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Isidoro Moreno, Head of Engineering de OBS: “Para mí no hay duda: cuanta más resolución y calidad de imagen, mejor”

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  • “Uno de los grandes puntos de inflexión ha sido la transición de nuestra infraestructura al mundo IP. En nuestro caso, prácticamente hemos migrado ya el 100%”
  • La sección está patrocinada por Magnetron

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* Este artículo está incluido en el número de julio/agosto de TM BROADCAST. Puedes acceder a la revista completa aquí.

De la inmediatez a la planificación. Así describe Isidoro Moreno, Head of Engineering de OBS, el giro que supuso en su carrera pasar de dirigir técnicamente el Canal 24 horas a trabajar en los Juegos Olímpicos, un salto que considera uno de los grandes puntos de inflexión de su carrera. ¿El momento más crítico? Tokio 2020, donde a la complejidad habitual del evento se sumó el contexto excepcional de la pandemia.

En esta entrevista, Moreno comparte anécdotas tanto de su etapa en la corporación pública como en OBS, y traza un diagnóstico sobre los retos, fortalezas o avances tecnológicos principales de la industria. En cuanto a la evolución del consumo de contenidos, dibuja un panorama en el que convivirán la inmediatez y los productos de largo recorrido, y anticipa que una de las claves a futuro será saber combinar adecuadamente ambas formas de narración.

También reflexiona sobre el asunto de las resoluciones, un apartado en el que invitados anteriores de la sección ‘Off the record’ han percibido en ocasiones un bombo excesivo. “Es un debate abierto, pero para mí no hay duda: cuanta más resolución y calidad de imagen, mejor. El HDR, por ejemplo, es una mejora clarísima respecto al SDR”.

Y lo ilustra con el siguiente ejemplo: “Si echas la vista atrás y miras, por ejemplo, cómo se grabaron los Juegos de Barcelona 92 —que ya se hicieron en digital—, la resolución era tan baja que si grababas una carrera de 100 metros con una cámara frontal y no estaba perfectamente centrada, no eras capaz de identificar bien a los corredores. Hoy eso sería impensable”.

A continuación, un resumen de la conversación:

 

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en la industria de la televisión y qué momentos destacarías?

Entré a trabajar en Televisión Española tras aprobar la oposición, y me destinaron al centro territorial de Bilbao. Era un centro importante, y además era un momento políticamente muy activo: estamos hablando del año 84.

Bilbao siempre ha sido una ciudad con mucho contenido. Profesionalmente, lo interesante fue que al incorporarme a un destino más pequeño que un gran centro de producción como el de Madrid, tuve acceso a prácticamente todos los flujos de trabajo existentes. Todo esto me dio una visión muy global de lo que es la televisión.

 

Después pasaste a OBS, que es donde estás ahora, ¿no?

Bueno, pasaron muchos años hasta entonces. En todo ese tiempo viví varios momentos clave. Como te decía, para mí Bilbao fue todo un descubrimiento. No venía del mundo de la televisión: estudié la carrera de telecomunicaciones, pero no tenía una especialización en imagen y sonido, a diferencia de muchos compañeros. Así que fue un descubrimiento total.

Pasé por muchos departamentos, y hubo un punto de inflexión en el año 90 con los Juegos Olímpicos de Barcelona. La magnitud del evento era tal que se requería una planificación y unos recursos enormes. Organizar un evento de este tipo no es algo que se improvise en un fin de semana. Aunque estamos acostumbrados a ver retransmisiones muy competentes en fines de semana, cuando se trata de un evento como los Juegos Olímpicos, el nivel de coordinación necesario es muchísimo mayor.

 

¿Cómo viviste ese salto, en qué medida cambió tu día a día de trabajo?

Yo venía de hacer televisión en su forma más tradicional, y justo antes de dar el salto al mundo de los grandes eventos estaba en la sección de informativos, concretamente en el Canal 24 Horas. Fui responsable técnico allí, y el enfoque era completamente distinto: todo era inmediatez, rapidez, reacción constante.

En cambio, con los Juegos Olímpicos entré en el mundo de la planificación, que es todo lo contrario. Ahí se trata de preparar cada detalle para que, cuando llegue el momento de la retransmisión, todo encaje perfectamente. Siempre digo lo mismo: cuando algo está muy bien planificado, la percepción que tiene el espectador es que ha sido fácil, que todo ha salido rodado. Pero que parezca fácil es precisamente el resultado de un enorme trabajo previo.

Ese cambio fue fundamental para mí. Me marcó pasar de lo inmediato a lo planificado, y aprender cómo se gestiona un evento tan complejo como unos Juegos Olímpicos, donde se emiten múltiples deportes al mismo tiempo, con coberturas distintas para cada uno. La coordinación de todo eso es un mundo muy interesante.

 

¿Qué momentos especialmente críticos de tu carrera te vienen a la cabeza?

A estas alturas, con la trayectoria que tengo, ha habido muchos. Y no es que uno sea masoquista, pero cuando te enfrentas a un problema que no estaba previsto, y eres capaz de resolverlo, eso te da una gran satisfacción profesional.

Uno que recuerdo especialmente fue en las elecciones del País Vasco de 2001. Yo estaba todavía en Televisión Española y participaba en la cobertura. A escasos segundos de empezar la emisión, el canal de programa del mezclador de vídeo no funcionaba. No quedaba ni un minuto. Observé que el canal de previo sí funcionaba, así que hablé con el operador y le pregunté si podía cortar desde el previo en vez del programa. Me dijo que creía que sí. Conmutamos un par de cosas, y lo hicimos: salimos en directo usando el canal de previo. Salió bien. Esa sensación de “lo conseguimos” es impagable.

Pero los Juegos Olímpicos de Tokio fueron, sin duda, el momento más crítico de mi carrera. No solo por la complejidad del evento en sí, sino por el contexto de la pandemia.

 

¿Me puedes detallar cómo fue esta experiencia?

El evento se retrasó un año por la covid, y cuando llegó finalmente el momento de celebrarlo, todos pensábamos que ya estaría superado. Pero no fue así. Por suerte, lo habíamos previsto. Nos hicimos la pregunta clave: “¿Y si esto no ha terminado?”. Con ese planteamiento, diseñamos una estrategia de trabajo remoto y contemplamos múltiples escenarios posibles.

Una operación olímpica requiere muchísima gente, y cada persona ocupa un puesto con un nivel de criticidad muy alto. No puedes improvisar. Además, todo el personal tiene que ser acreditado con antelación, incluso con validación de antecedentes por parte de Interpol. No es un “ven mañana y te apuntas”. Así que decidimos preacreditar a personas de reserva. De esa forma, si alguien caía por covid u otra causa, teníamos una solución inmediata.

También habilitamos una infraestructura completamente accesible en remoto. Si una persona daba positivo al llegar al país —y esto pasaba, porque los umbrales de detección no eran los mismos en origen que en destino—, aún podía trabajar desde su habitación. Muchos agradecieron poder seguir activos, porque quedarse aislado 14 días (en el caso de Tokio) o incluso 21 (como en Pekín) sin hacer nada era durísimo. Poder mantener una rutina diaria les ayudó muchísimo.

 

¿Qué avances tecnológicos crees que han tenido más impacto en el sector?

Hay muchos avances de los que se habla hoy en día. Todo el mundo menciona la inteligencia artificial, por ejemplo, y es cierto: se está hablando muchísimo. Pero para mí, uno de los grandes puntos de inflexión ha sido la transición de nuestra infraestructura al mundo IP. En nuestro caso, prácticamente hemos migrado ya el 100%.

Esto nos ha permitido optimizar recursos de forma notable. La industria broadcast siempre ha sido muy robusta, muy planificada, con sistemas que funcionaban sí o sí. Antes enchufabas una cámara a un magnetoscopio y aquello iba seguro. Ahora, en el mundo IP, el modelo se parece más al de IT: dispositivos que se supone que son “plug and play”, aunque nosotros decimos de broma “plug and pray” —enchufa y reza para que funcione—.

Con IP hemos ganado muchísima flexibilidad. Pasamos de un hardware dedicado, muy fiable y directo, a una infraestructura más compleja, donde diagnosticar problemas no siempre es tan inmediato, pero que nos permite hacer cosas que antes eran impensables. Por ejemplo, ahora tenemos un centro de soporte centralizado en el IBC, que opera de forma remota.

Durante los Juegos de París, por ejemplo, gestionamos el TOC —nuestra interfaz entre las unidades móviles y la red de contribución— desde París. Esta capacidad de operar remotamente, de dar soporte casi en tiempo real como si estuvieras físicamente presente, es fundamental. No solo para nosotros: también lo están aprovechando televisiones generalistas como TVE, con centros territoriales repartidos por todo el país.

El contenido es cada vez más complejo y más distribuido. Lo estamos viendo también en las plataformas. Producciones de Netflix, por ejemplo, están muy orientadas a los países donde se producen: son ad hoc, muy localizadas, con un alto nivel de personalización. Y eso también es posible gracias al mundo IP.

“Con IP pasamos a una infraestructura más compleja, donde diagnosticar problemas no siempre es tan inmediato, pero que nos permite hacer cosas que antes eran impensables”

 

¿Y qué avances creen que han tenido, en cambio, más promoción que aplicación real?

Es cierto que ha habido avances tecnológicos a los que se les dio mucho bombo en su momento y que, al final, no fueron para tanto. Uno de los más claros, en mi opinión, fue el 3D. Creo que el momento del 3D no ha llegado todavía. El mundo, en efecto, es tridimensional, así que en teoría tiene sentido… pero creo que se planteó mal.

El gran error fue aplicar la misma narrativa del 2D al 3D. Y eso no funciona. En una película rodada en 2D, tú diriges la atención del espectador hacia un punto concreto de la escena. En 3D, ese control se pierde. Puede que tú quieras que se fijen en algo en particular, pero el espectador, con sus gafas 3D, está mirando hacia otro lado. Es como estar en un partido de fútbol y justo en el momento del gol estás mirando la banda opuesta. Te lo pierdes.

Yo recuerdo bien aquel 2012, cuando parecía que el 3D iba a revolucionar la industria. Se le dio muchísimo bombo, pero al final quedó en casi nada.

Otro ejemplo todavía más reciente ha sido el metaverso. Se presentó como el gran paradigma del cambio, pero tampoco ha cumplido esas expectativas. Sí, tiene su cabida, y hay reminiscencias de aquel impulso inicial, pero no ha sido ese gran salto que se prometía.

“Creo que el momento del 3D no ha llegado todavía. El mundo, en efecto, es tridimensional, así que en teoría tiene sentido… pero creo que se planteó mal”

 

¿Cuál crees que ha sido la noticia del año?

Si tuviera que destacar una noticia clave del último año, más allá de una fecha concreta, diría que ha sido el inicio del declive del consumo lineal. Es un cambio que ya venía gestándose, pero ahora se ha hecho más evidente. Las plataformas, los eventos deportivos en streaming, los contenidos bajo demanda… todo esto está transformando la forma en que se accede al contenido.

La televisión generalista ya no es tan prominente como antes, y lo mismo ocurre con la transmisión lineal. Antes te sentabas en el sofá, ponías la tele y veías lo que estuvieran emitiendo. Hoy, ese modelo ha perdido fuerza.

Recuerdo que en 2001, en una intervención en una pequeña conferencia en Almería, me preguntaron cómo veía el futuro de la televisión, y respondí que lo veía como Internet: cada uno accede al contenido que quiere, cuando quiere. Eso se ha cumplido con las plataformas. Antes hubo intentos con el satélite, donde las películas empezaban cada cuarto de hora, pero ahora la clave es la inmediatez: quiero ver lo que quiero ver, en el momento que decido verlo.

Curiosamente, aunque la tecnología ya lo permitía, el público no había adoptado ese comportamiento tan rápidamente. Pero ahora sí. Y eso marca una nueva etapa: el acceso digital al contenido es cada vez más dominante.

Y, por supuesto, otra gran noticia ha sido la irrupción de la inteligencia artificial generativa. Hasta ahora hablábamos de IA como herramienta para ejecutar tareas automáticas, pero ahora estamos viendo sistemas capaces de generar contenidos. Tienes las reglas del lenguaje, los elementos necesarios, y puedes pedirle a una plataforma que componga un texto como si lo hubiera pensado un humano. Eso es un cambio profundo.

“Una noticia clave del último año ha sido el inicio del declive del consumo lineal. Es un cambio que ya venía gestándose, pero ahora se ha hecho más evidente”

 

¿Qué grandes retos crees que tiene por delante la industria?

Uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos ahora mismo, y que me preocupa especialmente, es el de las fake news y la manipulación maliciosa de los contenidos generados por inteligencia artificial. Es decir, la posibilidad de generar información impactante —y falsa— con apariencia de veracidad.

Aunque existen políticas que obligan a indicar si un contenido ha sido generado mediante herramientas sintéticas, el reto está en garantizar que esa transparencia se cumpla. Porque la tecnología lo permite, y si no se usa de forma ética, puede convertirse en un problema muy serio.

Pongo un ejemplo técnico que hemos debatido mucho en nuestro entorno: la producción en 8K. En deportes, cuando grabas a 120 fps —el límite técnico actual debido a la velocidad de la luz—, las repeticiones tienen una resolución brutal, pero aun así, a veces no capturan con precisión todo el movimiento.

Ahí surgió la idea de generar, mediante interpolación, los frames intermedios. Si sabes que la pelota va de aquí a aquí, puedes calcular lo que pasa entre medias. ¿Pero es eso real? No. Técnicamente es una estimación, y en retransmisiones deportivas eso plantea un problema. No puedes tomar una decisión sobre una jugada basándote en un frame que no existió realmente.

Entonces, si somos tan estrictos en entornos como este, ¿cómo no vamos a serlo con la información que emitimos al gran público? Tenemos que ser extremadamente cuidadosos para garantizar que lo que se muestra en pantalla es veraz y no está manipulado con fines cuestionables. Ese, para mí, es uno de los grandes retos del sector hoy.

“Uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos ahora mismo es el de las fake news y la manipulación maliciosa de los contenidos generados por inteligencia artificial”

 

¿Cuáles son las principales fortalezas de la industria española?

Como usuario de televisión y profesional del sector, creo que ha habido un cambio muy importante en la producción audiovisual española. La calidad de nuestras producciones ha mejorado muchísimo y se ha equiparado, en muchos casos, a la de las grandes producciones internacionales.

También ha cambiado mucho la forma de narrar. Antes, el cine europeo tenía una narrativa muy distinta al cine global, pero ahora vemos una clara convergencia, y creo que es para bien. No se trata de hacer grandes superproducciones, sino de encontrar un lenguaje narrativo que conecte con el público. En ese sentido, España ha sabido evolucionar muy bien. La narrativa española es interesante, innovadora y está teniendo un eco internacional muy fuerte.

Hay series españolas que han tenido un impacto global enorme, no solo en países de habla hispana, sino también en otros mercados donde han sido dobladas o subtituladas. Eso habla muy bien de cómo se están haciendo las cosas.

Y otro aspecto que me parece clave es el equilibrio entre lo público y lo privado. El modelo europeo —y en particular el español— tiene ese componente de subvención y apoyo a la cultura que permite potenciar contenidos que, quizá en otros mercados, no podrían desarrollarse. Ese equilibrio es muy valioso. Es lo que permite apostar por producciones con identidad local, con una mirada propia, sin depender únicamente del rendimiento comercial inmediato.

Así que, en resumen, diría que nuestras fortalezas están en la calidad narrativa, la internacionalización de nuestras producciones y ese modelo de apoyo institucional que permite desarrollar contenido con valor cultural y creativo. Todo eso posiciona muy bien a la industria española en el entorno internacional.

“El modelo español tiene ese componente de subvención y apoyo a la cultura que permite potenciar contenidos que, quizá en otros mercados, no podrían desarrollarse”

 

¿Qué consejos darías a alguien que está empezando en el sector?

No tengo recetas mágicas, pero sí creo que hay algo que siempre funciona: observar. Observar lo que pasa a tu alrededor, reflexionar sobre las tendencias, los cambios, el origen de las cosas. Eso aplica a cualquier ámbito profesional.

El mundo del broadcast ofrece muchas oportunidades. Se están abriendo caminos nuevos, muchos de ellos desconocidos todavía. Y ahí hay un reto muy interesante para quienes tengan inquietud por innovar. Hoy en día hay herramientas disponibles para casi todo: lo importante es tener curiosidad, reflexionar, y no pensar que todo tiene que ser radicalmente disruptivo. La mayoría de las veces, la evolución se basa en lo anterior. Mi consejo sería ese: observar, reflexionar, detectar qué ángulos están menos explorados y profundizar en ellos.

 

La pregunta del entrevistado

El anterior invitado de esta sección, Raúl Izquierdo (director de TBS), planteó al siguiente entrevistado, que eres tú: ¿cómo ves la evolución de los contenidos y de los modelos de producción desde el punto de vista técnico de cara al futuro?

Desde el punto de vista técnico, yo diría que uno de los aspectos más relevantes en la evolución de los contenidos es todo lo relacionado con las nuevas resoluciones y estándares de imagen. Estamos hablando de HDR, UHD, 1080p HDR… Es un debate abierto, pero para mí no hay duda: cuanta más resolución y calidad de imagen, mejor. El HDR, por ejemplo, es una mejora clarísima respecto al SDR.

La resolución también es clave. Si echas la vista atrás y miras, por ejemplo, cómo se grabaron los Juegos de Barcelona 92 —que ya se hicieron en digital—, la resolución era tan baja que si grababas una carrera de 100 metros con una cámara frontal y no estaba perfectamente centrada, no eras capaz de identificar bien a los corredores. Hoy eso sería impensable.

Y todo esto ha llegado también a los dispositivos personales: tenemos teléfonos móviles que graban en 4K, lo que demuestra cómo ha evolucionado la calidad de imagen a nivel de consumo.

Pero junto a este avance técnico, hay un desafío importante: la forma en que se consumen los contenidos. La gente joven, por ejemplo, no suele ver partidos completos. Prefiere resúmenes de tres, cuatro o cinco minutos. Y a veces, incluso viendo un partido entero, uno acaba viendo el resumen… y te das cuenta de que no refleja bien lo que pasó. Hay momentos clave que se pierden.

Al mismo tiempo, se ha dado el fenómeno contrario: narrativas que antes duraban hora y media —como una película—, ahora se desarrollan en series de ocho temporadas. Es una paradoja: por un lado, se busca inmediatez; por otro, hay espacio para contenidos largos y complejos. Ese equilibrio es muy interesante. Hay potencial tanto para el consumo rápido como para el contenido profundo y sostenido.

 

¿Qué pregunta te gustaría dejar a ti al próximo entrevistado?

Pues tiene relación con esto. En este contexto tan contradictorio, donde por un lado tenemos jóvenes que consumen contenidos en pantallas muy pequeñas —móviles, tablets— y, por otro lado, una industria que apuesta cada vez más por pantallas grandes, con más resolución e inmersión… ¿cómo se compatibilizan esos dos mundos?

Recuerdo una charla que di en la Universidad Complutense, donde pregunté a los estudiantes cómo consumían contenido. Me sorprendió ver que, aunque valoraban muchísimo las series y producciones de alta calidad, muchas las veían en el móvil o la tablet. ¿Por qué? La mayoría coincidía: por privacidad. No querían ver una serie en el salón con sus padres haciendo comentarios. Querían ver lo suyo, en su espacio.

Y sin embargo, los eventos deportivos preferían verlos en grupo, en pantallas grandes. Ese contraste —lo individual frente a lo compartido, lo portátil frente a lo inmersivo— me parece muy interesante. Y me encantaría saber cómo lo ve el siguiente entrevistado.

 

 

“El mundo del broadcast ofrece muchas oportunidades. Se están abriendo caminos nuevos, muchos de ellos desconocidos todavía”

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