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La industria avanza hacia infraestructuras más flexibles que exigirán un rediseño completo de los flujos de trabajo. El cambio ya está aquí, y este escenario plantea nuevos retos y oportunidades. TM BROADCAST reúne a un grupo variado de responsables técnicos y ejecutivos para establecer las líneas maestras de esta transición
* Este artículo está incluido en el número de julio/agosto de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.
La industria de la televisión es, por su propia idiosincrasia, particularmente prudente en la implementación de nuevos avances tecnológicos en sus flujos de trabajo. La emisión es continua y no puede sufrir cortes. Pero esto no la deja al margen de la profunda transformación tecnológica que involucra a todos los mercados. Aun al contrario, el broadcast está erigiéndose en algunos casos, como el de la inteligencia artificial, en punta de lanza de innovación.
Algo está cambiando en el sector, y en TM BROADCAST queremos tomarle el pulso en este momento tan trascendental. Para ello, hemos reunido a responsables técnicos y ejecutivos de distintos ámbitos en uno de nuestros desayunos para extraer una radiografía del momento actual y, más importante aún, obtener las claves necesarias para anticipar hacia dónde avanza el mercado.
El evento, organizado por TM BROADCAST, estuvo promovido por Telefónica Servicios Audiovisuales (TSA) en colaboración con IBM. Contó con la participación de Asier Anitua, gerente de Desarrollo de Negocio e Innovación de TSA; César Bermejo, Key Account Manager de TSA; Jesús García Romero, director del Área de Ingeniería de RTVE; Jesús Sancho, subdirector de Sistemas de Producción y Distribución de RTVE; Pedro Espina, director técnico de RTVA (Canal Sur); Jesús Sánchez Villalba, director técnico de CMM (Castilla-La Mancha Media); Manuela Martínez, jefa de Ingeniería y Mantenimiento de Movistar Plus+; Raúl Izquierdo, director de TBS; Ángel Mancebo, director de UNED Media; y Óscar Laviña, Storage Technical Sales Manager de IBM. La moderación del debate corrió a cargo de Luis Sanz, consultor audiovisual y colaborador habitual de la revista.

Cómo ha cambiado la televisión en diez años
El debate arrancó con una reflexión general que permitió a todos los ponentes aportar unas pinceladas sobre el estado tecnológico actual de sus respectivas compañías. ¿Qué ha cambiado en la última década a nivel de producción, emisión o resolución de problemas con la llegada de avances tecnológicos como el IP, NDI, UHD, HDR o la inteligencia artificial?
En primer lugar, los participantes aclararon que muchas de estas tecnologías aún no se han implementado plenamente en sus flujos de trabajo, y están todavía transitando este proceso. Por otro lado, establecieron una clara diferencia entre avances como la migración a IP, que está permitiendo simplificar el trabajo operativo y levantar arquitecturas más flexibles, y otros como el salto a UHD, que está añadiendo una complejidad a todos los procesos no vista hasta ahora, al margen de la mejora de calidad que percibe el espectador, lo que también fue puesto a debate.
En el caso de Movistar Plus+, Manuela Martínez explicó que han terminado este año de convertir el primero de sus seis estudios a IP. En su opinión, tecnologías como el vídeo sobre IP suponen un cambio más estructural que operativo: “Más que cambiar cómo se trabaja en el día a día, lo que estamos viendo es una transformación profunda en los departamentos de ingeniería y mantenimiento. Hay que reciclarse completamente para poder diseñar y trabajar con estas nuevas tecnologías”.
Por otro lado, indicó que el objetivo que persiguen desde la compañía es que los operadores apenas noten el cambio con esta migración tecnológica. Aquí trazó diferencias respecto al UHD/HDR, donde señaló que el impacto operativo sí es más notable. “Tienes que cuadruplicar la infraestructura. Pasas a trabajar con cuatro veces más datos que en HD. Y eso afecta sobre todo a las áreas de producción y postproducción. Necesitas nuevos conocimientos, nuevos roles”.
Jesús García (RTVE) coincidió en la complejidad que conlleva el cambio a UHD/HDR. Por otro lado, incidió en la flexibilidad que otorga migrar a una arquitectura IP. “Hablando del IP a nivel de infraestructura de producción, está claro que es un cambio estructural. Pero no hay que olvidar la parte del IP que sí ha supuesto una gran flexibilidad: las mochilas, la transmisión por IP, el NDI…”.
También se abordó cómo han cambiado los procesos de ingesta, edición y archivo con el advenimiento de los nuevos avances tecnológicos. En general, los ponentes coincidieron en que ahora se genera un volumen muchísimo mayor de contenidos. Jesús Sánchez (CMM) lo ilustraba así: “Antes una televisión como nosotros manejaba 15 o 20 horas de material nuevo al día. Ahora, fácilmente, estamos en 110 o 120 horas. Y eso en una tele pequeña. Las grandes deben ser una locura”.
Pedro Espina (RTVA) relató también su experiencia. “Como televisión pública, vamos más despacio. Queremos implantar IP el año que viene, y explorar el HDR. El UHD, de momento, lo vemos complicado, porque no tenemos suficiente espectro disponible”. En su caso, se plantean seguir la misma vía que otras cadenas como Telemadrid: apostar por HDR sobre HD como transición viable y gradual.

Transformación tecnológica y cultural en la universidad
En el ámbito de la universidad, Ángel Mancebo (UNED) indicó que la transformación ha sido también radical, tanto a nivel tecnológico como cultural. La UNED, que opera bajo un modelo de semipresencialidad, cuenta con una red de 60 centros repartidos por toda España, al que se suma el campus central, donde se generan señales constantemente. “La pandemia fue un punto de inflexión: se multiplicó por cinco el uso de las plataformas online para tutorías y clases remotas”.
Este nuevo escenario conllevó cambios a nivel de infraestructura. “Pasamos de salas con operadores físicos para cada grabación a un sistema donde un solo operador puede controlar 10 o 12 salas desde un único puesto. Con NDI, cámaras robotizadas, micrófonos automatizados… incluso el profesor puede grabarse solo simplemente encendiendo la pizarra”.
El resultado fue una explosión de productividad. “Antes necesitabas hacer ‘booking’ para tener un técnico disponible. Ahora todo es autoservicio. Y la calidad también ha mejorado: pasamos de resoluciones inferiores a 570 a emitir en HD por streaming, aunque sin pasarnos, porque tenemos que asegurar la cobertura nacional. Y hay zonas donde el ancho de banda no da para más”.
¿Merece la pena dar el salto al UHD?
En este punto, Raúl Izquierdo (TBS) planteó como contrapunto que algunos cambios tecnológicos han estado condicionados por la moda y el marketing, no tanto por una necesidad real. Una reflexión que abrió todo un debate posterior. “Hay quien quiere producir en Ultra HD porque ‘queda bien’, porque lo exige el cliente, aunque el contenido se emita finalmente en HD -expuso Izquierdo-. Es una decisión más de imagen de marca que técnica. Y si tienes presupuesto, adelante. Pero no siempre es imprescindible”.
Uno de los retos comunes que ha generado el UHD en los flujos de ingesta, edición y archivo es la enorme cantidad de datos. “¿Quién es capaz de mover tanto volumen en tiempo real?”, se planteó Jesús Sancho (RTVE). Según explicó, para visualizar contenidos nativos en UHD, se necesitan estaciones de trabajo muy superiores a las habituales. Esto llevó a RTVE a adoptar un sistema de trabajo con proxies: “Montamos en HD como proxy y luego, en la copia final, se lanza la EDL a un colorista, a un DaVinci o un Mistika. Allí se recupera el material original en 4K, se aplica el color, el HDR… pero la edición en UHD puro es inviable para la mayoría”.

El archivo también ha cambiado radicalmente. Aunque se comprima el contenido, los flujos siguen siendo enormes: “Solo en las pasarelas de contenido entre sistemas, el almacenamiento se multiplica por cinco -subrayó Sancho-. Nosotros trabajábamos en HD con 50 Mbps. Ahora, en UHD, estamos en 300 Mbps como mínimo. ¡Se multiplica por seis!”. Y todo esto, por supuesto, impacta directamente en el presupuesto: “El UHD es muchísimo más caro”.
Por ese motivo, una decisión tecnológica de esta envergadura debe medirse muy bien. Los beneficios en calidad con el salto a UHD y/o HDR son tangibles para el usuario, según coincidieron los ponentes, pero hubo también espacio para preguntarse si merece la pena el esfuerzo.
Frente a esta disyuntiva, César Bermejo (TSA) ofrecía el siguiente análisis: “Estamos hablando de un cambio tecnológico y, sobre todo, cultural. Hay que adaptarse a los nuevos target… o te mueres. Evidentemente, sí merece la pena. Técnicamente es más complejo, pero puede solventarse por la parte operativa. Antes digitalizábamos los flujos; ahora hay que rediseñarlos por completo para que sean más agiles y eficientes”.
El gran punto de inflexión se situó en el retorno de inversión. ¿Está dispuesto un cliente a pagar lo que cuesta hoy producir en UHD con HDR? En el caso de un partido de fútbol de alto nivel o en el de los Juegos Olímpicos… probablemente sí, pero no todo el contenido lo justifica y hay que adaptarlo a cada caso. Este fue, a grandes rasgos, el sentir general de la mesa.

Por otro lado, varios ponentes subrayaron que el HDR aporta más que el aumento de resolución: “Yo aplicaría HDR incluso en HD. La mejora del color y del contraste se percibe mucho más que el salto de HD a UHD”, opinó Jesús Sancho (RTVE). Manuela Martínez (Movistar Plus+) coincidió: “Hay una tendencia clara ahora a introducir HDR en HD, porque es mucho más fácil de producir… y el impacto visual es altísimo”.
Soluciones basadas en software
Óscar Laviña (IBM) coincidió con los demás ponentes en que el volumen de datos que se genera hoy es exponencial, y expuso su análisis desde la óptica del almacenamiento. “No todo puede estar siempre en almacenamiento caliente, pero sí debe estar accesible en todo momento. Las soluciones híbridas deben mover los datos automáticamente según su uso”.
Asimismo, señaló que los clientes demandan cada vez más soluciones inteligentes, capaces de gestionar el ciclo de vida del dato sin duplicaciones innecesarias y con resiliencia ante fallos: “Nos piden que las soluciones estén definidas por software, para no quedar atados a un proveedor único de hardware. Y también que puedan desplegarse tanto on-premise como en nubes públicas o privadas, sin cambiar todo el sistema”.
El reto de reformar… mientras mantienes la emisión
Otro elemento que se puso sobre la mesa son las dificultades que atraviesan los medios tradicionales para renovarse por el imperativo de la emisión continua. No puedes pararlo todo y empezar de cero. En este sentido, Asier Anitua (TSA) planteó que la verdadera transformación se nota especialmente cuando se parte de cero. “Ya no es tanto qué han hecho los clientes en estos últimos ocho o diez años, sino qué podrían hacer si montasen una tele nueva hoy. Y la diferencia es brutal”.
“Se parecería más a la UNED que a una televisión tradicional”, bromeó. “Todo está automatizado, con inteligencia artificial, lógica de servicio en lugar de inversión, actualización constante…”. En términos generales, comentó que cada cliente es un mundo y la función de TSA como integrador es adaptarse a él y buscar la solución más apta. Y esto, en ocasiones, exige ir más despacio.

Sobre este tema, Jesús García (RTVE) puntualizó también que a veces hay que poner freno al desarrollo tecnológico por el simple hecho de llegar a toda tu audiencia, en línea con lo planteado antes por Ángel Mancebo. “Nosotros hicimos los Juegos Olímpicos en HDR, pero ajustándolo de modo que se vieran bien en SDR, que es lo que acepta la mayoría del parque de receptores. No puedes ir al mejor de los resultados en HDR, porque podría verlo mal un 75% de la población”.
SOS: hacen falta nuevos perfiles técnicos
Jesús Sancho (RTVE) quiso introducir en el debate una reflexión clave: el impacto de todo este cambio tecnológico sobre los perfiles técnicos. “Hablamos mucho de que el impacto operativo debe ser mínimo… pero el impacto técnico es brutal. Nosotros tenemos serios problemas con los técnicos veteranos… y también con los nuevos”. Explicó que los técnicos de más experiencia muchas veces no han podido reciclarse adecuadamente, y los recién llegados llegan con conocimientos teóricos muy limitados en ambos mundos: IP y broadcast. “Un recién graduado puede saber algo de IP, pero no tiene ni idea de vídeo. Y los que saben de vídeo no entienden de IP. No hay una formación híbrida real”.
Manuela Martínez (Movistar Plus+) coincidió con este análisis y añadió que hay también un déficit de formadores: “No encuentras a nadie que te dé un curso de IP con visión de vídeo. Esa es una de nuestras dificultades: cómo reciclas a la gente”.
Jesús Sánchez (CMM) ilustró esta disyuntiva a través de un ejemplo. “En 2002 discutimos si debíamos crear un único departamento técnico que aunara vídeo e informática… y nos equivocamos. Lo hicimos separado. Ahora tenemos un problema gravísimo”.
En términos generales, quedó patente durante el debate el gran problema de comprensión entre departamentos de red y de televisión. El dilema no es menor: los especialistas en redes no comprenden la criticidad de una señal de vídeo, mientras que los técnicos audiovisuales tradicionales no dominan el IP. Y, sin embargo, todos trabajan sobre flujos interdependientes.
Uso de la nube y entornos híbridos
La siguiente parte del debate se centró en el uso de la nube y los entornos híbridos entre instalaciones locales (on-premise) y servicios remotos. Luis Sanz abrió el tema planteando dos preguntas: ¿qué experiencias concretas tenéis con flujos híbridos? ¿Y cuáles son vuestras expectativas?
Uno de los ejemplos que se puso sobre la mesa es el sistema desplegado por RTVE en la cobertura del Festival de San Sebastián, que tras sus buenos resultados se ha estandarizado en otros eventos como el Festival de Málaga o el Benidorm Fest. “Allí teníamos varios puntos de trabajo: el set de TVE en la playa, el Kursaal con la unidad móvil, el centro territorial… y Prado del Rey en Madrid -explicó Jesús Sancho-. Coordinar todo eso era muy complejo. La solución, que no fue excesivamente cara, pasó por un sistema de almacenamiento en la nube con un file system compartido, que permitió una integración sencilla entre todos los sitios”.
“Cada cabina podía ingestar su material directamente a la nube, y quedaba disponible en tiempo real para el resto. Incluso desde Prado del Rey se podía acceder al archivo local, ingestarlo y subirlo al sistema común. Antes necesitabas una moto para mover cintas de un punto a otro. Ahora, en cuanto ingestabas, todo el mundo tenía acceso inmediato al material”.
Jesús García mencionó un segundo gran caso de uso en la nube de RTVE: la logística de entrega de contenidos por parte de productoras y la comercialización del archivo histórico. Para ello, emplean dos nubes públicas con herramientas como Aspera (IBM) y Aurora (Telestream), integradas en su flujo de control de calidad. “Cuando una productora nos entrega un documental, todo llega paquetizado: vídeo, subtítulos, tráiler, ficha técnica, fotos… Todo se sube a la nube, donde Aurora hace un control de calidad automático, y solo descargamos lo que ya ha pasado ese control”.
Asimismo, García Romero compartió algunas cifras que ilustran el impacto real de este modelo cloud en su flujo logístico de contenidos: Más de 400.000 objetos gestionados (vídeos, audios, subtítulos, imágenes…), 40 TB mensuales en tráfico de datos, 1.800.000 de operaciones al mes…
La seguridad se erige en uno de los elementos clave a tener en cuenta al migrar a la nube. En términos generales, los ponentes admitieron que existe esta preocupación, pero subrayaron que confían en las garantías ofrecidas por los proveedores.
Desde Movistar Plus+, Manuela Martínez expuso una perspectiva más cautelosa. Aunque admitió el valor de las soluciones en la nube, señaló que deben acompañarse de políticas activas de ciberseguridad. “Estamos estudiando un proyecto de disaster recovery para el archivo, pero más enfocado a una localización privada, no tanto a nube pública. Y también estamos valorando la posibilidad de un playout en la nube como contingencia”, explicó.

TSA Media HUB
Frente a esta disyuntiva entre la nube pública y la privada, Asier Anitua presentó al resto de ponentes el servicio híbrido TSA Media HUB. “Se trata de una solución que cubre desde eventos puntuales, como en el caso de RTVE, hasta servicios más estables, como el que comenta Manuela Martínez”, expuso.
“La gran diferencia está en que aquí el cliente puede aprovechar lo mejor de cada nube, incluida una nube privada que ponemos a su disposición -precisó-. Si quieres tener tus contenidos totalmente asegurados, aislados y separados, tienes la opción. Y también puedes compartir recursos con otros clientes si lo deseas. Para nosotros, esa es la hibridación ideal: poder trabajar con Google, AWS, Oracle Cloud, Alibaba o cualquier otro hiperescalar, según lo que necesite el cliente. Ofrecemos lo mejor de cada entorno. Esta arquitectura permite jugar mucho con los costes, según el presupuesto del cliente y el grado de compartición de recursos”.
En todo caso, las producciones en la nube no siempre compensan y, en ocasiones, continúa siendo más barato desplegar una unidad móvil, porque la flexibilidad que aporta el cloud puede resultar inasumible a nivel de coste. Y lo mismo sucede al mover el archivo u otros servicios, según coincidieron los ponentes.
Ante este escenario, TSA busca precisamente con su Media HUB solventar esas barreras mediante arquitecturas flexibles y optimización de costes.
Inteligencia artificial
Aunque es indiscutible que la IA es una herramienta con un potencial todavía difícil de adivinar, también plantea nuevos dilemas de confianza, ética, propiedad intelectual, sesgos… Y en estos asuntos se centró una parte importante de este bloque del coloquio, que planteó más preguntas que respuestas.
En el caso de la universidad, Ángel Mancebo presentó dos frentes abiertos. “Por un lado, necesitamos aplicar IA para poder documentar las más de 6.000 horas anuales de producción (actos, vídeos, programas, podcasts…), que sería imposible acometer sin automatización. Todo tiene que estar subtitulado y transcrito por ley, y estamos incluso valorando ir más allá con audiodescripción”.
“Y, por otro lado, ya estamos probando IA generativa para la creación de vídeos, que permitiría crear píldoras educativas personalizadas para cada alumno. Pero los docentes se resisten, porque tienen miedo a que lo generado no represente fielmente lo que quieren enseñar”, planteó. Aquí entra también otro dilema ético: si el sistema está aprendiendo de lo que el profesor le da… ¿dentro de un año se podrá prescindir del maestro?

Pedro Espina explicó, por su parte, que su cadena ha lanzado recientemente la iniciativa Canal Sur Lab con el objetivo de empezar a estudiar desarrollos relacionados con la IA. “Está claro que hay dos líneas: por un lado, el uso de la IA generativa para automatizar procesos y mejorar la productividad; y por otro, la parte de producción audiovisual, donde todavía no hemos hecho ninguna evaluación seria de herramientas que se puedan utilizar”.
En el caso de los contenidos, Manuela Martínez explicó que desde Movistar están trabajando ya, por ejemplo, en herramientas de IA para mejorar el interfaz de usuario. “Hablamos de generar previos para cada contenido, de incorporar marcas que permitan pasar automáticamente al siguiente episodio de una serie o saltar los créditos”.
“En profesiones como la documentación -planteó también Martínez- el dilema es mayor. Ahí ya ves que la IA lo está haciendo todo… y lo hace bien, además. La cuestión, entonces, pasa por reciclar la profesión”. Jesús Sánchez (CMM) expuso como contrapunto que seguirá siendo necesaria una supervisión, probablemente obligatoria por ley. “Lo más interesante es que nos está dando la posibilidad de documentar mucho mejor, de forma mucho más amplia, incluso en áreas que nunca habríamos imaginado”.
Otra aplicación de la IA que los ponentes pusieron sobre la mesa es la generación de promociones de películas e incluso tráilers automáticos. Según expuso Jesús Sancho, RTVE está desarrollando un proyecto que utiliza IA para localizar planos dentro de una película, con el objetivo de facilitar la creación de promociones. “Si funciona bien, en lugar de buscar por texto, se podrá buscar directamente por imagen: escenas con acción, con emoción, con determinada iluminación…”.
Asier Anitua (TSA) expuso, por su parte, su experiencia en el uso de IA para hacer tráilers automáticos. “No es perfecto, pero ha mejorado mucho. Y es útil, sobre todo cuando una película no tiene tráiler. Incluso se está trabajando en ofrecer diferentes versiones del tráiler según la plataforma”.
También recordó, asimismo, que el TSA Media HUB ya incorpora herramientas de inteligencia artificial para automatización, análisis semántico o subtitulado, entre otras aplicaciones.
Generación de subtítulos
La generación de subtítulos con IA generó también debate, porque en algunos casos el resultado es publicable y en otros no, según expusieron los ponentes. Aquí entra el juego el tipo de contenido, si nos referimos a productos que no sean especialmente Premium o a una película, donde el umbral de calidad exige una supervisión humana posterior.
En todo caso, es cuestión de tiempo que la tecnología sea más precisa, y en apenas seis meses la situación puede ser distinta, según coincidieron los ponentes. Una opción que empresas como Movistar están barajando es establecer dos líneas: una para contenidos supervisados y otra para los no supervisados. Otro elemento a considerar es la tolerancia ante posibles errores, que es mayor en un directo que en un contenido de ficción.
Ángel Mancebo (UNED) explicó que, en su caso, los subtítulos son fundamentales por la obligación de la universidad de brindar un servicio público accesible, y aquí la IA ha desempeñado un papel clave: “El salto en los últimos años ha sido brutal. Antes, necesitabas un audio perfecto, sin ruido de fondo, sin acento… incluso se llegaba a rehacer el audio, para que pudiera ser transcrito correctamente. Y ahora, sin embargo, funciona sorprendentemente bien”.
Los dilemas de la IA
Al margen de la capacidad de la IA, también se abordó en la mesa hasta qué punto deben fijarse unos límites y controlar su alcance. En el transcurso de este debate, se incidió en la diferencia entre la IA aplicada a procesos y la IA generativa. Con esta última, entramos en un terreno más delicado. Según expuso Raúl Izquierdo (TBS), “aquí entran en juego la propiedad intelectual, el origen de los datos con los que se entrena el modelo… Porque, si entrenas con activos propios, perfecto, pero si estás usando material de otros, aquí ya puede haber problemas. Hay que ser muy cuidadosos”.
“Hay que tener cuidado con el hype -apostilló, por su parte, César Bermejo (TSA)-. No todo lo que lleva la etiqueta de “IA” lo es, y no todo se puede aplicar sin una estrategia clara. En este sentido, hay que tener en cuenta el ADN editorial de cada medio. Y, sobre todo, garantizar siempre la trazabilidad y el control humano”.
Incidiendo en los dilemas que plantea la IA, también se abordaron los riesgos de que su uso merme de algún modo las capacidades y creatividad de las personas. “Si dejamos que la IA lo haga todo, corremos el riesgo de convertirnos en vagos intelectuales”, advirtió en este sentido Jesús García (RTVE).
Jesús Sánchez (CMM) expuso, por su parte: “La IA aporta mucho, pero necesita una guía. Sin criterio detrás, es solo una herramienta sin rumbo. La IA es tan buena como la persona que la maneja”. La clave, coincidió Ángel Mancebo (UNED), es saber adaptarse a este advenimiento de nuevas tecnologías. “No creo que la IA quite trabajos. Al contrario, puede generar más demanda y más oportunidades”.
Óscar Laviña (IBM) planteó, por su parte, el siguiente análisis: “Con la IA generativa, hay una clave: entender de dónde vienen los modelos. Herramientas como ChatGPT han democratizado su uso, pero no sabemos cómo están entrenadas. Se alimentan de lo que hay en internet, y eso plantea muchas incógnitas”.
“En IBM -expuso- lo que tratamos de hacer es justo lo contrario: aportar trazabilidad, transparencia y gobierno sobre esos modelos. En eso estamos trabajando con Telefónica, precisamente. La parte de gobierno será clave para que las empresas puedan exigir a sus proveedores explicaciones claras sobre cómo están entrenando sus modelos, con qué datos, y qué garantías ofrecen”.

OpEx vs. CapEx
El siguiente bloque del debate giró en torno al auge de modelos OpEx frente al CapEx. “Hay una tendencia clara, especialmente entre los grandes fabricantes, hacia modelos de suscripción. Ya no compras una licencia de edición: la alquilas”, expuso Asier Anitua (TSA).
Este modelo, según precisó Anitua, plantea ventajas e inconvenientes. La ventaja principal es que siempre estás actualizado, no tienes que hacer una gran inversión inicial y puedes acceder a tecnología puntera, en un contexto en el que todo evoluciona cada vez más rápido. El inconveniente, en cambio, es el precio: puede salir más caro a medio plazo.

“Cuando tu core es generar contenido, probablemente te inclines más por el CapEx -puntualizó Raúl Izquierdo (TBS). Si no es así, seguramente te decantes por el OpEx o vayas a un modelo de externalización”.
Al incidir sobre las preferencias de cada empresa, se estableció una nítida línea entre compañías públicas y privadas.
Las conclusiones que se extrajeron en este sentido es que en el entorno privado, el modelo OpEx es mucho más fácil de implementar, pero en la administración pública es un problema, porque es obligado inventariar todo y prever los costes.

Entre los motivos que llevan a las corporaciones públicas a invertir en CapEx, también figura su vocación de permanencia. “Las empresas públicas tienen vocación de continuidad, de servicio -justificó Jesús García (RTVE). No montas algo y luego cierras y desapareces. Así que, en muchos casos, invertir en hardware propio —los ‘hierros’— tiene sentido”. Aunque coincidía con esta visión, Jesús Sánchez (CMM) contrapuso que “la versatilidad que te da un modelo OpEx, con software siempre actualizado y una flexibilidad total, es muy interesante”.
Externalización de servicios
¿Qué ventaja tiene externalizar ciertas tareas a empresas especializadas? Con esta pregunta, Luis Sanz dio paso al último bloque del coloquio. En general, los ponentes coincidieron en la necesidad de contar con un primer nivel propio de asistencia local. “Luego ya, cuando hablamos de un segundo o tercer nivel, más especializado, es muy difícil tenerlo todo en plantilla, porque intervienen muchas marcas y tecnologías”, expuso Jesús Sancho (RTVE).
“En RTVE -apostilló Jesús García- hemos optado por mantener un primer nivel interno especializado: estudios, continuidad, redes, redacción digital… cada uno en su área, pero trabajando de forma coordinada”.

Es, pues, fundamental contar en plantilla con alguien que sepa diagnosticar el problema, identificar qué ha fallado y, sobre todo, saber a quién llamar… “Hoy en día, saber a quién llamar ya es un valor. Un sistema que falla puede estar compuesto por piezas de varios fabricantes. Identificar por dónde viene el problema es una habilidad clave”, añadió en este sentido Jesús Sánchez (CMM).
Asier Anitua expuso, por su parte, el planteamiento que sigue TSA para casos complejos a través de su Media HUB. “La idea es ofrecer al cliente una televisión completa como servicio. Tú eliges qué parte necesitas: continuidad, producción, archivo…. Nosotros ofrecemos un 24/7 con personal técnico especializado en broadcast. Eso es lo diferencial. Porque, aunque siempre será necesario que el cliente tenga su propio primer nivel de atención, ya no necesita conocer en detalle todos los equipos ni todos los sistemas”. César Bermejo (TSA) añadió: “Nosotros ponemos la capa técnica, de innovación y soporte, pero el gobierno del servicio siempre lo tiene el cliente”.
En el ámbito de la externalización surgen también otros temas sensibles, como la privacidad, la seguridad de los datos, la dependencia tecnológica… ¿Qué garantías ofrece el proveedor externo? “En nuestro caso, -expuso Asier Anitua (TSA)-, cumplimos con el Esquema Nacional de Seguridad (ENS), tanto a nivel de ingeniería como de soporte, y estamos certificando también el Media Hub. Esto es clave, porque hoy en día cualquier pliego que implique prestación de servicios lo exige”.
El papel de IBM en el TSA Media HUB
A propósito del TSA Media HUB, Luis Sanz aprovechó la presencia de un directivo de IBM en la mesa para lanzar, a modo de broche final del coloquio, la siguiente pregunta: ¿Qué aporta la compañía a este proyecto? “Nuestras soluciones están centradas en algo muy concreto: la gestión integral del dato -resumió Óscar Laviña-. Esto significa poner el dato exacto, en el momento preciso, en el lugar adecuado”.
“Esto tiene un impacto directo en los costes -prosiguió-. Porque hoy en día hay muchísimos datos, y no puedes almacenarlos todos en sistemas de acceso ultrarrápido. Tienes que gestionar inteligentemente qué va a dónde. Y ahí es donde nuestra solución brilla: todo lo que tenga que ver con administración, archivado, acceso… lo delegas en la propia capa de almacenamiento, de forma transparente”.


Cinco conclusiones del debate:
Existen diferencias entre avances como el IP, que está permitiendo simplificar el trabajo operativo y levantar arquitecturas más flexibles, y el UHD, que está añadiendo una complejidad inédita a todos los procesos.
Hay un problema de comprensión entre departamentos de red y de televisión: los especialistas en redes no comprenden la criticidad de una señal de vídeo y los técnicos audiovisuales tradicionales no dominan el IP. Sin embargo, todos trabajan sobre flujos interdependientes.
Las producciones en la nube no siempre compensan y, en ocasiones, continúa siendo más barato desplegar una unidad móvil, porque la flexibilidad que aporta el cloud puede resultar inasumible a nivel de coste.
En el entorno privado, el modelo OpEx es mucho más fácil de implementar, pero en la administración pública es un problema, porque está obligada a inventariar todo y prever los costes.
En el ámbito de la externalización, es fundamental contar con un primer nivel propio de asistencia local. Contar en plantilla con personal que sepa diagnosticar el problema, identificar qué ha fallado y, sobre todo…, saber a quién llamar.












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