HomeEn portadaProducción en directo en UHD

Producción en directo en UHD

Por Yeray Alfageme, Business Development Manager en Optiva Media an EPAM company

 

Mucho hemos hablado de las implicaciones técnicas de utilizar nuevos formatos como el UHD en nuestras producciones en directo. Y es que está claro que es uno de los aspectos que más cambia y en el que más debemos aprender. Sin embargo, la técnica no es nada si no cuenta una historia. Veamos qué implicaciones puede tener el 4K y el 8K, el UHD, el WCG y el NGA, no en la técnica, sino para contar historias, que es lo que importa.

 

Más definición, más realidad

Comencemos con la definición. Ya sabemos, porque hemos hecho mucha pedagogía sobre ello, que UHD no es solo 4K, es más. Sin embargo, la definición es el aspecto de estos nuevos formatos más fácil de entender y de manejar tanto por profesionales como por consumidores. Por esta razón, aumentar la definición tiene implicaciones en qué vemos y cómo lo vemos más allá de verlo mejor.

Si aumentamos la definición y permitimos ver más detalles quizá estemos mostrando cosas que antes no se veían y que no queríamos que se vieran. Quizá no reparábamos en ellas porque la técnica no nos permitía mostrarlas, con lo que las limitaciones técnicas eran una ayuda, pero ahora hay que tener cuidado. Desde un maquillaje más trabajado hasta unos decorados, planos o movimientos más refinados son necesarios ahora que nos aproximamos, o quizá sobrepasamos en el caso del 8K, la definición perceptible por el ojo humano.

Y es que más definición no siempre implica mejores historias. Es menester recordar que en ocasiones queremos mostrar la realidad, como en las noticias o deportes, pero en ocasiones queremos contar una historia, incluso en una retransmisión en directo. Es por ello por lo que debemos tener en cuenta la nueva herramienta que tenemos entre manos.

La principal implicación del aumento de la definición cae en la composición del plano y los movimientos de cámara. No es necesario, incluso debe ser evitable, realizar movimientos, tanto de cámara como de zoom, tan bruscos como los realizábamos en HD. Con tanta definición el espectador no puede apreciar todo lo que le mostramos incluso puede resultarle confuso. Con tanta definición hay que “moverse por el plano” para lograr verlo todo. Debemos permitirle al espectador un tiempo prudencial para recorrer la imagen y fijarse en lo que queremos que se fije, no forzarle a ello.

 

La segunda derivada, la profundidad de campo

Y muy unido con la definición viene la profundidad de campo, el espacio entre el primer y el último objeto nítido o enfocado. Y es que con una mayor definición el aumento de la profundidad de campo está implícito. Esto va en contra de una tendencia con algo de tiempo que incita —incluso el smartphone que tenemos en el bolsillo ofrece trucos para esto— a disminuir la profundidad de campo en nuestros planos.

Pero, ¿cuál es el objetivo de disminuir la profundidad de campo? Además de ser una moda, más o menos pasajera, ayuda a centrar la atención en un punto de la imagen, ofrece más dramatismo a la toma e incluso acerca al espectador a la acción. Hay dos maneras de disminuir la profundidad de campo: aumentar la distancia focal  —el zoom—, con lo que modificamos el encuadre en sí, o aumentar la apertura del diafragma, con lo que modificamos la exposición y brillo de nuestra escena. Ambos aspectos tienen implicaciones en la composición del plano que no se pueden obviar.

Siempre habrá que optar por un compromiso entre lograr la profundidad de campo deseada y enseñar lo que la nueva definición nos permite. Más adelante entraremos en las implicaciones de usar los mismos planos en producciones duales, HD y UHD —que a primera vista son muchas, pero en la práctica no tantas— en las que la profundidad de campo tiene mucho que jugar.

 

El HDR, ver más con los mismos pixeles

Siempre se ha dicho, y comparto, que el HDR es el “efecto wow” del UHD. Y es que se ha comprobado, incluso en estudios realizados por BBC y la EBU, que los espectadores prefieren una imagen HD-HDR que la misma imagen 4K-SDR. Por algo será. Y es que la principal diferencia entre lo que nuestros ojos ven mirando por la ventaja y lo que vemos a través de una pantalla no es tanto la definición si no el rango dinámico, la luminosidad, que podemos apreciar.

Hasta hoy si hacíamos una toma con alto contraste —el ejemplo más clásico de un partido de fútbol en sol y sombra a media tarde— debíamos elegir entre mostrar el sol o la sombra, además de hidratar convenientemente a nuestros controles de cámara por el esfuerzo constante y el ajuste continuo que tenían que hacer sobre la exposición de todas nuestras cámaras. Nunca más con el HDR.

Ya sea HLG, más extendido en producciones en directo por su retrocompatibilidad con SDR y por la metadata estática que permite su intercambio más fácilmente —como en Dolby Vision o cualquier otra curva PQ con metadata dinámica mucho más capaces pero complejas— todo formato HDR nos permite mostrar una imagen mucho más próxima a la captada por el ojo humano y enseña mucho más que un aumento de la definición, comprobado.

Esto trae de cabeza a los creativos en ficción ya que antes usaban las sombras, incluso las luces, para ocultar lo que no se quería mostrar de una escena. En directo también tiene sus implicaciones ya que impide focalizar tanto el objetivo de nuestra imagen en un punto. Enseñar más, de una manera similar a la que ocurría con la definición, obliga al espectador a interpretar más información con lo que necesita más tiempo y más esfuerzo; debemos otorgárselo.

Inicialmente, cuando no entendíamos muy bien qué podíamos hacer en HDR, se exageraba su efecto, sobrepasando incluso el rango dinámico del ojo; tampoco es eso. En el otro extremo estaba quien intentaba aumentar el contraste para perder algo de efecto HDR ya que se sentía más cómodo controlado una imagen SDR “de toda la vida”. Menos mal que aprendemos rápido.

Hoy día hemos aprendido a usar el HDR de manera que somos capaces de ofrecer al espectador una imagen mucho más natural, muy similar a lo que ve en el mundo real, ayudándole a centrar el objetivo en el punto deseado de la escena. Esto no se logra solo con el control de luminancia, sino que es combinación de la definición, la profundidad de campo y el rango dinámico. Este último está hoy en día controlado, aunque aqueda mucho recorrido aún por recorrer.

 

WCG, sí el color también cuenta

Si la definición es la gran ensalzada del UHD el color es el gran olvidado. Sí, el color también importa. Y es que el espacio de color 709 que teníamos antes en SDR definido por la cantidad de colores que podían reproducir los fósforos detrás del vidrio de una pantalla CRT —ahí es nada¬— no es que se haya roto con el nuevo espacio 2020, si no que se ha pulverizado.

De un espacio de color que nos permitía mostrar tan solo el 35.9% del espectro de color visible por el ojo humano, como era el 709, pasamos a uno que nos permite mostrar nada más ni anda menos que el 75.8% de todos los colores de nuestro mundo visible, el 2020. Y esto va más allá de duplicar el número de colores, va de que ahora nuestra paleta se mueve en un espacio tres veces mayor, con lo que, de nuevo, debemos hacer elecciones que antes no hacíamos.

Desde la saturación o el matiz de nuestras escenas hasta el balance de blancos, aunque el punto blanco D65 se mantenga en ambos espacios de color, son componentes de nuestra imagen donde ahora tenemos mucho más margen de maniobra y también menos margen de error. Con un espacio de color limitado el espectador entendía que los colores no fueran los mismos incluso admitía ciertos cambios de una cámara a otra. Pero ahora estos errores pueden ser mucho mayores y además menos aceptables ya que ya le hemos enseñado todo lo bien que lo podemos hacer. Si me das langosta ya no me gusta la mortadela con aceitunas.

 

Conclusiones, si es que las hay

Es difícil resumir en un par de párrafos lo que artísticamente implica el cambio de formato del HD al UHD en nuestras retransmisiones en directo, pero releyendo estas líneas hay un componente común: tenemos muchas más herramientas a nuestro alcance.

Y es que tener más herramienta implica mayor responsabilidad, tener que tomar más decisiones y más esfuerzo. Aunque quizá no todos estén dispuestos a hacerlo. Muchos nos quejábamos de que antes no podíamos ver las sombras o que los colores no eran “naturales”, —sea lo que sea lo que eso significa—, pero ahora que dichas limitaciones técnicas se han eliminado, la cosa se ha vuelto más compleja.

Y es que nadie dijo que el futuro fuera más fácil, dijo que sería mejor. Y el UHD es mejor que el HD para nuestras producciones en directo, no hay duda, pero hay muchas más elecciones que hacer, información que mostrar u ocultar, y eso cuesta.

Durante años y años, hemos trabajado para lograr grandes resultados a pesar de las limitaciones de la tecnología. Pues bien, ahora esas limitaciones se han roto. Con lo que nuestra adaptación ahí no aplica, hay que reaprender. Una cosa es segura, los espectadores aprecian las innovaciones y las evoluciones, siempre que les ofrezcamos la aplicación correcta de las mismas. El “efecto HDR” es un mal ejemplo de ello.

ETIQUETAS:
Blackmagic Design pr
Colaboración entre