que no estamos familiarizados, o formatos de archivos y procesos de trabajo que nos bloquean. La tendencia es hacerse fuerte en lo que dominamos y enfrentarse contra lo nuevo con los argumentos que podemos esgrimir, pero el mercado no da tregua. El reto es cambiar la expectativa y decir esta tarde de domingo la voy a dedicar a ver videos de cómo funciona tal software de retoque, no pretenderé entenderlo todo, sino que el objetivo es acercarme a algo nuevo y entender el sentido general. Otro día puede ser iniciar un proyecto fácil siguiendo paso a paso un tutorial. Lo que nos mata es la prisa, querer que en esa tarde dominemos el software como quien lleva mucho tiempo con él. Si esa es la actitud, a la primera decepción, nos esconderemos en otras obligaciones o nos justificaremos de alguna forma. Es importante que comprendas los tiempos de cada cosa. Cuando retocas el color en un plano, tu ordenador normalmente no podrá mostrar en  Full-HD y en tiempo real el efecto, (aunque el desarrollador te diga que sí…), comprende que es así. Haz pausa, observa el resultado en un frame, pasa a otro, evalúa el clip poco a poco. Cuando creas que te acercas a lo que quieres, haz una exportación de pocos segundos. Eso llevará tiempo. Mientras se hace, nada te impide seguir leyendo de etalonaje, ¿o sí? Tal vez en un par de horas hayas hecho pocos avances, pero si estudias y practicas con regularidad tendrás lo que quieres. Insisto en entender los procesos, los tiempos y en adecuar las expectativas. Recuerda que si después de una hora de render, el resultado no es el que buscabas, el video da saltos, el retoque no es uniforme, el archivo no se abre… sencillamente estarás aprendiendo qué falla, y eso ya es conocimiento. En mi trabajo como responsable de foto me pagan por evitar problemas más que por encuadrar e iluminar escenas. Decirle a un director que con tal cámara debe trabajar con el histograma y no dejarse fiar por la pantalla, o incluso por un monitor externo, y decirle que subexponga un punto porque después aplicado el filtro “x” tendrá el efecto que desea. Lo que veo con frecuencia es que los directores jóvenes han interiorizado conceptos de encuadre y montaje, y es en las cuestiones técnicas donde se ven más necesitados.
3. Inquietud y visualización. Lo resumiré. Tienes dos opciones para esa tarde sin plan. Contar en Facebook a gente que no conoces y que crees que son tus amigos qué ingredientes añadirás a tu ensalada o apagar la tele y ponerte a probar las curvas de color y entender cómo funcionan. Si lo que te pide el cuerpo es la primera opción, vamos mal. Además, cada vez que veas un video que te llame la atención por el tratamiento del color, trata de entender como lo han hecho, que recursos han empleado, y sin dilación, coge un par de planos y trata de imitarlo.
4. Autocrítica. Pero no de cara a la galería, si no de verdad. Sinceramente, te sigue pareciendo bueno tu primer video corporativo? No te escudes en que por entonces no tenías steadycam. Hay cosas que solo tienen que ver con tener buen o mal criterio.
Resumiendo, ¿quieres que tu edición se parezca a la que tanto te gusta? Estudia e investiga, práctica, aguanta la lentitud del proceso, no gastes energías en tonterías y trata de que el siguiente video tenga algo más que el anterior. Etalonar es poner salsa a tu montaje. Con malos ingredientes y mala cocina, solo engaña por momentos, si las cosas se han hecho correctamente, es un elemento diferencial.

Txt: Alvaro Bernal
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