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Del centro de producción al sofá de casa

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Uno de los dogmas que más se han repetido en estos últimos meses es que la pandemia ha acelerado la “digitalización” de las empresas, provocando cambios previstos para los próximos años en unos meses. En nuestra industria esto se ha aplicado mayormente a soluciones de creación de contenido en la nube, algo a lo que trataremos de otorgar algo de luz a continuación.

Por Yeray Alfageme.

 

Servicios Cloud, compresión y ancho de banda

Ingestar, editar y emitir contenido en la nube no es algo nuevo. Desde la aparición de Youtube y similares, la creación de contenido en la nube es algo que cualquier “milenial” conoce y de hecho utiliza con naturalidad a diario. Si embargo, aplicar este tipo de soluciones a entornos profesionales en los que la calidad del contenido creado debe cumplir ciertos estándares que la audiencia exige no es tan sencillo.

Hasta hace poco tiempo la cantidad de información necesaria para producir contenido multimedia de alta calidad obligaba a usar sistemas específicos de almacenamiento y tratamiento que debían estar interconectados en la misma red. A principios de siglo eran necesarios 100-150 Mbps para disponer de una imagen HD editable y producible de manera correcta. Esto obligaba a usar sistemas de almacenamiento de alta capacidad y redes LAN de conexión, mínimo a 1 Gbps, y en consecuencia a trabajar en centros de producción localizados y específicos.

Con la aparición de servicios de la nube como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure o Google Cloud, se ofrecieron funciones de almacenamiento de alta capacidad a precios razonables, en la actualidad incluso más barato que los sistemas físicos y disponibles en cualquier lugar. Poco a poco estos proveedores fueron introduciendo servicios específicos para la industria audiovisual, siendo el mayor ejemplo la compra de Elemental por parte de AWS. Este movimiento otorgó a Amazon un catálogo de procesamiento y codificación de media muy por delante de otros competidores como Microsoft o Google. Estos últimos también tienen soluciones para flujos de trabajo mediáticos, pero no tan avanzadas y flexibles como las de Amazon.

El siguiente parámetro que hizo posible el producir contenido de alta calidad de manera remota es el aumento del factor de compresión disponible en códecs de vídeo actuales. Por la parte de audio, siendo su necesidad de información mucho menor, no es tan relevante el trabajar con códecs de alta compresión. En la actualidad, es posible usar contenido de alta calidad en HD hasta con 30 Mbps, un tercio de lo necesario hasta hace poco tiempo.

El último avance que ha sido clave para la adopción de este tipo de flujos de trabajo es la disponibilidad de acceso a Internet doméstico de gran capacidad. En Europa, por ejemplo, el 94% de la población tiene acceso a un acceso a Internet de, al menos a 30 Mbps, siendo velocidades de 100 y 300 Mbps muy comunes en todas las grandes y medianas ciudades. Si combinamos servicios en la nube, codificación de alta compresión y calidad y gran ancho de banda disponible de manera mayoritaria, obtenemos el entorno perfecto para poder trabajar con flujos de trabajo mediáticos desde cualquier lugar.

 

Remoto vs La nube vs Soluciones híbridas

Lo que conocemos como el centro de producción donde todo el equipamiento está localizado en un edificio, o edificios si se trata de una entidad grande con un extenso centro de producción, sería una solución on-premise. Nadie fuera de las instalaciones puede acceder a los sistemas ni el contenido y hace falta estar conectado a la red local de dichos sistemas para trabajar.

La primera aproximación a un flujo de trabajo desde cualquier lugar sería el hacer accesible estos sistemas desde fuera de las instalaciones donde residen físicamente, lo que sería remotearlos. No consiste en poder conectarse al centro de producción desde fuera sino la capacidad de poder operar las máquinas, una estación de edición, por ejemplo, conectándose a ella, pero el flujo de media sigue confinado dentro del sistema local. La experiencia de uso de las máquinas en este tipo de entornos dista bastante de ser ideal y tan solo fue una solución cuando no se disponía de ancho de banda suficiente para poder usar el contenido desde fuera.

El otro extremo sería que todos los sistemas de producción estuvieran descentralizados, es decir, que su localización no fuera una concreta y en ocasiones incluso desconocida, haciéndolos accesibles desde cualquier lugar. Esto seria un sistema 100% en la nube. Esta solución tiene múltiples ventajas ya que al no estar localizada el riesgo físico prácticamente desaparece. Además, a nivel de costes tan solo se paga por lo que se use el sistema, con lo que no tenemos que prever almacenamiento extra que esté sin usar durante un tiempo o capacidad de procesamiento ocioso, que tan solo está ahí para tenerlo disponible cuando haga falta.

Como contrapartida está el riesgo que conlleva el que todo nuestro contenido esté en manos de un tercero, el proveedor de servicios en la nube, lo cual a más de uno nos hace preocuparnos, y en ocasiones con razón, sobre la fiabilidad y disponibilidad de este contenido, sobre todo en momentos críticos. Y algo evidente también es la seguridad. ¿Cuánto de seguro es que nuestro contenido esté en la nube accesible desde cualquier lugar? Bueno, estos problemas se han minimizado en la actualidad, pero no dejan de ser un punto a tener en cuenta.

Como solución intermedia están los sistemas híbridos. En estos sistemas existe una localización concreta, el centro de producción, donde todo el contenido está localizado y seguro. Este centro está conectado con la nube, ya sea a través de Internet o de una conexión privada con el proveedor de servicios, para realizar una réplica de dicho contenido, total o parcial, haciéndolo accesible desde cualquier lugar. Además, la capacidad de procesamiento también está compartida entre los sistemas on-premise y Cloud, haciendo posible maximizar el uso de los sistemas on-premise evitando costes innecesarios en sistemas o capacidades ociosas pudiendo usar los servicios en la nube cuando la carga de trabajo lo requiera.

La solución hibrida suele ser la más extendida hoy en día dentro de los centros de producción medianos o grandes. Los precios de los servicios Cloud cada vez son más baratos, fiables y seguros, con lo que una solución 100% en la nube tampoco es algo fuera de lo común ni arriesgado hoy día. De hecho, casi todos, por no decir todos, los fabricantes actuales ofrecen soluciones en la nube como alternativa a su oferta de sistemas tradicionales, la diferencia es el tipo de servicio que ofrecen.

 

 

Iaas, PaaS y SaaS

A la hora de elegir y adquirir servicios en la nube hay tres opciones diferencias: infraestructura como servicio (IaaS por sus siglas en ingles), plataforma como servicio (PaaS) o software como servicio (SaaS).

Infraestructura como servicios o Infrastructure as a Service (IaaS) consiste en replicar el mismo equipamiento disponible en el centro de producción en un centro de datos externo interconectado. Desde el almacenamiento hasta la capacidad de procesamiento e incluso la estructura de red son replicados en un entorno más seguro y mejor conectado que la localización única original. Esta opción tan solo añade conectividad a nuestros sistemas, pero no nos ofrece más flexibilidad, ahorro o capacidad que la solución localizada en las instalaciones. Únicamente ofrece algo más de fiabilidad, ya que un centro de datos externo suele disponer de mejores instalaciones de energía, climatización e infraestructura que nuestro centro privado.

Ya no hay proveedores que nos ofrezcan este tipo de sistemas. Si deseamos un sistema de este tipo por razones legales, en ocasiones la información tiene que estar localizada en un lugar concreto, con unos requisitos de seguridad física específicos, debemos contactar con un proveedor de alojamiento y montar los equipos en sus instalaciones.

El siguiente paso sería una plataforma como servicio o Platform as a Service (PaaS). En este caso no adquirimos una infraestructura en concreto, de hecho, dicha infraestructura es transparente para nosotros y es administrada por el proveedor de servicios en concreto. Con esta solución se adquiere cierta cantidad de almacenamiento, ciertas licencias de uso o capacidad de proceso y los sistemas necesarios para que funcione se dimensionan y escalan automáticamente para las capacidades elegidas. Si bien supone una gran diferencia respecto a un sistema IaaS, aún no llega a ser 100% óptimo ya que podemos disponer de capacidades ociosas que no estamos aprovechando y que sí pagamos, pudiendo optimizarlo mediante un sistema SaaS.

En este caso sí que hay ocasiones en las que es necesario adquirir un sistema PaaS por ciertas razones. Si queremos asegurarnos de que ante todo vamos a poder atender todos los picos de trabajo, un sistema PaaS es lo correcto aunque conlleve cierto sobrecoste. Además, en un entorno PaaS estamos seguros de lo que vamos a pagar por él ya que no se puede redimensionar indefinidamente. Es cierto que en sistemas SaaS se pueden establecer límites, pero siempre hay variaciones que a los financieros no les suelen gustar.

El último paso y el más avanzado en cuanto a desarrollo se refiere, es el software como servicio o Software as a Service (SaaS). En este caso, ya no solo los sistemas físicos que haya por detrás nos son transparentes y son manejados por el proveedor de servicios, sino que toda la arquitectura interna de los sistemas a nivel de programas y configuración también son externas. Esto garantiza que el sistema va a tener la mayor de las disponibilidades posible, en función de lo que estemos dispuestos a contratar claro, además de ser completamente escalable y adaptable a nuestras necesidades.

En sistemas SaaS solo se paga por la capacidad consumida siendo su coste 100% variable, pero también completamente ajustado a los requisitos de trabajo de cada momento. Se puede reservar cierta capacidad, ya sea almacenamiento o procesamiento, teniéndolo ocioso, pero garantizando su disponibilidad, pero, aun así, existen mecanismos para optimizarlo y hacerlo realmente eficiente.

A muchos ingenieros como yo nos puede asustar la idea de que sea un tercero el que maneje todos nuestros sistemas y nosotros nos dediquemos solo a su uso y administración a alto nivel, pero, si lo miramos desde el punto de vista del negocio, lo que queremos es producir contenido de una manera eficiente y segura, no cambiar discos duros o cablear nuestro edificio para ello realmente.

 

La nube aplicada al broadcast

Hoy en día existen sistemas, ya sean Paas o Saas, para casi cualquier sistema de producción de media que conocemos. Desde puro almacenamiento en la nube con diferentes niveles de seguridad, disponibilidad y capacidad de acceso, hasta sistemas completos de producción y edición de contenido en la nube con capacidad de procesamiento, render, e incluso emisión directamente desde la nube. Algo muy común hoy día son los sistemas PAM y MAM distribuidos, los cuales se suelen encontrar en soluciones PaaS híbridas, teniendo equipamiento local, como el archivo profundo, mientras que el procesamiento y la edición se hace en la nube.

Los fabricantes más conocidos de sistemas de edición también tienen su solución SaaS con la que se puede editar el contenido tan solo accediendo a una plataforma web desde cualquier ordenador y localización. Así mismo, sistemas MAM accesibles vía web son muy comunes y ofrecen soluciones con capacidades mucho mayores que los sistemas locales, y en ocasiones mucho más baratos.
Por último, existen sistemas completos de emisión de contenido en la nube. Estos sistemas tienen mayores sinergias y ventajas para emisiones puramente digitales en Streaming ya que no salimos del ecosistema digital en ningún momento y no se genera señal de vídeo banda base alguna desde la captación hasta la emisión final del contenido. Y es que, en muchas ocasiones, se pasaba por sistemas de vídeo lineales en banda base porque no quedaba más remedio, pero conceptualmente no tenía mucho sentido si lo pensamos.

 

Conclusiones

Este 2020 nos ha llevado a repensar muchas cosas y la manera de producir contenido ha sido una de ellas. Ya teníamos los servicios en la nube desde hace tiempo, la tecnología de codificación necesaria y el ancho de banda disponible para que todo funcionara, pero nos faltaba un empujón.

No nos quedemos solo en sistemas IaaS, en los que replicamos lo mismo que teníamos en casa en la nube, y adoptemos servicios más avanzados como PaaS y SaaS para hacer uso de las ventajas que nos ofrecen estos nuevos conceptos aplicados a nuestra industria.

Y es que no solo se trata de hacer lo mismo que hacemos desde el centro de producción en nuestro sofá, si no de provechar esta revolución para producir más y mejor contenido, sin las limitaciones de una localización concreta. Y es que al espectador no le importa desde dónde produzcamos ese contenido siempre que sea de calidad, ¿o no?

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