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La música en la edición de vídeo (I)

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Es indudable el poder del sonido en la percepción de las imágenes. Prueba a ver la misma pieza visual con diferentes músicas y comprueba cómo cambia la percepción global. Todas las personas que editamos video, seamos aficionados o profesionales reparamos en la importancia de la música en el discurso visual, y todos en mayor o menor medida tenemos la capacidad de saber si un tema musical es idóneo acompañando un conjunto de imágenes. Este artículo pretende únicamente despertar el interés por el conocimiento musical como herramienta para mejorar nuestro trabajo visual. Es imposible en la extensión dedicada comentar todos los aspectos que atañen a la música en el audiovisual, por ello me ceñiré a mi experiencia editando video y a mi relación con músicos y realizadores.

Lo primero que comentaré es algo que escuece. Hacer una mala foto o un mal video es posible con el único conocimiento de saber encender la cámara y pulsar el botón de captura. Millones de personas hacen fotos y videos a diario sin ninguna formación previa. Hacer una mala canción requiere estudiar años. Incluso aprender tres acordes sencillos en una guitarra, cambiar de uno a otro con suficiente fluidez y cantar al tiempo, requiere meses. La capacidad natural de encuadrar una imagen con una cámara permite hacer una foto o video por malo que sea, pero la capacidad natural de disfrutar de la música o tararear una canción no permite crear una por simple que sea. También diré que pocas veces vemos una sucesión de imágenes sin audio, y pocas películas, reportajes, etc. aparecen sin música alguna. Detrás de estas afirmaciones está el poder evocador que tiene la música en nuestras emociones, condicionando nuestra percepción y generación de sentido a lo que vemos.
Imagina que la promo de un programa de futbol, planos del público gritando, primeros planos de esfuerzo máximo, el portero estirándose para no llegar a un balón imposible… no llevase una música de carácter épico, (las teles nos fuerzan a interpretar el futbol como algo mitológico, de carácter casi bélico), y llevase un tema de Madonna, por ejemplo Like a virgin. Bien, pues sencillamente no alcanzaría el efecto deseado. Dicho de otra manera, las imágenes por sí mismas no llegan a donde quieren llegar y necesitan de una música que tenga la asociación previa deseada. ¿Y qué sería de un video de boda sin un tema de Bisbal? Pues igual, perdería mucho. Estas ironías solo pretenden dignificar el papel de la música en el audiovisual, comprender cómo una pieza de video mala puede ser saneada con una buena obra musical, o cómo una obra maestra del cine no lo es sin una obra maestra musical. ¿Imaginamos la película La Misión sin la música de Ennio Morricone? Probablemente no.
¿Qué debemos saber cuando editamos un video? Lo primero, lo que no debemos hacer. Por evidente que resulte, la primera pregunta es  dónde se verá el video. Las cosas están como están y debe quedar meridianamente claro que la música creada por otros tiene derechos y no podrás emplearla sin pagarlos. Este no es el espacio para hablar de las entidades que gestionan los derechos pero sí donde te contamos que si el video tiene fines comerciales, bien seas tú el que vende el trabajo, (video corporativo, de formación, social, etc.), o bien sea tu cliente quien lo emplea para su promoción o incluso venta del mismo, te metes en problemas si decides utilizar la música que te dé le gana. Infórmate del coste de los derechos, de la música de librería y del coste de composiciones creadas específicamente para un video concreto. Tus clientes no tienen por qué saber de este tema y es tu responsabilidad informar de ello. Si el video no tiene fines comerciales, imagina tu próximo corto o video creación, te parezca bien o mal, también debe pagar derechos. Dado que no generarás riqueza con ese video, si te pillan lo más probable es que te inviten a retirar la música, pero nadie te garantiza que no se te pidan responsabilidades por daños morales o lucro cesante. Recomiendo que se busque música con licencia creative commons o alternativas, músicos que desean que sus creaciones sean empleadas como promoción siempre que no les perjudique en su imagen. La comunidad independiente se está moviendo hace tiempo en este aspecto y creo que es una alternativa muy recomendable. Cada vez más grupos entienden el nulo beneficio de estar acogidos en la SGAE y deciden gestionarse ellos mismos.
Lo siguiente que debes evitar al emplear música en la edición de video, es que tus gustos personales alcancen a tu trabajo. Muchos de nosotros al editar decidimos arbitrariamente que un tema que para uno es mítico lo debe ser para el resto. Entiendo que Where the streets have no name de U2 te ponga los pelos de punta y que sea parte de la BSO de una película americana, pero eso no supone que deba emplearse en un video que te han encargado de, por ejemplo, una escuela taller que imparte cursos de oficios. Esto es extensivo a la banda sonora de Titanic o Gladiator en los videos de boda, o Tocata y fuga de Bach en tu próximo corto donde el protagonista es un psicópata. Huye de tópicos y huye de asociaciones claras a otros trabajos. Investigar sobre música debe requerirte el mismo tiempo que investigar sobre lenguaje visual.
El tercer error a evitar es suponer que una música tiene una única lectura, esto es una simplificación insoportable como que escenas de acción requieren música rápida. Un realizador que pretenda serlo, no puede decir, aquí quisiera algo de violines, óaquí debería ir algo de música clásica, ó aquí algo movidito. Es imperdonable y comparable a decirle al operador de cámara, en esta escena quiero que se vea un poco de todo, el conjunto, pero también detalles. Esto nos permite introducir algunos aspectos esenciales que todos deberíamos saber si pretendemos encontrar o mantener un hueco en el audiovisual.

¿Qué debería saber de música?

Voy a abordar el conocimiento musical que debe tener un editor y/o realizador en tres apartados. Ni se pretende ni es posible que estos sean estancos: Conceptos de teoría musical,(melodía, armonía y ritmo), Efecto psicológico de la música en la percepción de las imágenes, (qué logramos con el uso de distintos recursos sonoros),  y tipos de discursos musicales, (cómo interactúa la música con las imágenes). Los dos últimos bien pudieran haberse agrupado en uno solo pero por motivos didácticos he hecho esa distinción.
Teoría musical. Este apartado pretende transmitir unos mínimos para poder posteriormente avanzar en los dos últimos. La Música como cualquier manifestación artística es una respuesta al ecosistema, por lo que cada cultura tendrá sus matices. No obstante todas las músicas comparten un patrón rítmico que se repite en el tiempo de forma regular, y a veces irregular pero en el contexto global se percibe como un todo, que nos permite sentir la creación musical e interiorizarla. Entendemos el ritmo como una sucesión de pulsos, unos se perciben más fuertes que otros, y esa repetición nos permite darle un orden. Prácticamente todo el mundo puede sin mayor esfuerzo y en cualquier momento reconocer el ritmo de una canción, bien con los pies o con las palmas de la mano. En el audiovisual nos importa entender el efecto emocional del ritmo pero para ello es preciso tener una formación musical mínima. Huye de la idea de “yo tengo sentido del ritmo y sé lo que corresponde en cada escena”, porque aun siendo posiblemente cierto, te impide ir más allá y dialogar con los músicos. Nos guste o no, la música tiene un papel esencial en el trabajo audiovisual y nada justifica no tener conocimientos de algo que es importante en nuestro trabajo, lo mismo que el manejo del encuadre o el uso del color. La idea de ritmo está presente en cualquier creación artística, esos patrones rítmicos los encontraras en la poesía y en la prosa, en la pintura, y previamente en la naturaleza, patrones que se repiten en el tiempo, día y noche como estaciones, mareas, etc. Los humanos somos así, tenemos la manía de crear estructuras reconocibles, y para todas ellas se crea un lenguaje y unas normas comunes que nos permitan dialogar con otros artistas para que el trabajo final sea percibido por nuestro público. De la misma manera que a tu operador de cámara le dices que este plano se hará en steady cam y la escena se cubrirá completa en un plano secuencia, al músico que participa en tu película hay que hablarle en su lenguaje.

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Como creador audiovisual deberás conocer los ritmos propios de cada época, de cada latitud, y cada estilo musical. Estudiar algo supone empezar un día y no terminar nunca, pero he visto cómo todos los realizadores o editores cuando han empezado a estudiar música han mejorado sustancialmente su capacidad inicial, facilidad en el encuadre, más afinados y certeros, y especialmente en el montaje. De hecho, cuando hablábamos de ritmo en el montaje, explicábamos cómo cada idea que queremos contar con imágenes tiene un ritmo implícito y que respetarlo o modificarlo tiene efectos en la percepción global de la pieza. Por ello es importante que conozcas el origen de la música, los  instrumentos de percusión improvisados que se empleaban, entender con qué elementos podían crear esos sonidos y cómo  pronto el ritmo fue  algo estable, repetitivo y como tal, reconocible. Esos sonidos tenían distintas funciones, desde poder avisar a distancia de hechos relevantes, posibles ataques, celebración de ritos. Saber que la evolución intelectual se plasmaba en todo, y en lo que nos atañe ahora en los instrumentos, es esencial para  entender que cada cultura matiza la música con lo que le permite el ecosistema y sus circunstancias. En el siglo 17 por ejemplo, la ciencia disponible en centro Europa permitía la creación de instrumentos musicales que no eran posibles en otras latitudes. Por citar un ejemplo lo que los europeos sabían de cómo emplear madera y metal en por ejemplo, un arma de fuego, era reutilizable al fabricar un instrumento de cuerda. Es indiscutible que empleamos la música con  nosotros mismos para catalizar emociones, en definitiva para crear estados de ánimo. En tu coche no decides escuchar la misma música cuando te acaba de dejar tu novia que cuando acabas de conocerla.
El ritmo es el primer elemento reconocible en la música incluso cuando no se escuchan instrumentos socialmente reconocidos como rítmicos (percusiones). Cuando debas elegir un tema musical en un video o pidas que sea creado con ese fin, el músico será lo primero que quiera saber. Si le dices, en esta escena quiero un ritmo de bossa nova y le das una idea de cuantos pulsos habrá por minuto para que sepa si la composición será más o menos rápida, probablemente lo que te muestre se parezca a lo que tenías en la cabeza. Si te das cuenta, que el ritmo sea de bossa nova supone que los patrones de repetición de los pulsos fuertes y los débiles, así como la velocidad en la que se producen esos pulsos, tiene una estructura conocida y comúnmente empleada en ese estilo musical. Al estudiar música aprendes no solo eso, algo que con el tiempo interiorizarás, es que esa elección musical encaja perfectamente en la escena. Ese tema de bossa nova matiza emocionalmente la escena como tú quieres, es un tiempo moderado, imagina en un minuto 100 pulsos estructurados en bloques de cuatro pulsos, siendo el primer pulso más fuerte que los tres restantes. Al terminar el primer bloque de cuatro pulsos se percibe otro fuerte que da lugar a otros tres débiles… y así sucesivamente. Cada bloque de pulsos es un compás y cuantos pulsos por minuto es el tempo lo que nos da idea de la velocidad de la composición. Disponemos de compases de muchos tipos, imagina bloques de tres pulsos siendo el primero fuerte y los dos restantes débiles, o dos pulsos, el primero fuerte y el segundo débil. Cada escena te pedirá un ritmo diferente, pero no solo eso. Supón que el ritmo que te ofrece el músico es el que esperabas pero tras unos primeros compases en los que escuchas instrumentos de percusión, la melodía no parece encajar en tus expectativas. Es una sucesión de notas que duran, más o menos, cada una, los cuatro pulsos del compás, lo percibes más lento de lo que tenías en tu cabeza, y además algunas de esas notas se perciben como disonantes, siendo el conjunto, a tu juicio, triste. Esta es la forma de como alguien sin conocimiento musical podría haber explicado lo que opina de lo que ha escuchado. Por un lado, el ritmo sí era como esperabas pero por otro la melodía no. Esta es una sucesión de sonidos y silencios con una duración determinada de cada uno de ellos en un entorno de tiempo dado. Esa melodía se percibe como una unidad, como si de una frase en un libro se tratase. Uno de los principios de la música es la repetición, y verás que en casi toda canción se repite un motivo musical, la melodía, que es lo que normalmente todos recuerdan.
Casi todos tenemos en la cabeza el sonido de un piano tocando las notas do-re-mi-fa-sol-la-si-do. Esta sucesión de notas van de más grave a más agudo, siendo el segundo do lo que se denomina una octava más agudo. Esa sucesión forma una escala, siendo en este caso la escala de “Do mayor”. Si juegas aleatoriamente como las notas indicadas, que serían las notas blancas del piano, todo lo que toques no resultará molesto al oído. Unas veces dejarás que una nota suene más tiempo y después tocarás otra nota por un breve espacio de tiempo de forma seguida. Irás jugando, y tras repetir varias veces y familiarizarte con el teclado, lo harás de forma cíclica. Después buscarás una combinación de notas y duración de las mismas hasta que al tocar la última se perciba que la melodía ha terminado. Sin saberlo, con un compás dado, imagina, cuatro pulsos, cada uno dura un segundo, siendo el primero el fuerte y los tres restantes débiles, has pulsado la tecla do y la has mantenido durante los cuatro pulsos del compás, después has pulsado re dos veces en el compás, luego sol una vez por cada pulso y terminas con do otra vez durante los cuatro pulsos. Has creado una melodía, y en lenguaje musical se habría podido escribir, y posteriormente reproducir exactamente como tú lo creaste.
Simplificando al máximo, y no siendo totalmente riguroso, entre cada nota de las indicadas hay una nota intermedia y si en tu composición incluyes alguna de éstas, serán las notas negras del piano, es probable que el sonido te  resulte disonante, como si estuviera fuera de lugar. Pero puede que toques una nota de esas por un espacio muy breve de tiempo para pasar rápidamente a una de las que no produce esa incomodidad, y no sabes por qué, encaja en lo que tú tienes en la cabeza. No estás haciendo nada que no hagas cuando en tu montaje incluyes un plano que rompe con la coherencia previsible, pero una vez vista la secuencia sí toma sentido. Componer una canción que guste tiene mucho que ver con que el oyente tenga cierto control de lo que escucha con pequeñas sorpresas musicales que pronto se resuelven en nuestra cabeza. Los compositores conocen todos esos trucos y conocen perfectamente el efecto de diferentes melodías en el estado de ánimo. Realmente todos podemos componer música si dedicamos el tiempo necesario a estudiar, que nuestra composición sea algo que deba perdurar en el tiempo se rige por las mismas normas que el hecho de que nuestro corto deba ser un referente para otros: el talento. Como editor y/o realizador, debes saber cómo manejar la melodía para que tenga el efecto deseado en la escena. Puedes querer evocar un estado de plenitud, un padre al comprobar que su hijo ha superado una operación, desarraigo, una persona que vuelve a su tierra después de años y se siente extraño en ella, ansiedad, un fumador luchando por dejar de serlo. Prueba a tararear melodías  que pudieran encajar en esas tres ideas. Sin duda es difícil, ya entiendes lo que es ser músico, y sin duda se te vendrán a la cabeza temas musicales existentes y buscarás en tu cerebro películas o documentales que traten esos temas y rebuscarás en la música empleada en ellos. Existen aplicaciones para teléfonos móviles que reconocen en lenguaje musical lo que tarareas. Es una excelente forma de iniciarse en el lenguaje musical, no hay razón para no probar esa posibilidad. Crear es una maravillosa mezcla de conocimientos y curiosidad. Y no hay nada mejor que revisar el trabajo brillante de otro. Busca el motivo melódico que se repite en muchas ocasiones con matices en Eyes wide shut de Kubrick y por aparentemente simple que resulte, es incontestable su poder para provocar sensación de inestabilidad.
El tercer elemento a tratar es la armonía. En la melodía, sonidos individuales sonaban de forma lineal. Por ejemplo, en el primer pulso del compás do durante el segundo y el tercero, suena mi y en el cuarto suena sol. Pero si en vez de eso suenan durante todo el compás las notas do, mi y sol a la vez, hemos creado un acorde. Tres o más notas musicales al tiempo es un acorde, insisto por última vez para no aburrir al lector que es imposible ser totalmente riguroso sin conocimientos musicales previos. Bien, pues si tocamos al tiempo esas tres notas y las mantenemos durante todo el compás, y además en ese mismo compás otro músico toca la melodía citada y un tercero percute un cajón golpeando dos veces en cada pulso, musicalmente tenemos los tres elementos básicos, armonía (el acorde), melodía y ritmo (el propio de cada instrumento que respeta la métrica acordada, compás de cuatro pulsos), y podemos introducir la idea de textura, que es la forma en que se combinan los materiales melódicos, armónicos y rítmicos determinando la cualidad musical global y que bien puede equipararse a la emoción que se pretende transmitir. Sin duda es un concepto musical que está sujeto a un análisis específico del rigor teórico y excede el sentido de este artículo, pero no dejo de hacer este apunte porque es un término muy empleado en música de cine.
Respecto a la armonía quiero introducir algunos aspectos más. Esas tres o más notas musicales tocadas al unísono (a la vez) pueden producir acordes agradables al oído, consonantes, o no, disonantes. Pero un acorde solo, aislado de otro elemento musical para el oído no educado quedará en eso, agradable o no. Debemos escuchar una sucesión de acordes para encontrar un sentido a la composición, igual que con la melodía, tenía un inicio y un final. Esa sucesión de acordes se conoce comúnmente como progresión de acordes y tras completarse vuelve a repetirse nuevamente, como en la melodía. El factor repetición es una constante necesaria en la música. Comprobarás como muchas canciones que conoces llevan exactamente la misma progresión de acordes, pero como estos tienen que interactuar con la melodía y el ritmo general del tema, se perciben como canciones distintas. Por doloroso que te resulte, los acordes de No te quieres enterar de Concha Velasco son los mismos que los empleados en Stand by me de los Beatles.
Normalmente un tema musical moderno se estructura como cualquier historia en una introducción, nudo y desenlace. En el cine tenemos una estructura de actos, primero, segundo y tercero, con puntos de giro entre cada uno de ellos. Sin duda esta estructura se puede simplificar o dotar de mayor densidad, pero el patrón natural de nacer, desarrollarse, procrear (el que pueda) y morir, está presente en todo. En la música podemos encontrar una introducción, una presentación de la idea a transmitir estrofas, la idea general estribillo, lo que normalmente todos recuerdan, retomar las estrofas iniciales u otra nuevas, de forma directa o mediante un breve puente,  volver al estribillo, y finalizar el tema, de muchas maneras con una modificación de la introducción  o con la misma, o con una modificación del estribillo, etc. que se suele denominarse coda, a modo de epílogo del tema. Lo que conocemos como radio fórmulas , deben simplificarse al máximo e ir al meollo de la cuestión lo antes posible, el estribillo, ya que no hay ni tiempo ni ganas, ni probamente posibilidad de pensar. En cambio, un cantautor que haya confundido música con poesía, hará temas de ocho minutos en los que no se repite ni una sola frase.
No quisiera terminar este apartado sin hacer referencia a algunos aspectos. Probablemente la misma canción cantada por Rihanna no te resulte igual que si es cantada por Joe Cocker. Suenan distintas porque las voces, aun cantando lo mismo, exactamente en el mismo tono, realmente no podrán ser igual porque Rihanna no podrá evitar hacer gorgoritos aquí y allá, tienen timbres diferentes. El timbre es la cualidad que permite que se perciba distinto un instrumento, la voz lo es, aun tocando la misma nota. El timbre viene determinado por  cómo se genera el sonido en cada instrumento. Un violín logra el sonido frotando un arco sobre las cuerdas. Mientras se frota el arco se produce sonido, y podemos reconocer el arranque del movimiento ataque, cómo se desplaza y cuándo termina el desplazamiento en una dirección y se inicia el desplazamiento en la otra. La misma nota en una guitarra suponer pulsar con el dedo o con una púa, una cuerda. Se percibe en el momento inicial ese contacto con la cuerda, se reconoce el sonido de la púa contra la cuerda y posteriormente la cuerda oscila durante un tiempo produciendo el sonido. Es la misma nota pero casi todo el mundo reconocería que una la produce un violín y otra una guitarra. Tenemos profundas asociaciones mentales al sonido de cada instrumento y en tu película no te dará lo mismo que la melodía que quieres sea interpretada por uno y otro instrumento. Saber música supone que conoces las posibilidades y limitaciones de cada instrumento a la hora  de producir sonido. Como ejemplo, un pianista puede con la mano izquierda tocar acordes a modo de armonía y con la derecha ejecutar la melodía. Si le pedimos a un músico que haga esto con una flauta porque nos gusta ese sonido nos dirá: no es posible, ya que la flauta sólo puede producir sonidos individualmente, no al tiempo. No puede producir acordes, y nuestra capacidad para dialogar con el músico estará mermada. Sabiendo música puedo pedirle que toque los acordes a modo de arpegio, las notas del acorde una detrás de otra con suficiente velocidad para que se perciba casi como un acorde, y llegar a una solución de compromiso entre lo que quiero que suene y el instrumento que deseo. Existen muchos programas de música que permiten componer sin saber tocar un instrumento. Funcionan como  una partitura en blanco en la que añades instrumentos y decides qué es lo que tienen que hacer cada uno de ellos, pero no esperes que hagan nada que tú no les digas que hagan. Así pues, si estudias música podrás componer y no necesariamente saber tocar un instrumento. No lo dudes, aprender música te hará mejor realizador y/o editor porque controlarás las emociones que pretendes transmitir y no buscarás entre lo ya creado hasta que algo encaje en tu idea. En el siguiente artículo trataremos esos temas.

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