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- “Tenemos una capacidad muy alta para adaptar modelos de trabajo sobre la marcha”, pone en valor el directivo de la filial de Telefónica.
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* Este artículo está incluido en el número de junio de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.
Raúl Izquierdo no duda cuando se le pregunta por el momento más decisivo de su carrera: su incorporación a TBS (Tech Brand Stories, filial de Telefónica) tras 20 años en Mediaset. “Me sentía valorado, hacía proyectos que me gustaban… Pero surgió esta oportunidad”, rememora. Entró en la compañía en 2018 como gerente de Explotación Técnica y asumió posteriormente la dirección general.
Su experiencia en producciones internacionales -como la Fórmula 1 o MotoGP-, le han permitido adquirir una visión más global del sector e identificar mejor la posición que ocupa la industria española en este escenario. Destaca su flexibilidad: “En cualquier producción surgen imprevistos, eso es parte del día a día. Muchas veces son cosas que no dependen de ti, pero tienes que responder. Y ahí es donde creo que en España lo hacemos realmente bien. Tenemos una capacidad muy alta para adaptar modelos de trabajo sobre la marcha, y eso no es tan común fuera. Es algo que deberíamos poner más en valor”.
La transcendencia del cambio hacia infraestructuras IP -campo en el que Izquierdo ha desempeñado un papel activo-, los dilemas que plantea la inteligencia artificial o las nuevas formas de producción figuran entre los temas destacados de la conversación. A continuación, la entrevista:
En primer lugar, me gustaría que me dieras alguna pincelada de tu trayectoria profesional.
Estudié Ingeniería de Telecomunicaciones en la Politécnica de Madrid y, si no recuerdo mal, estando en segundo curso me llamaron para hacer una beca en Mediaset, que por aquel entonces todavía era Telecinco. Estuve allí unos seis meses y, al terminar, me contrataron. A partir de ese momento empecé a cogerle afición al oficio. Uno de los primeros proyectos en los que participé fue ‘Médico de familia’, y luego vinieron muchos programas de entretenimiento en directo.
El primero que hice fue ‘Euromillón’. Hace ya muchos años, creo que sería por 1998. A partir de ahí, comencé a trabajar con unidades móviles. En aquella etapa se hacían muchas galas en televisión, y Telecinco era una de las cadenas que más galas emitía: Miss España, la de la Hispanidad… todo ese tipo de producciones. Después pasé a hacer mucha ficción. Mediaset, en aquel momento, producía muchísima ficción, mucho entretenimiento y muchos directos.
Tuve también la suerte de participar en proyectos más internacionales. Estuve varios años trabajando en Fórmula 1 y MotoGP, tanto para Mediaset como para terceros. Creo que todo ese recorrido, y la experiencia de haber trabajado con distintos modelos de producción, me llevó en su momento a dar el salto a TBS, primero como director técnico y, actualmente, como director general de la compañía.
¿Cuáles dirías que han sido los momentos más decisivos de tu carrera? ¿Qué hitos te vienen a la cabeza?
A nivel personal, sin duda, el momento en el que decidí dejar Mediaset tras 20 años para venir a TBS, a Telefónica. Fue una de las decisiones más complicadas de mi carrera, y también una de las que más ha marcado mi trayectoria profesional.
Fue difícil porque Mediaset era mi casa —y lo sigue siendo, en cierto modo. Me sentía valorado, hacía proyectos que me gustaban… Pero surgió esta oportunidad. La verdad es que antes ya había tenido otras propuestas de cambio, pero nunca llegó un proyecto que realmente me apeteciera. Por distintas razones: por el momento personal, por el tipo de proyecto, por el timing… Sin embargo, este sí me apetecía, me motivaba. Y creo que ahí está uno de los puntos de inflexión más relevantes de mi carrera.
Aunque está claro que son empresas muy distintas… ¿has valorado similitudes y diferencias entre una y otra?
Son muy diferentes, sí. Al final, una es una cadena de televisión y la otra es una productora-agencia, una empresa de servicios. Pero es verdad que en la época de Mediaset teníamos muy interiorizado el concepto de servicio, especialmente desde el área técnica.
Ese enfoque lo sigo teniendo muy presente y es lo que he intentado trasladar también aquí. Lógicamente es distinto, y además ahora en la posición que tengo en TBS ya no se trata solo de la parte técnica: también hay desarrollo de negocio. Aunque conservo ese sesgo técnico que, en algunos casos, me ayuda, es un rol más amplio. Y TBS, al final, es una compañía de Telefónica, con casi 450 empleados: no es precisamente una empresa pequeña.
Tanto en Mediaset como en TBS habrás vivido varios momentos críticos. ¿Me contarías alguna anécdota?
Sí, ha habido muchos, claro. Situaciones que con el tiempo recuerdas con una sonrisa, pero que en su momento fueron críticos. Hay varios que tengo muy presentes.
Uno fue poco después de empezar en Telecinco. Estaba un viernes haciendo el turno del ‘Euromillón’, en el que estaba el programa del Telecupón, que se hacía a última hora todos los días. Yo era muy metódico: me aseguraba de que todo el mundo estuviera en su sitio, a su hora; la parte técnica la tenía controlada. Pero, a dos minutos de empezar la emisión, me di cuenta de que no estaba el realizador. Y el realizador no dependía de nosotros.
Intentamos localizarle, pero no lo encontramos. Llamé al del Caiga Quien Caiga, pero estaba en una reunión del Club Disney del sábado…. Hablamos con emisiones para avisarles de que no había realizador pero se limitaron a decirnos que aquello tenía que salir. Me acuerdo que miré a Humberto, que era el mezclador, y a Eva que era la operadora de VTR, que también llevaban muy poco tiempo en esos puestos, y les pregunté: “¿Vosotros esto lo tenéis más o menos claro?” Me dijeron: “Bueno, creemos que sí”. Les dije: “Pues venga, vamos a hacerlo entre todos y lo sacamos”.
Y así fue. Hicimos la realización como pudimos, y la verdad es que no se notó mucho. Aún conservo una carta de agradecimiento y reconocimiento de aquel día. Fue impactante porque llevaba solo cuatro o cinco meses contratado.
Otra situación que recuerdo muy bien, esta vez a nivel tecnológico, fue cuando migramos toda la infraestructura a comunicación IP. Fue durante un directo y, al volver de una pausa publicitaria, hubo un problema de red. El control se quedó totalmente inutilizado: no funcionaba el mezclador, ni la matriz, ni siquiera los teléfonos, porque todo el sistema era IP. Te dabas cuenta, en ese momento, del impacto real de un cambio de ese tipo en un entorno broadcast.
¿Recuerdas en qué año fue esta última anécdota?
No sabría decirte exactamente, pero a nivel tecnológico fue en los primeros años de ese cambio hacia el entorno IP. Para mí, ha sido uno de los grandes avances del sector, porque es lo que ha permitido evolucionar hacia nuevos modelos de producción.
En ese sentido, Telecinco fue bastante vanguardista. Coincidió con una renovación completa de los controles, y este fue uno de los primeros que se migraron a esta tecnología. Fue una experiencia que nos enseñó muchísimo.
Ya que has mencionado la migración a IP, ¿qué avance tecnológico crees que ha tenido más impacto en el sector, en virtud de tu experiencia?
En mi caso, va muy ligado precisamente a esa parte de IP. Durante mi etapa en Fórmula 1 y MotoGP viví de cerca esa transición, el paso de la transmisión vía satélite a la transmisión por redes.
Yo viví esa evolución muy de cerca, y en algunos casos participé directamente en ese cambio. Más allá del vídeo, ya se empezaba a ver el potencial de la conectividad. Era impresionante estar en Malasia o en Australia y tener una conexión con Madrid con una latencia relativamente baja.
Ahí fue cuando empecé a probar cosas: remotear matrices, por ejemplo. Cosas que nos facilitaban el día a día de la producción. Pero intuía que había más. Había un potencial que todavía no se estaba explotando del todo. Me fijaba, por ejemplo, en los equipos que montaba EBU en cada evento.
A la vuelta de uno de esos viajes, empezamos a hacer pruebas de producción remota en Mediaset. Sé que esas pruebas sirvieron de base —entre otras— para el modelo de producción remota que usamos actualmente en TBS. Parte de esa información y experiencia, junto con la evolución de los fabricantes y la propia tecnología, se ha ido aplicando también en otras compañías. Así que, sí, para mí la producción sobre IP, unida al cloud y a la IA, va a marcar unos años muy interesantes.
¿Hay algún avance, por contra, que creas que recibió demasiada atención y después no fue para tanto?
Sí, yo creo que todo el tema de la resolución de imagen —el 4K, el 8K, el 12K…— ha tenido mucho bombo, a veces excesivo. Evidentemente tiene su sentido dentro de ciertos procesos de la cadena de producción, y está fenomenal que se utilice cuando toca. La tecnología está ahí y puede aportar.
Pero la realidad, al menos en España, es que más allá del 4K, en lo que es producción y sobre todo distribución, las cosas se complican. Porque no se trata solo de producir en 8K: luego tienes que emitirlo. Y ahí entran factores como el ancho de banda, la infraestructura, los costes…
Ha habido mucho marketing en ese sentido. Los fabricantes de televisores han empujado mucho la idea de “cuantos más Ks, mejor”, aunque luego no tengas contenido real para ver en esa resolución. Y seamos sinceros: en una televisión doméstica, más allá del 4K es muy difícil apreciar la diferencia.
No es un tema de capacidad —que la hay—, sino de sostenibilidad. Ya el 4K supone un reto en términos de costes. Y todo esto abre un debate que seguimos teniendo: 4K vs HDR, 1080p vs 1080i, IP vs SDI… En fin, creo que se generó demasiado ruido para lo que luego ha sido en la práctica.
“Todo el tema de la resolución de imagen —el 4K, el 8K, el 12K…— ha tenido a veces un bombo excesivo. Es un tema de sostenibilidad. Ya el 4K supone un reto en términos de costes”
¿Cuál consideras que ha sido la noticia del último año?
La inteligencia artificial, sin ninguna duda. Creo que todavía no somos del todo conscientes de su capacidad ni del impacto que puede llegar a tener. No sabemos hasta qué punto se va a aplicar ni cómo va a evolucionar su integración en nuestros flujos de trabajo.
La tecnología ya está aquí, eso es innegable. Lo interesante ahora es ver cómo la adaptamos y la integramos dentro de la cadena de producción, y sobre todo cómo imaginamos nuevas formas de usarla.
Para mí, el verdadero cambio viene de la mano de la IA combinada con conectividad de baja latencia —5G, edge computing— y con las capacidades de cloud: almacenamiento, enrutamiento, gestión… La mezcla de todo eso va a dar lugar a modelos de producción muy diferentes a los que conocemos hoy.

“El verdadero cambio viene de la mano de la IA combinada con conectividad de baja latencia y cloud. Va a dar lugar a modelos de producción muy diferentes a los que conocemos hoy”
En relación con esto, ¿cuáles consideras que son los principales retos que enfrenta la industria broadcast a partir de ahora?
Desde un punto de vista de negocio, uno de los grandes retos es la sostenibilidad. La tecnología no es barata, y la inversión que requiere debe amortizarse de alguna manera. Además, creo que hoy en día hay una mayor tolerancia al error que antes. El consumidor se ha acostumbrado a los nuevos modelos de consumo —al streaming, a la conectividad variable— y ya no salta la alarma como antes si hay un pequeño corte o si se engancha la imagen.
En cuanto a contenidos, hay un reto muy claro: hacer las producciones sostenibles sin bajar la calidad. En los últimos años hemos vivido una burbuja de generación de contenido, y ahora esa inversión se ha contenido. Si no hay contenido, no hay producción técnica. Y esa contención está afectando a los presupuestos. El problema es que muchas veces los costes de producción no son fáciles de reducir —por estructura, por legislación, por muchos motivos—.
Entonces, el equilibrio está en mantener la calidad al mismo tiempo que haces el proyecto viable. Es verdad que el usuario está más familiarizado con cierto margen de error, pero si hablamos de producciones grabadas, postproducidas, no puedes permitirte bajar la calidad. Y ahí está el reto: encontrar ese equilibrio sin perder el estándar.
“Hoy en día hay una mayor tolerancia al error que antes. El consumidor se ha acostumbrado a los nuevos modelos de consumo —al streaming, a la conectividad variable— y ya no salta la alarma como antes si hay un pequeño corte o si se engancha la imagen”
¿Cómo ves la industria española? ¿Cuál es su grado de fortaleza respecto a otros países de nuestro entorno?
He tenido la suerte de haber trabajado en varios proyectos internacionales —como los mundiales de fútbol, MotoGP, Fórmula 1— y de trabajar y ver de cerca cómo trabajan empresas extranjeras. Y sinceramente, creo que en España hay un punto fuerte que nos diferencia y que es una virtud: la flexibilidad.
La flexibilidad para adaptarte a un problema, para reaccionar ante lo inesperado. En cualquier producción surgen imprevistos, eso es parte del día a día. Muchas veces son cosas que no dependen de ti, pero tienes que responder. Y ahí es donde creo que en España lo hacemos realmente bien. Tenemos una capacidad muy alta para adaptar modelos de trabajo sobre la marcha, y eso no es tan común fuera. Es algo que deberíamos poner más en valor.
¿Y crees que hay algún otro apartado en el que vayamos un poco por detrás de otros países?
Creo que en España tenemos, en general, un cierto complejo de inferioridad. Pero ahora mismo, en términos de producción, el sector español está muy bien posicionado a nivel internacional.
Es verdad que esa flexibilidad de la que hablaba, que para mí es una fortaleza, a veces se confunde con hacer chapuzas. Hay que saber diferenciar. Bajo el paraguas de “ser flexible”, a veces te encuentras con situaciones que no tienen justificación. No es lo habitual, pero existe ese riesgo. Así que también es responsabilidad de todos evitar caer en eso.
“Bajo el paraguas de “ser flexible”, a veces te encuentras con situaciones que no tienen justificación. No es lo habitual, pero existe ese riesgo. Debemos evitar caer en eso”
Me gustaría tener una reflexión tuya sobre el futuro. ¿Cómo te imaginas la televisión en los próximos años?
Creo que va a cambiar todo. De hecho, ya está cambiando. Si hablamos de contenidos, dependerá mucho del destino final del producto. La televisión ya no es un aparato. El concepto está evolucionando.
Antes, la televisión era eso: un dispositivo frente al que te sentabas para ver algo, normalmente lineal. Pero eso ha quedado atrás. Hoy en día, cuando generas un contenido, ya piensas si va a ir a un canal lineal, a una plataforma, a redes sociales… Y eso condiciona cómo lo haces: qué material adicional puedes generar, cómo lo vas a promocionar, en qué formatos… Al final, la televisión se ha convertido en un todo.
En el deporte, por ejemplo, ya no haces solo la competición. En paralelo estás generando contenido para redes, para highlights, para OTT… Eso ya forma parte del presente. ¿Qué pasará en el futuro? Pues yo creo que se podrá generar mucho más contenido a partir del mismo material, contenido más diversificado, adaptado a distintos públicos.
Y eso nos lleva otra vez al equilibrio con la sostenibilidad: ¿cómo puedo hacer el mejor contenido, con el mayor impacto posible, para múltiples ventanas? Esa es una pregunta que nos hacemos constantemente también desde la agencia. La televisión ya no es sentarte a ver algo a una hora concreta en una pantalla. Es mucho más.

“Hoy en día, cuando generas un contenido, ya piensas si va a ir a un canal lineal, a una plataforma, a redes sociales… Y eso condiciona cómo lo haces”
Se habla mucho también de la posibilidad de personalizar el contenido, incluso de escoger finales alternativos en una película, por ejemplo. Pero hay quien dice que el espectador tampoco quiere llegar tan lejos. ¿Cuál es tu visión?
Yo creo que el público está muy segmentado. Ya no existe un espectador tipo. Las nuevas generaciones tienen una capacidad multitarea que nosotros —al menos yo— no tenemos. Son capaces de ver una serie, jugar a un videojuego y escuchar música, todo al mismo tiempo. Y realmente prestan atención a todo eso.
Eso sí, también hay un déficit de atención, provocado por la cantidad de estímulos que recibimos. Y eso impacta directamente en cómo consumimos televisión. Si una serie no te engancha en los dos primeros minutos, cambias. Es así.
Por eso creo que los contenidos se van a seguir segmentando: para plataformas concretas, para tipos de usuario distintos. No es lo mismo cómo preparas contenido para TikTok que para un canal lineal. Y seguramente el público tampoco es el mismo. Hay gente que quiere sentarse, poner un canal y ver lo que haya. Y eso también está bien, porque tiene que ver con el estilo de vida de cada uno.
“Cuando te pones a imaginar cómo resolver algo —sobre todo cuando hay limitaciones presupuestarias o de sostenibilidad— es cuando surgen las buenas ideas”
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere introducirse ahora en este mercado? ¿Lo ves accesible? ¿Con oportunidades?
No es un mercado fácil, desde luego. Y además es un sector muy amplio. Hablar del “sector audiovisual” en general es complicado, porque hay muchas ramas. Desde mi experiencia —más ligada a la parte de operación y ahora a la dirección estratégica— creo que tiene un componente muy vocacional. O te gusta, o no te dedicas a esto. Hay sacrificios, hay intensidad… pero si te gusta, merece la pena.
Yo he tenido la suerte de trabajar en algo que me apasiona. Y a la gente joven le diría eso: si les gusta, que se impliquen, que se formen, que investiguen. Que vayan un paso más allá. Es cuando te pones a imaginar cómo resolver algo —sobre todo cuando hay limitaciones presupuestarias o de sostenibilidad— cuando surgen las buenas ideas. Ahí es donde aparecen nuevas formas de hacer las cosas. Todo parte de la pasión que le pongas.
La pregunta del entrevistado
El anterior invitado de esta sección, Víctor Sánchez (COO de RTVE), planteó al siguiente entrevistado, que eres tú: ¿cómo ves la introducción de la IA en el flujo de trabajo y en qué procesos la introducirías?
Es un tema muy emergente y muy amplio. Hay mucho debate ahora mismo alrededor de la IA, y creo que también hay que abordarlo con cierto respeto. En mi caso, además, por el rol que tengo actualmente —que no es solo técnico—, también me toca la parte creativa y de contenidos. Por eso creo que es fundamental distinguir entre la IA generativa y la IA aplicada a procesos.
La IA aplicada a procesos ya se está utilizando desde hace tiempo, muchas veces sin que nos demos cuenta. Hay fabricantes que llevan años integrando algoritmos de inteligencia artificial en sus equipos o en su software. Yo creo que esta aplicación tiene todo el sentido del mundo.
Desde un punto de vista personal, la IA tiene sentido cuando te quita trabajo que no aporta valor. Es decir, tareas repetitivas, poco creativas, que consumen tiempo sin generar un retorno real. En esos casos, la IA puede ser una herramienta que nos facilite muchísimo el día a día.
En cambio, con la IA generativa ya entramos en terrenos más complejos, como el de la propiedad intelectual. Y ahí hay que tener mucho más cuidado. ¿Que la IA generativa va a estar presente? Por supuesto. De hecho, ya está. Pero tenemos que ser cautelosos, sobre todo por razones éticas: entender cómo se ha entrenado esa IA, con qué datos, de quién son esos contenidos… Porque la propiedad intelectual importa, y mucho.
¿Qué pregunta querrías dejar tú para el próximo entrevistado?
Me gustaría introducir un tema más relacionado con los contenidos, porque solemos centrarnos mucho en la parte técnica y ahora yo también tengo esa otra visión. Así que ahí va: ¿cómo ve la evolución de los contenidos y de los modelos de producción desde el punto de vista técnico de cara al futuro?











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