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Taller de creación audiovisual independiente (I)

¿Por qué mis grabaciones no tienen la estética y presencia de lo que veo en el cine? Sé lo que quiero pero no sé cómo hacerlo. Sé la historia que quiero contar pero no tengo presupuesto… Me gustaría hacer un video clip con una estética cinematográfica pero no tengo los medios necesarios… El presupuesto de iluminación impide que salga adelante la producción… ¡Quiero acabado CINE, NO VIDEO! Nos estamos acercando. Veamos qué nos ofrece la cinematografía DSLR. Pero antes, vamos a comentar algunos aspectos que determinan que nuestro audiovisual, sea cortometraje, videoclip, corporativo, etc. tenga buena presencia con independencia de los medios técnicos empleados más allá de unos mínimos obvios. Si analizamos la obra de algunos creadores audiovisuales, reparamos en que frecuentemente sus primeros trabajos no contaban con grandes medios y aún así, algo maravilloso difícil de definir se encontraba ahí: Talento. Podríamos decir que los medios técnicos empleados, pocos y muy básicos, estaban especialmente bien aprovechados. Entonces, ¿qué tienen esos trabajos? Pues muy fácil, tienen un conocimiento claro de los siguientes elementos.

El Público al que me dirijo

Cuando decimos que debemos determinar un público objetivo, algunas voces autodefinidas como “autores” reivindican la independencia de la obra y su autosuficiencia al margen del público. Se defiende desde esa postura que la obra audiovisual no debe someterse a ninguna imposición y/o restricción que pretenda agradar al público. La obra gustará o no, pero para ser integra deberá ser independiente. Este último concepto es difuso, ya que al menos será dependiente del autor. Decía Tarkovski, director de culto para muchos, que su relación con el público era confusa porque nunca modificaría el planteamiento de una obra  para agradarlo, pero al tiempo, esperaba llegar a él y transmitirle un mensaje. En cierto modo casi todos los artistas reconocidos han dicho cosas similares. De forma sutil se acepta que una obra pretende ser algo más que un espejo de nosotros mismos. Una obra quiere llegar a otras mentes, dialogar con ellas, y de alguna manera, transformarlas.
Y es en este punto en el que creo conveniente diferenciar entre una obra audiovisual por encargo y una obra que responde a una inquietud personal. Aunque para muchos será obvia la diferencia y por lo tanto innecesaria, lo que la experiencia me ha enseñado es que muchos realizadores cuando trabajan por encargo, tratan de imponer sus criterios de cómo debe hacerse ese trabajo. Los que vivimos de grabar, editar y realizar, tenemos muchas lagunas cuando empezamos en esta profesión, (como en todas por supuesto), que pretendemos cubrir con criterios defendidos por otros, (el zoom no se puede usar, la cámara no se mueve si no se mueve la acción, el eje no se puede saltar, etc.),  y  cuando hemos madurado, tenemos esas u otras convicciones  de cómo se deben hacer las cosas que nos impiden ver otros puntos de vista. Por lo que muchos al empezar hacen las cosas como dicen “otros” sin reparar sin son adecuadas para el tipo de trabajo en cuestión, y en la madurez, no se contempla otra forma correcta más allá de la nuestra. A diario hablo con realizadores que critican la calidad de las nuevas cámaras y codecs de grabación considerándolos inadmisibles, tipos de plano y encuadres que consideran que atentan contra el lenguaje audiovisual o estructuras narrativas de guión que no respetan los tres actos y como tal, son ininteligibles. Estos son solo tres de los muchos ejemplos que podría mencionar.
Creo que es decoroso preguntarse a quien se dirige principalmente el audiovisual que nos han encargado. Conocer sus expectativas si existen, o su respuesta razonable ante un tipo de trabajo determinado y en consecuencia, emplear los medios técnicos y narrativos que mejor alcancen a ese público. Respondiendo a los ejemplos anteriores, nuevas cámaras más económicas permiten que grabe video o compre video quien hace unos pocos años no podía. En valor absoluto la calidad en algunos casos es inferior, (en otras es superior le pese al que le pese), pero es admisible para el público. No se trata de lo que para mí es admisible, (planteamiento egocéntrico), se trata de lo que el cliente para el que trabajo puede o quiere pagar, y lo que el público al que me dirijo considera válido.  Por ejemplo, las personas que en este momento tienen menos de 20 o 25 años, no ven problemático el video “pixelado” de los teléfonos en cierto tipo de videos; o respecto al ritmo, no ven mal innumerables planos seguidos de 10 o 15 fotogramas. O que un videoclip sea una sucesión de planos ajenos al supuesto sentido de la canción, o que el racord tradicional constantemente su incumpla. Es el caso de saltos de eje, diferentes proporciones y profundidades de campo en mismos encuadres, o diferentes luces en la misma escena por citar algunos hechos comunes. No se trata como fin último estar o no de acuerdo con esas formas de proceder, (injustificadas sin duda en ciertas producciones), se trata de aceptar que ya se están dando por hecho de la misma forma en la que ya se da por válido el signo “x” en un sms en lugar de un “por”. Creo más acertado luchar contra el inmovilismo que luchar con el movimiento.
Nuestra obligación es conocer nuevos planteamientos audiovisuales, con independencia de si nos gustan o no, y por descontado, revisar y cuestionar los nuestros. Ser capaces de pensar como el público al que me dirijo. Los realizadores que se sienten “cultos” y desprecian contenidos “generalistas” se aíslan de la realidad. Nuevamente no se trata de si me gusta o no un programa de “cámara en mano”, de lo que se trata es de que son muchos los que ya se hacen así, y como tal tengo que entender cómo funcionan. Tengo que verlos con la expectativa de aprender cómo se desarrollan, como hilvanan las historias, como operan la cámara, como captan el audio, cómo interactúan con la luz existente, etc. No si la cámara se mueve, o si con poca luz la ganancia es visible, que es algo obvio.
Si por ejemplo estoy haciendo un reportaje social, debo respetar lo que espera de él mi cliente. No diré en valor absoluto si algo es “moderno” o antiguo”. Si lo considero oportuno, le mostraré antes de contratar el servicio, otras opciones; y si aceptan así lo haremos, pero nunca haremos lo que nosotros consideramos “bueno” sin pensar en el cliente. Si estoy haciendo un video clip, primero veré muchos video clips, hasta que pueda encontrar estilos y similitudes. A continuación hablaré con el grupo sobre su idea y sus expectativas, todo ello en el contexto del presupuesto y/o medios técnicos disponibles. Entonces acordaremos un guión o esquema de trabajo y una realización y montaje determinado. Pensar en el público y en consecuencia, estudiar y comprender sus hábitos e inquietudes  nos hace mejores profesionales.
Como nota final en este punto diré que en los proyectos personales, (es mi opinión, solo eso),  no deberá haber más restricción que la prudencia a la hora de publicarlo, siendo conscientes que un tema concreto bajo un planteamiento dado, puede ser ofensivo para otros. Este tema creo que debe hacernos reflexionar. La web permite subir nuestros videos a una gran cantidad de páginas tipo Youtube o Vimeo y perder el control de nuestro mensaje. Alguien que pretenda ser “autor” debe comprender la repercusión de sus creaciones para no tener que decir posteriormente algo tan patético como “no imaginé que este video podría…”

Quién está detrás de la cámara: técnicas y conceptos

Retomo el párrafo en el que comentaba que aún en las primeras obras audiovisuales de ciertos creadores, se identifica claramente el talento con independencia de los medios técnicos empleados. ¿Qué hay en ellos? Una mezcla de destreza técnica y de creatividad.
Lo primero que quiero aclarar aquí es, comprender la diferencia entre lograr un buen trabajo con gran impacto con pocos medios y sin unas directrices previas pero sin una expectativa concreta, y saber grabar algo que se nos pide en concreto. Frecuentemente veo trabajos de personas que no trabajan profesionalmente en el video pero logran resultados estupendos. Ocurre igual en fotografía. En el momento en el que escribo, el video con las cámaras DSLR está en un punto dulce y vemos muchas pruebas de aficionados hechas con estas cámaras. Maravillosos contraluces, suaves fuera de foco, montaje al corte digno de películas de Lars von Trier, músicas elegidas con una sensibilidad mágica… Pero cuando a uno de esos aficionados se le pide un trabajo profesional concreto, tipos de plano y movimientos de cámara específicos, manejo de la luz artificial, y coordinar la música con un compositor, la cosa cambia. Es habitual que quien tiene sensibilidad artística sepa con pocos medios lograr un video con alma, pero eso no supone que sepa contemplar todos los aspectos propios de un trabajo profesional. En la música es muy evidente. Persona que sin formación musical canta bien pero que no tienen porque saber entonar la escala frigia, por ejemplo. Para ello hay que estudiar. Cuando juntamos facilidad natural con constancia y respeto por el estudio de la teoría, estamos ante el mejor escenario posible.
Un buen realizador tendrá un dominio de la técnica hasta el punto de automatizar su   comportamiento desde la preproducción hasta el rodaje y edición,  verá en cámara como ve una persona, entenderá los planos, la posición de la cámara respecto a lo grabado, los movimientos de cámara, de donde viene la luz, qué sombras crea, qué efecto tendrá la ganancia en la calidad de la imagen … ¡tantas cosas! Podrá entonces centrarse en el guión o en el briefing del cliente, en que la localización sea la adecuada y que los actores o participantes estén relajados para hacer bien su trabajo. Las cuestiones técnicas irán por la “vía rápida”, el inconsciente. Lo predecible en el rodaje estará tan asentado que podrá dedicar sus esfuerzos a evitar problemas potenciales o a mejorar lo previsto. Como se logra esto, pues empleando una técnica secreta que pocos conocen: estudiando mucho y practicando más. Un músico necesita de unas 10.000 horas de entrenamiento para alcanzar una destreza aceptable. Eso supone 3 horas al día durante 10 años… En principio es así de simple.
El otro aspecto que determina quien es un buen profesional es su capacidad creativa. No hablaremos de técnicas de creatividad pero sí de cómo se comporta una persona realmente creativa. Dedica mucho tiempo a buscar referencias, sean otros trabajos audiovisuales, escuchar y compartir con otras personas, explorar fuera de los límites convencionales de la profesión, literatura, pintura, música, etc.,  dedica tiempo a probar tecnologías nuevas, software, cámaras, etc. Su actitud vital está muy vinculada a su profesión, (que nada tiene que ver con no tener vida más allá del trabajo). Mi comentario al respecto es que debemos realizar un esfuerzo por comprender aquel arte que no nos gusta o no entendemos. Casi cualquier cosa o hecho humano se puede integrar en un sistema. Aún a riesgo de ser corregido, diré que un sistema es un  conjunto de elementos dinámicamente relacionados, que produce otros elementos que pueden ser fin último o nuevo elemento de otro sistema. Si por ejemplo no me gusta el videoarte actual, (me es imposible en la extensión de este texto concretarlo como quisiera), puedo tratar de entender cómo funciona el proceso creativo de un video artista. Eso en sí mismo es un sistema. Interesarme por las técnicas de grabación y montaje que emplea, los gustos que previamente él tiene, sus preocupaciones y deseos de comunicar… El objetivo es comprender esa pieza audiovisual en su conjunto, más allá de lo obvio, de si me llena o no. Ese videoarte probablemente esté en una web relacionada con el tema. Allí habrá más videoartes. Trataré entonces de comprender ese nuevo sistema que se alimenta de muchos pequeños sistemas. Entonces haré clasificaciones mentales de los tipos de videos que veo, leeré los comentarios de las personas que escriben sobre los videos y buscaré conexiones entre las ideas. Comprobaré que algunas personas parecen entender y otras quieren parecer que entienden… Seré ambicioso y avanzaré. Intentaré comprender que reacción tiene el público no introducido sobre el video arte, o por qué no a lo grande, sobre lo que piensa sobre el arte moderno. Pero no olvidaré que los últimos cuartetos de cuerda de Beethoven no gustaron cuando se estrenaron  pero hoy son para muchos el verdadero legado musical de Beethoven y la puerta al Romanticismo. Tal vez lo que hoy no entiendo y rechazo sea evidente en un futuro próximo. Finalmente trataré de entender el sistema de la divulgación artística y pensaré en cómo algunos video artistas reciben subvenciones para sus proyectos, qué determina dónde y quien exhibe y el comportamiento de la crítica. Si soy capaz de aislarme de mis prejuicios y de las manidas teorías simplistas de “por qué las cosas son como son”, habré aprendido muchas cosas que sin duda enriquecerán mis próximos videos. La creatividad se cultiva, contentarse con la facilidad natural es mediocre e inmoral. La cultura nos hace libres, y algo para mi importante, nos hace más sociables.  El ejemplo del videoarte sería similar si estudiamos la globalidad del cine de acción actual o las series de policías en sus mil y un sabores.
No puedo terminar este punto sin recordar lo que dijo Beethoven (fuente Wikipedia) cuando le comentaron al compositor que una de sus últimas obras había causado el rechazo general, éste respondió “No importa, no la compuse para ellos, sino para el futuro”

El escenario, lo que está delante de la cámara

En la ficción, (cine, video clip, etc.),  mucho de lo que está delante de la cámara es lo que se quiere que esté, ni más ni menos. Al principio cuesta entrar en el ritmo de la producción “ficción” frente a la producción periodística. En la segunda contamos lo que está pasando y no podemos alterar la realidad que se muestra delante de nosotros, y en la primera contamos lo que queremos contar; entre otras cosas, disponiendo de los elementos que consideramos necesarios para contar la historia que queremos. En cierto modo la producción periodística ficciona la realidad desde el momento que se elige qué se muestra y qué no se muestra, y como no, el orden en el que se cuentan las cosas. Por ello lo que tenemos que tener en cuenta es que si nuestra producción es ficción, trataremos de que las localizaciones sean las que queremos o las que más se parezcan a lo que queremos. En términos de luz, sonido ambiente, situaciones predecibles, etc. y por supuesto, estética y elementos que se amolden a la narración deseada. Y si estamos grabando un documental, un video corporativo, etc. seleccionaremos la parte de la realidad que nos interesa para transmitir el mensaje adecuado. Esta observación, en opinión de quien escribe, no sería lícita en el caso de captación de noticias. Obviamente este espacio no está destinado a debatir sobre el criterio periodístico y en consecuencia sobre la creación de opinión, pero considero conveniente mencionarlo.
Por ello, después de valorar el público de nuestro próximo video, pensaremos en el escenario y en cómo afectará al resultado final del video. En muchas ocasiones no habrá por nuestra parte posibilidad de modificarlo, es el caso de un reportaje social, un evento, un corporativo o una entrevista. En otras sí podremos opinar del tema, y proponer localizaciones o modificaciones de las existentes, un video clip por ejemplo. En cualquier caso pensaremos en el efecto emocional que se pretende lograr en nuestro público objetivo, en definitiva, que sentimientos queremos despertar o potenciar en el espectador de nuestro audiovisual. Términos como confianza, ternura, angustia, pasión, por citar algunos deben estar en nuestra cabeza para que las herramientas que empleemos durante la grabación y la edición nos lleven a ese fin.
Vamos a estudiar estas situaciones por separado. En primer lugar hablemos de cuando no podemos modificar nada de la localización. Esto es importante tenerlo claro para que el resultado final no nos produzca frustración, (en cierto modo siempre nos debe quedar la sensación de que podríamos haber grabado algún plano más, o pulir un poco más la edición… lo contrario me asusta), porque la estética o “atmosfera” no se parezca a tal o cual película o incluso a otros videos similares a los nuestros, que casi siempre tienen recursos para ficcionar la realidad aunque creamos lo contrario. Si estamos grabando por ejemplo un evento de presentación de un producto, imaginemos que una marca presenta un nuevo modelo de teléfono móvil de gama alta, el efecto emocional que se pretende transmitir es elitismo, vanguardia tecnológica. A una parte de los usuarios de telefonía móvil les gusta que su teléfono sea el más novedoso y esté repleto de aplicaciones tecnológicas. El video terminado del evento, inicialmente se colgará en la web de la empresa y se mandará el enlace a todos los asistentes que acudieron, así como webs especializadas y televisiones por si se pudiera lograr más notoriedad. Esperaremos a que esté lleno de gente para lograr planos generales que muestren la buena acogida de la convocatoria y el ambiente general. Elegiremos tiros de cámara que muestren lo mejor posible la decoración. Tomaremos planos de detalle del producto y de los elementos decorativos pensando ya en ese momento en montaje, (dónde irán esos planos en el video), planos medios de los asistentes en actitudes que beneficien la transmisión de la idea original, planos de personas probando el teléfono, entusiasmadas, sorprendidas, conformes con sus prestaciones. Nos preocuparemos de que las personas que aparezcan en planos medios y sean reconocibles, tengan gestos o actitudes interesantes para que afiancen la idea general del video. Seguramente habrá alguna intervención de miembros de la empresa. No podremos modificar el lugar en términos de  sonido, pero sí podemos y debemos adelantarnos a lo que razonablemente ocurrirá, y contaremos con nuestro propio sistema de sonido por si no nos facilitan uno. Basta situar un micro inalámbrico de forma discreta en el atril del orador para captar un sonido que pasa de enlatado reverberado a razonablemente válido.
El ritmo de montaje estará presente mientras grabamos.  No siempre se puede lograr un ritmo determinado durante la edición por la duración de los planos o la cantidad de ellos. Los hechos vitales tienen su propio ritmo y es reconocido por el espectador. Una “promo” de un partido de futbol puede funcionar con 20 planos seguidos de 5 fotogramas cuadrados con la percusión de la música empleada (100 fotogramas, 4 segundos) o dedicar esos 4 segundos a un primer plano ralentizado de un gesto de desolación del portero al recibir un gol. Pero sería más difícil de justificar esos 20 planos en, por ejemplo, un  video de formación en el manejo de un nuevo dispositivo médico. Por ello, mientras grabamos, le daremos a cada plano un tiempo que en edición nos permita comunicar correctamente. Un ejercicio de madurez es encontrar el tempo de cada plano según la realidad que estamos grabando. Lo que ocurre dentro de un plano, en si mismo tiene su montaje interno y no es fácil modificarlo sin arruinar su esencia.
Veo frecuentemente operadores de cámara que cogen unos pocos planos y dicen “es suficiente” o “no había gran cosa que grabar”, y cuando editas preguntas, ¿dónde está el plano general de la sala llena de personas escuchando al orador? ¿Y el contraplano con referencia?, ¿el plano del gesto conforme del cliente? Se aprende a grabar editando, y a editar, grabando. Aunque no podamos modificar nada de lo que está delante de nuestra cámara, nuestra obligación es buscar los mejores planos posibles. ¿Cómo? Viendo mucho video y cine y pensando en lo que tenemos ante nosotros antes de ponernos a grabar sin criterio. Imagina el video que querrías entregar y preocúpate de encontrar esos planos.
En el otro extremo están las grabaciones en las que podemos modificar o seleccionar el escenario. La ficción básicamente. Imaginemos como decíamos que nos encargan un videoclip. El grupo musical tiene una idea que nos trasmite. Ellos son músicos no tienen porque saber de planos, encuadres, etalonaje… (O sí. Los músicos suelen estar más próximos a la imagen que nosotros a la música), seremos nosotros los que con nuestras preguntas acertadas iremos moldeando la idea. Nuestro trabajo entre otras muchas cosas consiste en explicarles que cosas de las que tienen en la cabeza son más complejas de lo que piensan, (siempre os dirán eso de “en postproducción lo arreglas” o “ahora con el ordenador haces lo que quieres”) y que cosas en las que no han pensado se pueden hacer porque son sencillas en cierto modo en relación al resultado obtenido. Por ejemplo, cómo se ha simplificado hacer un croma con unos mínimos, o cómo funcionan con poca luz las réflex digitales que graban video. Les contaremos la importancia narrativa de los elementos que aparecen en el plano y como no, lo que representan los lugares. Esto es obvio para muchos pero no para todos. Al mismo tiempo comprenderemos si esos elementos son o no accesibles, y de serlo a que coste, es difícil encontrar un grupo musical joven que esté dispuesto a renunciar a un coche antiguo en su videoclip o a una modelo con un culo  más duro que una piedra. Y respecto a los lugares les informaremos de cuando es o no legal grabar en ciertos sitios, los problemas potenciales de hacerlo de “extranjis” y que la luz tan agradable que hay a las 9:15 en mayo ya no está a las 9:25. Por ello, lo primero es adelantarnos a problemas y lo segundo procurar que los elementos narrativos estén y cumplan su función.

Txt: Alvaro Bernal
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